27 de junio 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Después de la tempestad, asoma una brisa de calma. La pregunta del millón, en la entrevista a nuestro hombre en Wall Street, el veterano especialista que se escuda en la identidad de Gordon Gekko: ¿durará?

Diálogos en Wall Street
Periodista: Se agradece el alivio. Reconforta. ¿Será duradero?

Gordon Gekko:
Lo exagerado es la turbulencia, no la calma. Después de todo, lo que hizo la Fed fue sugerir que se apresta a levantar el pie del acelerador hacia fin de año. Ni siquiera habló de pisar el freno.

P.: El frenazo se produjo igual...

G.G.: No fue Bernanke, fueron los mercados.

P.: Pero no me diga que no estaba en los cálculos de la Fed.

G.G.:
No se lo voy a decir. Siempre es así. Siempre se exagera. La Fed estaba prevenida.

P.: La historia actual difiere de las convulsiones pasadas. No hay huida hacia la calidad. Nadie duda del Tesoro de los EE.UU., pero la reacción fue poner pies en polvorosa de sus bonos...

G.G.:
Se puede morir de mil formas, no de una sola. El riesgo que asusta es la suba de la tasa de interés. Todo lo demás es un efecto de segundo orden. Lo que incomoda es la exposición a la duración. Y los bonos largos del Tesoro son extremadamente sensibles. Por eso era vital que regresara la calma en el tramo más prolongado de la curva.

P.: ¿Qué es lo que trae esta brisa de alivio? Porque en el camino se mezcló China y la súbita iliquidez de su mercado de pases. La tranquilidad, ¿es puro efecto conversación?

G.G.:
Lo de China es un proceso en paralelo. Independiente. Aunque como usted dijo, se cruzó en mal momento. Y cuando uno se quema con leche, no distingue entre vacas y capones, los ve y llora. Yo diría que escuchamos a media docena de banqueros centrales, en tres continentes, relativizando los riesgos de la coyuntura. Sin embargo, el trago amargo, el que verdaderamente causó todo el revuelo, proviene de Washington. China importa porque se nos atragantó la Fed...

P.: ¿Y qué hizo la Fed para detener el vendaval? Porque lo que yo escuché no me pareció tan decisivo.

G.G.:
Un "virtual" número tres de la Fed, Bill Dudley, con énfasis en virtual, recordó que la institución se quedó corta con el cumplimiento de sus objetivos de inflación y empleo. Un presidente de distrito, que no vota este año y que uno ubicaría a la cola del ranking de influencias, sacó de la manga una regla decisoria muy pulcra para desconectar el QE3.

P.: Se refiere a Kocherlakota de la Fed de Minneapolis. Nadie tiene por qué prestarle atención a su aporte.

G.G.: Yo no dije lo contrario. Pero lo cierto es que presentó una regla de acción que, dado lo señalado por Dudley, le marcaría a la Fed tiempos probablemente mucho más extendidos para anular la compra de bonos.

P: ¿Usted cree que fue casual?

G.G.:
Desde ya que no. Lea la crítica de James Bullard -uno de los disidentes en la última votación- y se dará cuenta que Kocher lakota diseñó una regla para cerrar el vacío que él señala.

P.: Nada nos dice que la Fed adoptará ese procedimiento.

G.G.:
Correcto. Pero a partir de conocerse estas dos noticias la tasa a diez años, que había hecho un máximo del 2,67% con la celeridad de un rayo, dejó de trepar y empezó a replegarse.

P.: Bastó con clavar la espina de la duda.

G.G.:
Pareciera. Aún así, lo que va a determinar si la calma es un breve recreo, o un lapso duradero, será la fortaleza de los indicadores económicos. Y, en ese sentido, la revisión a la baja del crecimiento del primer trimestre es la frutilla que requiere el postre.

P.: Son guarismos referidos a enero, febrero y marzo. ¿No es historia?

G.G.:
Sí. Pero nos arriman un punto de referencia extremadamente útil. Pensábamos que la economía había crecido al 2,4% anualizado en el primer trimestre contra el cuarto de 2012.

P.: Y resulta que no. La cifra corregida es el 1,8%.

G.G.:
Tal cual. Sabemos que la economía se enfrió a partir de marzo. El segundo trimestre fue menos vigoroso.

P.: Entre otras razones, porque no se pudo evitar el inicio del "sequester", de la reducción automática del gasto público.

G.G.:
Piense que Bernanke justificó la decisión de comenzar a desarmar el QE3 en el pronóstico de una economía expandiéndose este año a una tasa "piso" del 2,3% anual.

P.: No parece muy fácil alcanzarlo.

G.G.
: Si mide los últimos cuatro trimestres, el crecimiento fue del 1,6% mientras la velocidad de crucero entre 2010 y 2012 es del 2%. Y si no nos detuvimos en el QE1 y llegamos al QE3 es porque ese ritmo no era muy satisfactorio. El desempleo sigue siendo muy elevado. La inflación medida por el indicador favorito de la Fed fue del 1,3% en el primer trimestre. Dudley tiene razón: la Fed está fallando en ambos frentes.

P.: Es más un cuadro económico de peligro de anemia que de una pronta y más sólida recuperación.

G.G.:
Con estos números, y con varios banqueros centrales tratando de inspirar tranquilidad, no debería ser tan arduo convencer a los inversores de que exageraron la nota. La tasa de diez subió un punto desde mayo, la tasa real de interés trepó mucho más. Es ya un ajuste importante y no luce demasiado oportuno. Lo que no quita que, por alguna otra razón, que se mantiene en la penumbra, la Fed igual pretenda mantener a los mercados cortos de riendas.

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