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Diálogos en Wall Street
¿Qué se sabe de China después de la sorpresiva depreciación del yuan? Para dar respuesta, embarcamos a Gordon Gekko en un viaje intelectual que lo lleva de Wall Street a la Gran Muralla.

Gordon Gekko: Eso han dicho. Al menos, si la traducción es correcta.
P.: ¿Pero es una afirmación creíble?
G.G.: Somos gente grande.
P.: También han señalado que el yuan se mantendrá "fuerte".
G.G.: En el largo plazo. Es una adaptación de la política de dólar fuerte que EE.UU. siempre defendió, más allá de que -circunstancialmente- el dólar estuviera apreciándose o cayendo a plomo. Los chinos son muy hábiles. Saben hacer buenas imitaciones de un original.
P.: La política del yuan fuerte no está reñida con la realidad de un yuan débil.
G.G.: Ésa es la idea. Reconozca que han tenido la delicadeza de explicar sus intenciones. No los persigue la prisa. Y si han dicho abiertamente que la faena concluyó, van a cumplir su palabra. Les interesa calmar la agitación.
P.: ¿Tanto alboroto porque querían devaluar un 3%?
G.G.: Es probable que más tarde necesiten un retoque adicional.
P.: Claro. Y, ¿cuánto más?
G.G.: La verdad es que no sabemos qué es lo que quieren remediar. ¿La cuenta comercial? ¿La cuenta financiera y de capital? Las salidas de capitales son cuantiosas y eso requeriría un ajuste rápido -y un stop posterior- que revierta las expectativas.
P.: En todo caso, con un 3% no cambian nada que sea significativo.
G.G.: Necesitarán ir por más. China es el elefante en el bazar. No puede girar de golpe sin destrozar todo. Por eso mismo, hoy por hoy, nos avisa de que está cambiando de dirección.
P.: Cortó los lazos entre el yuan y el dólar. Las dos monedas ya no van a moverse de la mano.
G.G.: Es la noticia. Desde que arrancó el superdólar, digamos desde mediados de 2014, el yuan se había apreciado el 14% contra una canasta de monedas ponderada por su participación en el comercio. Las condiciones de la economía china en la actualidad no reclaman un "superyuán"...
P.: Donald Trump ha dejado de atacar a los mejicanos. Ahora encontró un caballito de batalla más provechoso. Dice que la movida cambiaria de China devastará a la economía de los EE.UU. A la par, Marc Faber sostiene todo lo contrario, la considera irrelevante. ¿A quién creerle?
G.G.: Si las autoridades chinas le dicen que de momento ya consiguieron lo que buscaban, créales. A fines de septiembre, el presidente Xi Jinping visitará EE.UU. y no tendrá ningún interés en que este tema cope la agenda que querrá tratar con su par, Barack Obama.
P.: Por eso Pekín se adelantó.
G.G.: Además la Fed tiene reunión a mediados de septiembre y avisó su intención de subir las tasas de interés.
P.: ¿Cree que los chinos también se apuraron por eso?
G.G.: Imagínese a Janet Yellen elevando las tasas, y a los chinos devaluando al día siguiente. Eso hubiera sido una puñalada artera por la espalda, y un fogonazo de inestabilidad difícil de controlar.
P.: ¿Entonces piensa que el movimiento es irrelevante, como dice Faber?
G.G.: El mensaje es potente. China quiere un yuan más débil, y lo tendrá. Y esto no es sólo un deslizamiento del 3%. La misma paciencia que se utilizó para dejar que el yuan se apreciara sin promover tensiones, o más, habrán de emplear para moverse en la dirección opuesta.
P.: Será una forma suave de guerra de monedas.
G.G.: Si algo tengo claro, es que a los chinos lo que menos les sirve es alentar una guerra. Es una cuestión de dimensiones. Si un país chico devalúa, se sale con la suya. Ya vio usted el revuelo que ocasionó un reacomodamiento chino de apenas el 3%. "Si no puedes ser fuerte, y, sin embargo, no puedes ser débil, eso resultará en tu derrota", escribe Sun Tzu. Ése es el desafío: poder tener una moneda débil y que el mundo lo digiera sin protesto, represalia ni zozobra.


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