28 de abril 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La Fed se reúne a partir de hoy y mañana a la tarde dará a conocer su veredicto. ¿Qué quedó del fantasma de la suba de tasas? Apenas una silueta distante. Conversamos con Gordon Gekko, nuestro veterano piloto de tormentas en Wall Street.

Diálogos en Wall Street
Periodista: A comienzos de año, cuando junio parecía el momento ideal para iniciar la suba de tasas, la reunión de la Fed de este martes y miércoles prometía una gran trascendencia. Iba a servir -a manera de rampa de lanzamiento- para propalar el aviso de un anuncio inminente. ¿Qué esperar ahora? ¿Es un mero trámite?

Gordon Gekko:
Nadie le pide nada a la reunión. La realidad se ocupó de desactivar la amenaza.

P.: Quizá si el comunicado retiene un tono enérgico pueda agitar las aguas...

G.G.:
La Fed mantiene la intención de no dejar pasar el año sin antes comenzar a izar las tasas de interés. Junio sigue estando en la agenda, han dicho algunos halcones.

P.: No suena creíble.

G.G.:
Es que el contexto no acompaña. El discurso áspero no sincroniza con el nivel de actividad, que bajó un par de cambios, ni con la desaceleración reciente del mercado de trabajo, que enfrió el último rincón que denotaba vigor. Y el dólar fuerte en el mundo no ha resultado inocuo dentro de los propios EE.UU.

P.: El "endurecimiento" arrancó por cuenta del dólar, y no de la Reserva Federal.

G.G.:
Los que movieron sus piezas fueron los demás bancos centrales, el BCE, los bancos del norte de Europa, el Banco de Japón, el Banco del Pueblo de China. Como quien dice, le ganaron de mano a la Fed. Expandieron, debilitaron sus monedas, facilitaron la apreciación del dólar y, en los hechos, anticiparon un "endurecimiento" fuera de sus fronteras; un "torniquete" suave, pero que siembra una huella visible.

P.: La novedad es que las autoridades de la Fed le hayan concedido al dólar un rol importante en sus consideraciones.

G.G.:
Se lo ganó en buena ley. Bill Dudley, el hombre que maneja la mesa de operaciones de la Fed, el ejecutor de las medidas de política, reconoció la semana pasada que la apreciación de la moneda le restará potencia a la recuperación. Lo cuantificó en un 0,6% del PBI.

P.: Aun así quiere elevar las tasas este año.

G.G.:
No hay un objetivo fijado por el calendario, sino condicional a la salud de la economía y las finanzas. La actividad cayó en un bache -que se estima nada grave, y temporario-, pero hasta que no salga de él, impide tomar decisiones drásticas.

P.: Por eso hay que tachar la reunión de junio como disparador.

G.G.:
Tal cual. Aun si la economía repunta, reunir toda la evidencia y que resulte convincente llevará más de un par de meses.

P.: En 2014 la economía se contrajo en el primer trimestre y rebotó con extraordinaria fortaleza en los dos trimestres posteriores.

G.G.:
Cayó el 2,1% de enero a marzo y trepó el 4,6% y el 5% en los dos trimestres que vinieron después.

P.: ¿Será que la historia se repite?

G.G.:
La economía se enfrió, pero no al extremo de sufrir un retroceso. Se espera un avance del 1% cuando se difundan los números de los primeros tres meses de 2015. Y la expectativa es que la economía retome un ritmo en torno al 3% hacia adelante.

P.: Velocidad más que suficiente para que la Fed pueda decidirse a actuar, si no en septiembre, al menos en diciembre.

G.G.:
Yo creo que sí. Los planes son los mismos de antes, sólo que hubo que postergar la fecha del puntapié inicial.

P.: Arrancar más tarde, ¿supondrá, luego, ajustar las tasas más rápidamente?

G.G.:
Únicamente si la Fed se duerme al timón y se ve obligada a correr a los acontecimientos de atrás.

P.: No parece ser el caso.

G.G.:
Nada lo sugiere. Subir las tasas este año es prevención. Es recargar el matafuegos con tiempo para tenerlo listo cuando se lo necesite, pero no porque se anticipe un próximo incendio.

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