22 de abril 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La indefinición de la Bolsa se hace crónica. Y se ensayan diversas teorías sobre una corrección. ¿Hay un “put” japonés que les pone piso a las cotizaciones, a la manera del apoyo tácito de la Fed de Bernanke? Gordon Gekko fija su posición.

Periodista: Una semana Wall Street toca el cielo con las manos. La siguiente, tambalea. Y así estamos desde marzo. ¿No corresponde una definición de rumbo más contundente?

Gordon Gekko: Se acerca mayo y usted conoce la maldición del "sell in May".

P.: Cuando uno ve desmoronarse al oro en un par de ruedas terribles, es difícil escapar del embrujo. Pero la verdad es que la Bolsa no se entrega, sigue dando pelea.

G.G.: Lo ratificó el viernes con una suba a contramano en un día con fuertes vencimientos de opciones, y con el país en vilo por la cacería de los dos terroristas en Boston. Y, más desafiante aún, el avance no lo lideraron los sectores defensivos. Renglones altamente cíclicos como el Dow de Transportes fueron la punta de lanza.

P.: ¿Cree que sigue habiendo potencial para intentar la hazaña de montar una suba, digamos, en pleno mayo?

G.G.: Yo veo que el camino hacia arriba está cada vez más bloqueado. Y cuando uno da un paso en falso, como vimos el viernes con las acciones de IBM, el golpe es durísimo. No obstante, sobra gente que intenta abrir una brecha. O filtrarse por los laterales. El índice Dow de compañías de servicios públicos, por caso, trepó un 6% el último mes, mientras su par Industrial está en permanente entrevero, y la canasta de Transporte ya corrigió el 5%.

P.: Un dato para tener presente: no hay vacas sagradas. Ya lo vimos con el fusilamiento del oro. O con las acciones de Apple que se derrumbaron por debajo de los 400 dólares.

G.G.:
Cuando discutimos sobre burbujas, y concluimos que no se observan más que fervores acotados, ésta es la mejor evidencia. No importan los blasones del pasado reciente, si un activo no está a la altura de las expectativas, el guadañazo no se hace rogar. Mejor así: nunca es bueno que dejar crecer los yuyos.

P.: ¿Será que la corrección que todo el mundo imagina después de un rally tan vibrante no se produce en masa, sino, caso por caso, sin promover una carnicería a destajo, sino de manera quirúrgica?

G.G.:
No me pida que lo crea. Al menos, déjeme verlo antes. Es la idea, por supuesto, del que sigue navegando en la Bolsa, pero migró de embarcación. ¿Será que las acciones de salud, consumo básico y servicios públicos se mantendrán a salvo de un chapuzón? No lo creo. Y cuanto más suban, lo creo menos.

P.: Aunque hasta ahora es así.

G.G.: Correcto. Pero no sea impaciente. Deje que el tiempo haga su trabajo.

P.: La reunión de los ministros de finanzas del G-20, en Moscú confirma un giro de las políticas públicas hacia más estímulo y menos austeridad. ¿Cómo impacta la ecuación de la coyuntura? ¿No es el sostén que se precisa?

G.G.:
Preocupa la endeblez de la recuperación. De ahí que no hubiera objeciones a las Abenomics. Lo que hace Japón no viola las reglas del juego. ¿Guerra de monedas? De ninguna manera. Prevaleció el enfoque estadounidense: "Dejemos que Abe haga lo que pueda para sacar a su país del pozo". Su empeño tiene vía libre. Si el mercado cambiario se revuelve, ahí sí, se le aplicará el freno de mano.

P.: ¿La liquidez que promete Japón es la que sacó las castañas del fuego en Wall Street?

G.G.:
El anuncio fue muy oportuno. Pero se exagera. No son los japoneses los que están comprando nada, en forma neta, fuera de Japón. Menos que menos acciones de EE.UU. Ya lo dijimos: son los que pretenden ganarles de mano. Bill Gross, el mandamás de Pimco, compra títulos del Tesoro, porque es lo que van a tener que comprar las instituciones niponas. Pues bien, de momento, los inversores japoneses son vendedores. Los datos más frescos indican una repatriación de capitales con ventas netas de acciones, Letras y bonos extranjeros.

P.: La idea de un piso de demanda puesto por Japón, sumado al "put" de la Fed de Bernanke, ¿también exagera la nota?

G.G.:
Existe un "put" de las autoridades del G-7, lo señalamos (de antemano) como un buen motivo para abordar el rally de noviembre, pero lo que hay que entender es que no es una opción "at the money". No se ejerce a estos precios. En las alturas, la Bolsa deberá defenderse sola. Y si le toca corregir, lo hará como lo hizo siempre.