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Diálogos en Wall Street
El viernes los mercados fueron optimistas, ayer los dominó la suspicacia. La política sigue jugando con el cierre del Gobierno y los riesgos de un tropezón con la deuda, y los nervios de Wall Street se ponen a prueba. En la entrevista, Gordon Gekko nos actualiza sobre lo que ocurre en la trastienda.
Gordon Gekko: Para nada.
P.: Pero figura ya en el decil más alto.
G.G.: Así es. Entró en la categoría de las impasses extendidas.
P.: Y sin demasiada urgencia por subsanarse.
G.G.: Es que todavía prevalece el cálculo político. No hay angustia.
P.: Hasta los empleados públicos saben ahora que cobrarán sus salarios cuando termine la parálisis.
G.G.: Se votó el sábado en la Cámara de Representantes por unanimidad: la moción del pago retroactivo contó con los 407 votos presentes a favor.
P.: Así habrá menos presión para llegar a un acuerdo. Y el Pentágono está llamando a trabajar a los suspendidos. Más del 40% del total de los afectados por el cierre del Gobierno volverán a sus puestos.
G.G.: Hay un cambio de mix. Se descomprime el frente de los empleados públicos, aumenta el nerviosismo en los mercados que ven cómo corren las agujas del reloj y no se registran avances tangibles. Pero todavía su nivel es moderado.
P.: Usted señaló que comenzaba a reunirse una masa crítica de legisladores de la oposición que podía facilitar el levantamiento de la clausura del Gobierno. ¿En qué quedó esa alternativa?
G.G.: Está en el corazón de los tironeos. El líder de la mayoría republicana, el representante John Boehner, negó que fueran suficientes para lograr el éxito de una resolución "limpia", sin condicionalidades, que destrabe la disputa. El presidente Obama que había sugerido lo contrario, tomó el guante hoy (por ayer) y lo desafió a Boehner a que permita una votación.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: Y entonces la discusión se prolonga.
P.: ¿Cree que los votos están y que Boehner bloquea una salida?
G.G.: Lo veremos si prospera la petición de descargo que pilotean George Miller y Chris Van Hollen, dos diputados demócratas que tratarán de montar una plataforma alternativa para conseguir que se vote la reapertura del Gobierno. Pero es posible, porque hasta el fin de semana no lo habían conseguido, que tampoco el gobierno tenga asegurado el apoyo de la totalidad de su propia tropa.
P.: Nada es fácil, por lo visto.
G.G.: De los 200 representantes demócratas, en apariencia, 195 participaban de la idea. Si se consiguiera el respaldo de los 20 republicanos que están a favor de un acuerdo sin ataduras, entonces faltarían tres sufragios para alcanzar el número mágico de 218 que serían necesarios.
P.: Estamos ahí.
G.G.: En los papeles, sí. Pero aquí hay dos discusiones y no está tan claro qué pasaría con el techo de la deuda pública. No es una cuestión automática: puede haber quienes apoyen la reapertura del Gobierno sin condiciones, pero planteen exigencias para desplazar los topes del endeudamiento.
P.: Y lo que más se teme es ese choque frontal. No habrá default, pero igual sería un estrangulamiento formidable.
G.G.: Es otra categoría de preocupación. Y si se llega fatigado por el trajín previo, mucho peor.
P.: La fecha crucial que es el 17 de octubre la fijó el Tesoro. Y, a decir verdad, sus últimos mensajes se politizaron en demasía. ¿Es una fecha creíble o esconde un margen de maniobra?
G.G.: Usted puede desconfiar. Un poco. En otras ocasiones, la fecha límite era cuando la caja se agotaba por completo. Esta vez, el Tesoro reconoce que tendrá 30 mil millones de dólares en su poder. Eso sí, ese día, la cifra de vencimientos es mayor.
P.: Es un límite borroso.
G.G.: Es posible que se puedan diferir pagos y extender el plazo de sobrevida. Quizás una semana. No debería sorprenderse. Aunque también es verdad que el cierre del Gobierno tiene que lesionar la recaudación de impuestos y ello podría recortar los guarismos estimados.
P.: ¿Qué cree que ocurra?
G.G.: Aquí operan dos clichés: los republicanos son tercos como mulas y Obama, al final, siempre afloja.
P.: Aflojará una vez más.
G.G.: El presidente dijo tajante que no quiere un arreglo de corto plazo que reanude estas discusiones como si fuesen un tornillo sin fín. Pero acabo de escuchar a Gene Sperling, del Concejo Económico Nacional, manifestando que la administración estaría dispuesta a tratar un corrimiento del techo de la deuda que dure algunas semanas. Dijo que, por supuesto, un acuerdo de larga duración sería mucho mejor, pero que es el Congreso el que debe resolverlo, y que lo importante es que no se amenace con el default ni se empuje al país a sus bordes. Es una invitación, cuanto menos, a darle una pitada a la pipa de la paz.


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