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Diálogos en Wall Street
El informe laboral de EE.UU. habilitó un rebote que ayer se truncó por clara falta de entusiasmo. Un Wall Street temeroso se agazapa frente a los anuncios que vienen tanto de las empresas como de la Fed. Hablamos con Gordon Gekko sobre los riesgos que acechan.

Gordon Gekko: Nos salvó del sofocón, nos dio aire, pero no tiene piernas.
P.: En el cortísimo plazo, la impresión es que vamos hacia abajo.
G.G.: Estamos a mitad de camino, mientras nos mantengamos en el rango 2.000-1.900 puntos del S&P 500, da lo mismo una dirección u otra.
P.: La estabilidad que se observa sobre la superficie, desaparece cuando uno indaga papel por papel. Hay caídas muy punzantes.
G.G.: El diablo está en los detalles. Ya señalamos la debilidad de los small caps, de las acciones de compañías pequeñas, que son las que conforman el Russell 2000. Y también es manifiesta la saña en contra de los papeles que, por una razón u otra, perdieron la vertical. Las acciones que tienen más posiciones vendidas en descubierto, de septiembre para acá, cayeron más del 16%. En ese ínterin, el S&P 500 sólo retrocedió el 2%.
P.: Uno teme, al ver crujir lo que está bajo la superficie, que el iceberg se termine hundiendo, que estas grietas le quiten el soporte a toda la estructura...
G.G.: A la hora de no estar cómodo, cada cual tiene su teoría. Podemos entregar otros 50 o 60 puntos con facilidad sin necesidad de que medie nada terrible, apenas un mal indicador.
P.: Y se vienen los balances en oleada.
G.G.: Y habrá mucha gente de la Fed hablando. Además de la difusión de las minutas, el miércoles (por mañana).
P.: La última reunión del banco central tuvo una particularidad: hubo dos disidentes -Plosser y Dick Fisher-, y es seguro que el debate escaló en asperezas. Bastará encontrarse con un texto agresivo para sacudir los botes.
G.G.: En tiempos de Bernanke era así. Con Yellen, no. O las minutas vienen ya pasteurizadas o la discusión bajó los decibeles. No sé muy bien. Pero, desde febrero, no hemos tenido un solo caso de un pico de tensión asociado a su lectura.
P.: Nunca es tarde para un estreno.
G.G.: Veremos. La Fed no debería quitar el sueño tan temprano. ¿No le gustaba el Russell 2000 cuando desplegaba sus fuegos artificiales a principios de año? ¿O los bajísimos spreads de los bonos de alto rendimiento? Todo eso es historia.
No hay necesidad de apagar ningún fervor. Y ese era el rol de las minutas en los tiempos de Bernanke. Mire qué pasó con una de las burbujas que infló la política monetaria no convencional: el oro.
Está nocáut, por debajo de los 1.200 dólares la onza. Tres años atrás llegó a superar los 1.900...
P.: No está sólo en el mal trance. Todas las materias primas andan de capa caída...
G.G.: Correcto. El bitcoin, la criptomoneda, a fin del año pasado se encaramó a 1.200 dólares, el viernes se sumergió por debajo de los 300 dólares. Y hoy cotiza en 325 dólares. Yellen ya nos bajó línea, sabemos que el año que viene comenzará la suba de tasas, pero ahora -que ya empezó la suba del dólar- no es conveniente agitar más las aguas. Podría ser demasiado.
P.: Usted dice que no habría que preocuparse por la Fed, pero el mercado lo hace. Y también mira con ansiedad lo que podrían deparar los balances. ¿Otro exceso de celo?
G.G.: Esto tiene más sentido, aunque la inquietud no es tanto por lo que pase en EE.UU., como en Europa y China.
P.: Y el efecto de un dólar que se valoriza en el mundo.
G.G.: Seguro. Hay que calibrar su incidencia. Es bueno escuchar a las compañías, que son las que están en la trinchera.
P.: Normalmente, los warnings ("alertas") previos adelantan las malas noticias...
G.G.: Hay un buen colchón, creo, para absorber contratiempos moderados. Las estimaciones de ganancias por acción dan un crecimiento superior al 6% para el tercer trimestre y al 10% para el cuarto.
Y ojo con los papeles sobrevendidos, porque si no hay reveses imprevistos de importancia, la regla de la descompresión es el rebote con fuerza.


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