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Diálogos en Wall Street
Aire fresco en los mercados luego de las palabras de Janet Yellen en Massachusetts. La Fed promete no terminar el año sin elevar las tasas. ¿Cumplirá? Nuestro experto -Gordon Gekko- cree que sí a menos que aparezcan nuevos percances.

Gordon Gekko: Por eso Janet Yellen aprovechó la oportunidad el jueves y ratificó una agenda que conserva la sensación de prisa, que aspira a gatillar el primer ajuste antes que termine 2015.
P.: Tampoco es una gran novedad. Todo el año prometió lo mismo.
G.G.: Seguro. La Fed propone, pero no dispone. No impone su capricho. La realidad interviene. Y hoy talla muy fuerte. Sobre todo a la hora de ponderar los riesgos de una eventual mala decisión. Es la variable terca que la obliga a mantener el freno de mano puesto cuando quisiera pisar ya el acelerador.
P.: Lo que Yellen dice es que el banco central no se desalienta ni se aparta de su empeño principal. Si las cosas siguen como están, las tasas podrán subir, por fin, antes que culmine diciembre. ¿Entendí bien?
G.G.: Así es. El mensaje de Yellen no por repetido deja de constituir nueva evidencia. Los mercados -después de la última reunión de la Fed- le apuntaron a marzo de 2016 como la primera fecha tentativa razonable para ensayar una suba. No es así, responde quien fija las políticas.
P.: Yellen insiste con que será en 2015. No da precisiones. Me pregunto, ¿se refiere a octubre? ¿O está pensando alargar la vigilia a diciembre?
G.G.: La Fed no quiere cerrar ninguna puerta. Eso está clarísimo. Lleva hecha una inversión enorme en comunicación -en crear el clima y las expectativas del fin de una era, la de las tasas cero - y no querrá tirar todo por la borda. En principio, cuando Yellen confirma que la Fed vela las armas, cualquiera piensa que el bautismo de fuego será en diciembre.
P.: Pero usted decía que octubre no estaba descartado.
G.G.: No lo está porque Yellen, personalmente, puso la fecha en el candelero. No lo olvide. La Fed tiene un problema con las reuniones que no traen agendadas a priori una conferencia de prensa.
P.: Los mercados no las toman muy en serio. No les asignan las mismas probabilidades de alumbrar decisiones de envergadura que a las que sí tienen adosadas un encuentro posterior con el periodismo.
G.G.: Es un error (aunque no ha sido todavía demostrado en los hechos). Yellen fue transparente. Si hay que apretar el botón nuclear en octubre no habrá inconvenientes en hacerlo e incorporar sobre la marcha una conferencia de prensa ad hoc, y explicar allí todo lo que haga falta. Se pueden contestar todos los interrogantes.
P.: ¿Piensa que los mercados comprarán la idea de que un estreno en octubre es factible?
G.G.: Si la Fed quiere venderla de antemano tiene que machacar con la prédica. Caso contrario, la lectura lógica, la que decantará de modo natural, es pensar que la hora señalada toca en diciembre.
P.: La Fed no ha cambiado el discurso. A la par la realidad se mantiene en sus trece. ¿Por qué lo que llevó a desistir en septiembre no incidiría de igual forma tres meses más tarde?
G.G.: Si nada cambia de acá a diciembre, téngalo por seguro que habrá suba de tasas. Ése es el mensaje último de Yellen. Cuando señala que la situación global no es óbice para seguir adelante lo que dice es que tiene que haber un agravamiento para volver a abrir el paraguas.
P.: ¿Cree que los mercados, que piden acción ya, responderán aliviados a las palabras de la Fed?
G.G.: Creo que sí, pero habrá que comprobarlo. Nos aguarda una oleada de oradores oficiales -esta semana, sin ir más lejos- y supongo que escucharemos, con muy leves matices, la misma letanía. Y no nos olvidemos de las minutas (que debieran ser dinamita). La Fed va a montar otra vez el escenario creíble de una intervención. La decisión, por supuesto, no está tomada. Eso se resolverá en el momento, con toda la información disponible, en el último minuto.


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