25 de marzo 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La caída del euro se revirtió ayer de golpe y sin aviso. Y Europa da signos de vida económica. ¿Rebote del gato muerto o una señal de más largo alcance? Discutimos con Gordon Gekko las novedades del Viejo Continente.

Diálogos en Wall Street
  Periodista: ¿Renace la fe en Europa? Por lo menos, el euro resucitó.

Gordon Gekko:
Tanto hablar de la paridad con el dólar, que rebotó mucho antes de llegar al 1 a 1.

P.: ¿Exageración? ¿Un caso de "overshooting", de sobrerreacción del mercado de cambios?

G.G.:
Clásico. Demasiada gente en el mismo barco. Cuando todo es obvio, y luce tan fácil que el futuro es evidente, se suele complicar. El mercado de cambios es el más inasible, y de repente se convirtió en un juego de niños.

P.: ¿Es el rebote del gato muerto?

G.G.:
Nadie recuerda ya lo que costó frenar a un euro en alza para que no se llevara puesto el umbral de 1,40 contra el dólar. Desde octubre de 2013 a mayo de 2014, como mínimo. Y, en comparación con la actualidad, Europa sí estaba moribunda. Y carecía de horizontes.

P.: Me quiere decir que la caída del euro fue muy vertiginosa.

G.G.:
Creo que hasta los inspectores de tránsito urbano se dieron cuenta del exceso de velocidad. La paridad del poder adquisitivo ronda 1,16. El diferencial de tasas de interés justifica un valor por encima de 1,10. Es difícil sostener semejante aceleración. No queda otra que sumar "shorts" sobre "shorts", y cuando todo el mundo está vendido, tarde o temprano, sucede lo que pasó.

P.: Toca una pausa en la embestida del "superdólar".

G.G.:
Más aún si lo sugiere la Fed. Aunque en definitiva, en el corto plazo, lo que define es el cambio de posicionamiento. En el día a día, la agresividad de los "traders" manda. Total, si se pasan de rosca, después se corrige rápido.

P.: ¿Cree que una pausa en el vértigo es un efecto buscado por Yellen & Cía.?

G.G.:
No. Pero la Fed registró el impacto del dólar fuerte sobre la actividad y se ocupó de dejarlo asentado. La suba de tasas de interés será condicional a la fortaleza de la economía, y, en concreto, la Fed percibe una desaceleración en el crecimiento de las exportaciones. El mensaje es claro: no será llovido sobre mojado. Si el dólar es muy punzante, la suba de tasas en EE.UU. podrá esperar.

P.: Vuelvo, entonces, a la pregunta original. ¿No está resurgiendo la mirada optimista en Europa? Las acciones alemanas, por caso, treparon el 40% el último año. Según la flamante encuesta PMI de Markit, hay más momentum en la industria alemana que en China...

G.G.:
La versión "flash" del informe PMI -que mide el arranque de marzo y trata de anticipar la lectura mensual- señala en la eurozona el crecimiento de la actividad más vigoroso desde mayo de 2011.

P.: No es trivial. Estamos hablando de casi cuatro años.

G.G.:
Correcto. Son los primeros dividendos que se perciben de lo que llamamos la gran trifecta.

P.: Esto es el marcado debilitamiento del euro, la caída vertical del precio del petróleo y la política ultra- expansiva del BCE.

G.G.:
Los tres operando en conjunto.

P.: El debut del QE soberano no podía haber sido más auspicioso. Pese a todo el pesimismo que lo acompañó.

G.G.:
Las compras de bonos públicos son recientes; empezaron este mes (aunque se anunciaron en enero, y sabemos que los efectos benéficos arrancan desde las expectativas), y yo no exageraría su impacto. Creo que hay que rescatar la visión estratégica que Draghi expuso en Jackson Hole (en agosto pasado) y que comenzó a ejecutar el último trimestre de 2014.

P.: Si Europa levanta cabeza, ¿cuánto más debería hundirse el euro? Mucho menos que cuando se mecía al borde del "triple dip", del riesgo de caer en una tercera recesión desde 2008.

G.G.:
Comparto. Aunque si lo que de veras pregunta es lo que les interesa a los mercados -¿cuánto más caerá el euro?-, ahí la respuesta quizá no varíe demasiado. Europa se ubica en una fase más atrasada del ciclo económico -y del ciclo de tasas de interés- que los EE.UU. El dólar podrá sacarle partido. En la medida en que Europa ponga el acento en la recuperación de la periferia y de sus mercados de trabajo, y en suavizar también los giros del ciclo político -evitando la "syrización" de su futuro-, el euro débil formará parte del menú deseado.

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