17 de diciembre 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La hora de la definición está pronta. La Fed amenazó con la poda de la compra de bonos desde mayo, y lo que antes provocaba revuelo ahora se acepta con resignación. Hablamos con Gordon Gekko de los entretelones de la decisión.

Periodista: Comienza la reunión de la Fed. Y nos arrimamos a la esperada definición. Las chances de una poda en la compra de bonos crecieron mucho últimamente...

Gordon Gekko:
Al menos, en la percepción de los inversores.

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.:
Que será una discusión peleadísima.

P.: Como ocurrió en la reunión de septiembre.

G.G.:
Sí. La decisión del "tapering" está madura. Lo que genera debate es la elección del momento adecuado.

P.: En septiembre, el consenso descontaba que la Fed iba a dar el primer paso. Y no fue así. En la actualidad, la expectativa es más mesurada. ¿Por qué pensar, entonces, que lo que la Fed no quiso hacer en septiembre, cuando tenía toda la escenografía montada, lo querrá resolver ahora?

G.G.:
Porque la economía -y, sobre todo, el mercado de trabajo- denotan mayor firmeza. Y porque se dejaron atrás algunas vicisitudes fiscales que ameritaban una postergación. Por último, aunque no menos importante, porque se aplacaron las tensiones en los mercados de bonos. Se observa inclusive una fuerte demanda marginal de bonos corporativos y otros productos de spread (como bonos de alto rendimiento) que brillaba por su ausencia en septiembre. O sea, los mercados lucen mejor preparados para absorber el anuncio sin disrupción.

P.: De la manera en que lo dice, no me quedan dudas de que la Fed apretará el gatillo.

G.G.:
Esas son razones para actuar. Pero no agotan el análisis. El QE3 -el programa de compra de bonos- se diseñó con el propósito de producir una mejoría sustancial de las condiciones laborales. Si se interpreta ese objetivo de una manera amplia, todavía no se le dio cabal cumplimiento. ¿Por qué apresurar, entonces, una retirada?

P.: ¿Por qué?

G.G.:
Sólo porque lo que une la compra de bonos con los progresos del mercado de trabajo es una vinculación muy débil. Habría que comprar montañas y montañas de bonos hasta alcanzar eventualmente el objetivo y lo que se teme es el costo que pueda tener la política si, en el camino, surgen adversidades. Si usted fuera el responsable de manejar semejante cartera de bonos, y tuviera que añadir 85 mil millones de dólares cada mes que pasa, tampoco dormiría tranquilo.

P.: Me quiere decir que el motivo que está detrás del tapering es una desconfianza sobre las consecuencias de largo plazo del QE3. Concretamente, sobre los riesgos de administrar una cartera billonaria de bonos...

G.G.:
Janet Yellen ha dicho que los beneficios esperados del QE3 exceden los costos. Siendo así la Fed debería mantener la política intacta.

P.: Patear todo a 2014...

G.G.:
Debería esperar que la inflación minorista levante sus registros. La Fed tiene dos metas -pleno empleo e inflación al 2%- y no está satisfaciendo ninguna de las dos. Si las políticas no dan en el blanco, ¿cuál sería el motivo para moderarlas o discontinuarlas?

P.: Volvemos a los resquemores que produce acumular tantos bonos en cartera.

G.G.:
Así es. La manera de escapar por la tangente es echar mano a lo que se llama "forward guidance", a la comunicación. Los papeles de investigación más recientes de la Fed señalan que la promesa de mantener las tasas en cero por un tiempo más prolongado es una mejor herramienta de política que la compra de bonos.

P.: Esto es "research" -investigación- hecho a medida. Irrumpe en el momento justo para sacar las papas del fuego.

G.G.:
Es difícil pensar otra cosa. Pero es el camino que tomará la Fed. Y por eso es posible que el "tapering" arranque antes de tiempo. Y si lo que el banco central se propone es una reducción simbólica, acotada y, sobre todo, discreta, cuyos futuros pasos no serán automáticos sino condicionales a la marcha de la economía, entonces, la función puede empezar esta semana.

P.: Los mercados lo saben y aun así sacan pecho. ¿Ya tienen digerido el tapering?

G.G.:
El primer aviso lo recibieron en mayo. Tiempo han tenido para acomodarse a la idea. Pero nunca se sabe, de manera fehaciente, hasta que se aprieta el gatillo. Por eso la Fed, hasta el momento, ha preferido obrar con paciencia y saliva.

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