31 de julio 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Momento de definición. Son tiempos cargados de expectativas, aunque nuestro interlocutor, Gordon Gekko, no espera concreciones tajantes. ¿La novedad? La sucesión de Bernanke se politizó peligrosamente y amenaza convertirse en un elefante en el bazar.

Periodista: Luego de mucho hablar, toca el momento de la acción. ¿Con qué se despachará la Fed? Es una semana de bancos centrales. Trascartón, después vendrán el Banco de Inglaterra y el BCE. ¿Habrá munición pesada?

Gordon Gekko:
Ya arrancó el Banco del Pueblo de China con una oportuna inyección de liquidez...

P.: Se ve que no quiso repetir los sobresaltos de fines de junio.

G.G.:
Tal cual. Y el banco central ruso, que tiene nueva conducción, estrenó también su mal llamado QE. Aunque la primera subasta no concitó demasiada repercusión.

P.: Esos son los aperitivos. El plato fuerte se define en Washington. La Fed ya nos avisó que quiere reducir la potencia de su programa de compra masiva de bonos de largo plazo. ¿Anunciará la primera disminución del tamaño del QE3? ¿O lo dejará para la próxima reunión?

G.G.: Pienso que nos dará a entender que el recorte comienza en el mitin de septiembre.

P.: Llama la atención que nadie crea que podría comenzar ahora mismo. Sería una bomba.

G.G.:
Precisamente por esa razón.

P.: La Fed, por lo visto, sabe guiar las expectativas. La transición entre un Bernanke inicial muy áspero y su versión reciente más liviana, ¿no le hace ruido?

G.G.:
Seguro. De ahí el interés por conocer el comunicado oficial cuando terminen las deliberaciones.

P.: Pero usted sigue pensando -como desde el primer día- que la Fed actuará en septiembre. Y no que podría demorar su intervención más hacia fin de año.

G.G.:
Si así no fuese el caso, lo sabremos con el comunicado.

P.: No compra el amago del Bernanke bajas calorías...

G.G.:
Todavía no.

P.: No obstante, a la par, piensa que la economía entró en un bache de actividad y que sería conveniente no apurarse...

G.G.:
En efecto. Veremos mañana (por hoy) las cifras del PBI del segundo trimestre, que nos arrimarán una mejor idea de cuán tibia marcha la recuperación, pero sí considero que la economía no es motivo que urja a desmantelar el QE3 rápido, como lo pidió esta semana Jeff Lacker, de la Fed de Richmond.

P.: ¿No es una contradicción?

G.G.:
Sí, pero no me pertenece, sino a la Fed. Son Bernanke y el voto de la mayoría en la reunión previa los que lo plantearon así. Entiendo que obra una variable semioculta que justificaría la premura...

P.: ¿Cuál? ¿Son los riesgos del QE? ¿La ecuación costo-beneficio de una política tan agresiva?

G.G.: La sucesión de Bernanke al timón del banco central.

P.: Todos damos por sentado que Bernanke se va cuando concluya su mandato. Pero no porque nos lo haya dicho formalmente.

G.G.:
El vocero más insistente fue el presidente Obama.

P.: ¿Curioso, no?

G.G.: Así es.

P.: ¿Y esta puja abierta, o al menos, ampliamente difundida ante la opinión pública, entre las candidaturas de Larry Summers, supuestamente apoyado por la administración Obama, y la actual número dos de la Fed, Janet Yellen?

G.G.:
Es otra curiosidad. Eso sí, no son independientes.

P.: ¿Cree que la sucesión corre el peligro de politizarse?

G.G.:
La designación siempre es política.

P.: Sí, pero aquí se ven las puntadas de una operación política de grandes dimensiones. Se rumorea también que la gobernadora Sarah Raskin emigraría de la Fed al Tesoro. Y la fuente no puede ser otra que la Casa Blanca...

G.G.:
En ese marco, la Fed podría querer adelantar el proceso de desarmar el QE3, y sería razonable.

P.: Esta politización no cae muy bien en Wall Street. No augura nada bueno. ¿No estamos metiendo un elefante en el bazar?

G.G.:
Es el riesgo evidente. Obama lo sabe. Por eso largó el globo de ensayo pero también fue rápido en señalar que no tomará una decisión sino hasta dentro de algunos meses. Necesita probar el terreno antes de mover las piezas.

P.: Bernanke nos puede contar cómo empezará a desarmarse el QE3, pero su mandato finaliza en enero, y a la hora de finiquitarlo, él ya no conducirá las riendas. Y tal vez tampoco "su gente"...

G.G.: No va a haber un salto al vacío, pero los criterios de política pueden cambiar.

P.: Le pregunto por el BCE y el Banco de Inglaterra, ¿ve novedades de peso?

G.G.: Sería una sorpresa. Es verdad que Mario Draghi promete y promete, lo último fue un guiño a una baja de tasas, pero, después de ver mejores números en la eurozona, asombraría que cumpla.

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