29 de octubre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Hoy se sabrá qué decisión tomará la Fed al cabo de su reunión de dos días. Gordon Gekko no ve prisa por mudar la referencia a que antes de subir las tasas correrá "un tiempo considerable". A cuenta de esa misma convicción, las acciones continúan trepando. ¿Hasta dónde?

Diálogos en Wall Street
Periodista: ¿El cielo es el límite?

Gordon Gekko: El mejor ánimo es evidente. Pero el techo son los 2 mil puntos; 2019 puntos fue el "sobretecho" que se alcanzó en septiembre.

P.: Ya estamos ahí. En este momento, el S&P 500 se ubica en 1982. De vuelta encaramados a tiro de lo más alto.

G.G.:
Así es.

P.: Comenzó la reunión de la Fed. Termina mañana (por hoy). Un mes atrás el cónclave parecía una encerrona difícil. Hoy no asusta a nadie.

G.G.: Basta mirar cómo se derrumbaron las expectativas de una suba de tasas a mediados de 2015. O la misma tasa a diez años. Y las expectativas de inflación a largo plazo. Todo se debilitó.

P.: ¿Entonces?

G.G.: El temor era que la Fed cambiara su lenguaje y lo tornara más áspero. Que ya no dijera que entre el final de la compra de bonos (el QE3) y el comienzo de la suba de tasas mediará "un tiempo considerable".

P.: Estamos seguros, ahora, que el comunicado mantendrá la expresión mágica, sanadora.

G.G.: No hay motivos para promover disturbios. Inclusive, hay quien puede dudar, si lo toma a James Bullard (Fed de St. Louis) al pie de la letra, sobre si efectivamente terminará el QE3.

P.: Es curioso. Bullard sostenía una de las posturas más agresivas -quería subir las tasas en marzo 2015- y -cuando la Bolsa se sacudió- recomendó estirar la vigencia del QE3. ¿Piensa que encontrará un eco favorable entre sus colegas?

G.G.: No. Ni siquiera creo que lo proponga.

P.: Pasó la zozobra, cesó la recomendación.

G.G.: Es coherente. Bullard siempre defendió una política condicional a los avatares de la economía y los mercados financieros. Y la recuperación de la confianza de los inversores ha sido plena.

P.: Cerraremos, entonces, el capítulo de la compra de bonos por parte de la Fed.

G.G.: Las compras que permanecerán tendrán como objetivo la reposición de la cartera, no su aumento. Estarán limitadas a la mera reinversión de los cobros.

P.: Bye, bye, expansión cuantitativa. ¿Digo bien?

G.G.: Dice bien.

P.: Y nadie parece tomarlo mal. Cuando un mes atrás provocaba sarpullido.

G.G.: El mercado necesitaba darse un revolcón y comprobar qué tan bien estaba afirmado. El problema era ése, y todo lo demás eran excusas. Fue un chapuzón profundo, pero una vez que el mercado hizo pie, la verdad, es que cambió la película.

P.: Es otro rollo. Rebotó con muchísima fuerza.

G.G.: El Russell 2000 -una canasta de acciones pequeñas, que estaba marcada por la Fed, y que se rezagó desde marzo- trepó el 9% desde los mínimos de dos semanas atrás. Es dinamita pura. Sólo que antes tenía un cartel de no tocar, y hoy es la punta de lanza de la contraofensiva.

P.: La pregunta del millón, siendo así, es si volvimos al "mercado lateral", aquel del rango estrecho de los 1.900 a 2.000 puntos, o si esto es una plataforma de mayor alcance.

G.G.: La primera hipótesis tiene el sí confirmado. La segunda está por verse.

P.: Que el Russell 2000 se atreva a cobrar vuelo rasante es buen presagio.

G.G.: Lo es. Y no está solo. Otros renglones fogosos, como biotecnología, semiconductores o el propio NASDAQ le siguen los pasos. Pero entienda que el despliegue del Russell tiene mucho que ver con la distancia que lo separa de sus máximos: aproximadamente el 6%. El S&P está muy cerca -a menos del 2%- de los récords y es lógico que sea más cauto.

P.: No querrá emular a Ícaro y terminar chamuscado.

G.G.: Los "bulls" (optimistas) han vuelto a tomar el control de las Bolsas. Cederles un par de semanas el volante a los "bears" (pesimistas) fue la mejor manera de librarse de ellos. Pero no está claro que quieran apurar los tiempos y, en la búsqueda apresurada de mayores alturas, correr el riesgo de algún nuevo barquinazo.

Dejá tu comentario