- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
¿Finalizó el castigo? ¿Retoman el liderazgo los mercados alcistas? ¿O todavía hay que zafar del abrazao de la recesión? ¿Podrá extenderse la suba de las Bolsas si Europa no aclara sus dudas? Sobran las preguntas y Gordon Gekko, un veterano analista de los mercados internacionales, no retacea sus respuestas.
Gordon Gekko: Sólo si la economía logra zafar de la recesión.
P.: Lo que todavía está por verse.
G.G.: Correcto.
P.: Pero los mercados ya no están bajo la misma presión de un par de semanas atrás.
G.G.: De los mínimos que tocó el Dow Jones en el momento de mayor zozobra al mejor momento de hoy (por ayer), las acciones escalaron 1.000 puntos.
P.: El punto más bajo lo gatilló la rebaja de la calificación de deuda de los EE.UU..
G.G.: Sí.
P.: Puede afirmarse, a esta altura, que provocó mucho ruido y pocas nueces.
G.G.: Para la deuda en sí, basta mirar los rendimientos, operó como un espaldarazo. Todo el ruido y el quebradero de cabeza fue para los activos de riesgo. En gran parte, por la parálisis y el nerviosismo que generó la disputa por el techo de la deuda en el Congreso. La caída vertical del informe Philly Fed hizo temer un shock de actividad muy profundo.
P.: Que no se confirmó.
G.G.: Tal cual.
P.: Pero que tampoco puede descartarse de plano.
G.G.: Como decíamos antes, todavía no. Pero hay indicios alentadores. La resurrección del gasto de consumo en julio, después de varios meses de abulia, por ejemplo, refuerza la idea de una economía que se mueve con lentitud, pero no recula. Y el fuerte repunte de la venta de automóviles recuerda lo gravitante que fue la crisis del tsunami en Japón. La merma previa no se debió a la debilidad de la demanda, sino a un problema puntual de estrangulamiento de la oferta.
P.: Sin embargo, la confianza del consumidor se hundió a pique en agosto.
G.G.: Mientras el consumidor gaste no importa que se asuste.
P.: Los mercados reaccionaron como si la recesión fuera un hecho consumado. La Fed, en cambio, se resiste a comprar la idea. ¿Quién tiene mejor información?
G.G.: La economía se resintió. Eso está fuera de discusión. Es lógico que la Bolsa deba acusar recibo. Los riesgos de tener que soportar un contratiempo aumentaron sensiblemente. ¿Si la Fed tiene una visión más sólida de la coyuntura que la que transmiten los mercados? Sí. Aunque dentro de la Fed, se advierte, anidan opiniones variadas.
P.: A Bernanke no lo corrió el temor a la recesión. A los mercados, sí.
G.G.: De acuerdo. Son responsabilidades distintas. Piense que Europa supo inyectar muchísima incertidumbre y, es obvio, los mercados tienen más exposición directa que Bernanke a las consecuencias adversas que podían generarse. Aun así, el Dow Jones en ningún momento cargó a precios la certeza de una recesión. Ni siquiera intentó poner la tesis seriamente a prueba, se frenó mucho antes.
P.: Supongamos que EE.UU. escapa de la recesión. ¿Qué hay de Europa? ¿No puede descarrilar todo si la crisis de la eurozona se sale de madre?
G.G.: No se discute. Siempre hay muchas formas de morir.
P.: Quizás el golpe venga por allí. Por la espalda.
G.G.: No será una sorpresa tampoco. Todo el mundo sabe que Europa está atrapada por una profunda duda existencial. Y si alguna vez existió confianza en su capacidad de manejo, ya se redujo a un mínimo.
P.: ¿Pueden proseguir la suba los mercados y escalar nuevas alturas si Europa no despeja sus incógnitas?
G.G.: A Europa todo le cuesta el doble. Nada se puede dar por sentado. Ni aun la resolución de trastornos triviales. Todavía Grecia, con todo lo que se habló y se decidió, es una operación inconclusa. La buena noticia, muy buena, es que el BCE ha decidido perseverar en la compra de deuda soberana (en los mercados secundarios) hasta, por lo menos, enero.
P.: Hablando de golpes por la espalda: la crítica sorpresiva del presidente alemán -diciendo que el BCE se había excedido en sus funciones- fue una puñalada.
G.G.: Nadie podía pensar un mes -o mes y medio- atrás que Trichet se iba a embarcar en esta travesía. Y allí lo ve al timón. Menos podía imaginarse, la semana pasada, que ante un ataque desde la política (que era la que pedía sottovoce que el banco central interviniese), Trichet iba a hacer una ferviente defensa pública de las compras de bonos. También lo hizo. Y ya le asignó más ovillo al carretel que lo pensado. Nadie veía al BCE participando por mucho tiempo. Octubre, con toda la furia, parecía la fecha límite. Después, se decía, tendrá que ocuparse el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. No es así.
P.: La permanencia del BCE y su política de compras, ¿le ponen un paraguas a la crisis europea hasta enero?
G.G.: Responden su pregunta original. Los mercados podrán escalar y extender la suba al amparo de un paraguas que, bien usado, les fija un techo a las tasas largas de España e Italia. Aunque Europa dilate el tratamiento de sus problemas.
P.: Finalmente, el BCE se acopló también al relajamiento cuantitativo. Tuvo que apelar a su propio QE para calmar las aguas.
G.G.: Por ahora, no hay QE. No hay expansión porque el BCE sólo cambia la composición de su crédito, pero no aumenta el tamaño de su balance. Esteriliza. No me sorprendería que ese cambio ocurra más adelante. Cuanto más tiempo se involucre el BCE, más probable será. Primero, por supuesto, habrá que cancelar la suba de tasas. Y ya Trichet abrió una hendija con una declaración sobre la amenaza de la inflación que resonó mucho más amigable.

