18 de julio 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Habló Bernanke y nadie se sobresaltó. La política monetaria, de tanto menearla como tema de conversación, ¿se transformó en irrelevante? La entrevista con Gordon Gekko echa luz sobre su paso por el Congreso y un giro notable en el mensaje de la Fed.

Periodista: Milagro. Habló Ben Bernanke en el Congreso y no pasó nada de nada. No hubo suicidios en masa ni demostraciones de euforia. ¿Ya estamos completamente vacunados diga lo que diga Bernanke, haga lo que haga la Fed?

Gordon Gekko:
Mientras Bernanke no modifique la partitura, sí. Sobre todo porque la Fed, de momento, tampoco movió ni una silla de lugar.

P.: La reunión del banco central se celebra a fin de mes. No falta mucho.

G.G.:
Pero hay cero expectativa de cambios. Todo el mundo tiene en mente que las novedades sucederán recién en septiembre.

P.: Si es que se producen...

G.:
Pienso que sí.

P.: ¿Me equivoco o este último Bernanke es mucho menos beligerante que el que comenzó a hablar a mediados de mayo?

G.G.:
No tiene que retroceder tanto. El Bernanke que emergió después de la última reunión de la Fed, el que explicó en conferencia de prensa cómo podía comenzar a desmontarse el QE3 hacia "fin de año" y extinguirse en torno a la "mitad del año próximo", portaba un mensaje más categórico, imperativo.

P.: Cuando Bernanke dice hoy (por ayer) que no hay un curso prefijado para abandonar el QE3 relativiza las urgencias que exhibía entonces.

G.G.:
El discurso varió. La semana pasada. Si había inquietud en Wall Street por la visita de Bernanke al Congreso, en esencia, era porque no se sabía si se mantenía la posición aggiornada o se volvía a la original.

P.: Se mantuvo.

G.G.:
Queda muy claro.

P.: Bernanke podría decir que el QE3 siempre fue un programa condicional a la marcha de la economía. Él nunca lo negó. Si planteó un escenario de salida del QE3 lo que tenía detrás, como supuesto subyacente, era una economía en línea con las proyecciones de recuperación de la Fed.

G.G.:
Que se lo explique a James Bullard, de la Fed de St. Louis.

P.: Bullard votó en sorpresiva disidencia.

G.G.:
Ese voto es clave para entender que hubo un giro en el mensaje. Además, quedó registrado, no se puede borrar con el codo y decir que no existió. Lo que Bernanke nos dice hoy (por ayer) es lo que Bullard hubiera votado a favor. Es muy simple: la prioridad no la debía tener el calendario, sino la salud de la economía. Bullard participó de la reunión. No se la contaron como nos sucede a nosotros. Y salió de ella con los tapones de punta. Después de escucharlo a Bernanke la semana pasada en el National Bureau of Economic Research y hoy (por ayer) en el Congreso, lo que uno oye son los argumentos de Bullard.

P.: Incluyendo el énfasis en la baja inflación, muy inferior a la propia meta de la FED.

G.G.: Tal cual. La tasa de desempleo es mucho más alta que la que quiere la FED. La tasa de inflación es menor. Con un ajuste fiscal toscamente diseñado a la economía no le sobra ningún gramo de vigor. En ese contexto, ¿por qué la FED pone el acento en desarmar el QE3? Es la pregunta lógica que uno tenía que hacer entonces y que hay que seguir haciendo, por la sencilla razón de que Bernanke habló mucho pero en ningún momento se ha ocupado de contestarla.

P.: La FED promete una economía más firme. El problema es que usted no le cree...

G.G.: ¿Por qué anticiparse y no cerciorarse primero de que el pronóstico se cumpla? Si no hay apuro. No lo corre la inflación ni las expectativas de inflación. Y, de hecho, la actividad económica sigue atorada en un bache...

P.: ¿Hay gato encerrado?

G.G.: Olvídese de lo que la FED ha dicho, y revise lo que logró. Mire los mercados de renta fija. Los sacudió como si fueran una pluma al viento. ¿Casualidad? No. ¿Qué le preocupa a la FED? El riesgo de inestabilidad financiera que pudiera estar incubando el QE3.

P.: Fue la queja original de Bernanke.

G.G.: Le cito palabras textuales del banco central: las bajas tasas de interés han contribuido a un "aumento del apalancamiento y de la transformación de plazos".

P.: Se refiere al incremento de los arbitrajes. A la financiación de activos de largo plazo con instrumentos de corto...

G.G.: Correcto. ¿Qué le dice la FED al Congreso? Que la suba reciente de las tasas de interés y de la volatilidad deben haber llevado a los inversores a revaluar su toma de riesgos.

P.: ¿Y de ahí el tono satisfecho del actual Bernanke? Usó la amenaza de recortar el QE3, si lo comprendo bien, como un garrote preventivo.

G.G.: Entiendo que sí.

P.: ¿Se limitará a blandir la amenaza o la concretará en septiembre?

G.G.: Tiene el terreno despejado para llevarla adelante. Ahora bien, si el crecimiento del segundo trimestre orilla el 1%, ¿la ejecutará? Según el discurso que prioriza la condicionalidad económica, no debería apurarse. Pero si el calendario manda, quizás porque se apresta a dar las hurras en enero, ya encontrará una excusa para comenzar a arriar el programa a la hora señalada.

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