27 de septiembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Habemus plan en Europa? Tim Geithner ofrece el suyo, pero los europeos lo rechazan. Mientras se dirime la cuestión en tensa vigilia, cabe preguntar: ¿es la calma que precede a la tempestad? Según nuestro interlocutor, que usa la identidad de Gordon Gekko, el personaje de Oliver Stone en Wall Street, ya vivimos esa tempestad. Pero, según la tesis de Geithner, si Europa se cruza de brazos nos espera otra mucho peor.

José Siaba Serrate - Economista
José Siaba Serrate - Economista
Periodista: Nunca lo había escuchado a Tim Geithner en un discurso tan encendido. Convocó a todos los fantasmas -»una cascada de defaults, corridas bancarias y riesgos catastróficos»- e instó a sacar su amenaza de la mesa. No es un exorcismo habitual en los círculos de Gobierno. No en boca de un secretario del Tesoro.

Gordon Gekko: Fue un trago fuerte. Pasa que nos acostumbramos a verlo en una actividad frenética. El último mes no tuvo descanso. Despotricó de lo lindo en Europa. Y recibió réplicas muy duras. Quizá por eso no llamó la atención.

P.: A confesión de parte, relevo de prueba. Geithner admite que la mesa está servida.

G.G.: Lo está diciendo a los gritos. Me imagino lo que pensará en privado.

P.: ¿No corre el riesgo de encender la mecha de lo que no quiere que ocurra?

G.G.: No es un improvisado. Es un veterano de las trincheras. En los últimos diez años le ha tocado, por cierto, combatir en las más difíciles.

P.: No se olvide que aún antes estuvo en Corea del Sur como lugarteniente de Rubin y Summers. Y esa gestión evitó el default coreano en la Navidad de 1997.

G.G.: Sí. Mal no le fue.

P.: La norma en estas circunstancias difíciles es obrar en silencio. Por lo menos no mentar la soga en casa del ahorcado. ¿Cómo se entiende este enfoque tan frontal, casi vociferante?

G.G.: Perro que ladra no muerde. Es evidente que Geithner necesita influir en la decisión de Europa.

P.: Y no lo logra.

G.G.: Por eso en vez de mecer la cuna la sacude con frenesí. Busca provocar una reacción. Insistirá hasta salirse con la suya.

P.: Los mercados sufrieron un ataque de pánico con el anuncio de la operación twist por parte de la Fed. ¿Cómo es que asisten calmos a las efusiones de Geithner?

G.G.: Los mercados también necesitan que Europa responda. Están, si se quiere, del mismo lado que Geithner. Aunque no tienen tanta paciencia.

P.: ¿Es la calma que precede a la tempestad?

G.G.: Ya tuvimos esa tempestad. Pero si Europa se cruza de brazos -tal la tesis de Geithner- nos espera otra peor. Preste atención a Christine Lagarde, la titular del FMI, y escuchará un discurso de igual tenor. El ministro de Finanzas canadiense, Jim Flaherty, dos días atrás dijo lo mismo con otras palabras.

P.: Es un clamor.

G.G.: Correcto. Un clamor internacional. Todo el G-20 participa del coro.

P.: ¿Y piensa que la prédica será escuchada por quien tiene que oírla? ¿O seguirá cayendo en saco roto?

G.G.: La pregunta del millón es qué más necesita Europa para tomar la decisión de enfrentar la situación como se debe. ¿Necesita que se produzca una colisión, o puede prescindir?

P.: ¿Y cómo se debe enfrentar?

G.G.: Lo señaló Flaherty de manera muy clara. La respuesta de política debe ser abrumadora. Como cuando Estados Unidos, en 2008, tuvo que lidiar con el problema de sus bancos.

P.: La vigilia es tensa. Todo el mundo busca los indicios de un plan de acción. Pero por cada declaración o gesto alentador, siempre hay otro que los pone en tela de juicio.

G.G.: Hay un plan sobre la mesa. Es el que Geithner presentó en la reunión del Ecofin en Polonia.

P.: Pero Europa se resiste a implementarlo. Lo criticó duramente.

G.G.: Pero si no tiene nada mejor que ofrecer, tendrá que tragarse el sapo.

P.: Habrá que convencer a Alemania. Y me imagino que también se le pedirá al Banco Central Europeo que se allane a imitar los pasos de la Fed.

G.G.: Siga las pistas que le arroja el secretario del Tesoro. La idea de resucitar el régimen de la ventanilla TALF involucra una colaboración entre las tesorerías europeas y el BCE.

P.: Tema que produce escozor. Es la noción de apalancar el poder de fuego de la Facilidad de Estabilidad Financiera (FEEF).

G.G.: Se hubiera podido evitar si se operaba antes, cuando Francia no tenía su calificación crediticia en la cuerda floja. Esa ventana de oportunidad se cerró. Si se quiere dominar la pulseada hay que «abrumar». Y si el BCE recibe garantías del fondo de estabilidad tendrá una capacidad de intervención en los mercados secundarios de deuda imposible de pasar por alto. Es la manera de hacer regresar la calma.

P.: La idea del muro cortafuegos alrededor de Italia y España.

G.G.: La cumbre europea del 21 de julio alumbró esta intención. Pero Europa fracasó en la ejecución. No supo cómo avanzar.

P.: ¿Habrá que esperar los resultados de las votaciones en cada país sobre la ampliación del FEEF? Alemania se pronunciará el jueves.

G.G.: Hay que sumar a Alemania, sí. Pero la iniciativa de llevar el FEEF a 440 mil millones de euros no es suficiente y allí talla la propuesta de apalancamiento. Con sus competencias ensanchadas, el FEEF será el vehículo natural para inyectar capital a la banca. No se olvide que hay que atacar los dos frentes.

P.: ¿Y qué hacer con Grecia?

G.G.: Mientras Europa no arregle los dos temas que mencionamos, no tiene más alternativa que patear la pelota para adelante. Entiendo que ésa es la seguridad que le dio Merkel a Geithner. Y que Geithner vendió en Wall Street dos semanas atrás.

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