10 de noviembre 2016 - 23:48

Diálogos de Wall Street

Ganó Trump y hay un Trump rally. No es lo que se esperaba, pero mientras haya fiesta nadie en Wall Street presentará una queja formal. Y entre tanto el Dow Jones acaricia de nuevo los récords.

Periodista: Dos sorpresas al precio de una. Ganó Trump contra todos los pronósticos. Y a los mercados les llevó apenas media mañana cambiar su opinión sobre el magnate. ¿Trump candidato era malo y Trump presidente es muy bueno? ¿Cómo se entiende?

Gordon Gekko: De todos los casinos que manejó Trump en su vida, éste es el más complejo. Esperemos que no lo funda.

P.: De momento va viento en popa. ¿Se exageró la visión negativa sobre Trump?

G.G.: Los mercados son los mismos, lo único que cambió es que ahora tenemos el resultado puesto. Antes se deprimían, ahora se exaltan. Mejor así...

P.: Se pensaba un triunfo de Trump como una réplica del "brexit", sólo que más potente. Sin embargo la reacción es de entusiasmo...

G.G.: La respuesta de los mercados no es tan diferente, salvo los tiempos, claro. Lo que con el "brexit" llevó tres días en junio, dos de caída plena y un tercero de resurrección aquí se concentró en 24 horas. La baja fuerte se dio en la trasnoche con la noticia y el rebote es lo que usted ve sobre la mesa.

P.: Que gane Trump... ¿es irrelevante? El lunes los mercados treparon con fuerza porque se descontaba la victoria de Clinton. Y resulta que un Trump vencedor también les viene bien. ¿Lo que los estaba torturando eran las discusiones de una campaña interminable?

G.G.: Trump no es irrelevante. Como tampoco el "brexit". Pero el "brexit" llevará tiempo en ejecutarse, y uno ignora cuál será su contenido. Hay docenas de "brexit" posibles. Y Trump es una historia parecida. Asumirá recién el 20 de enero y, a decir verdad, tampoco nadie sabe o puede asegurar en concreto qué es lo se trae entre manos...

P.: Existe la propensión -muy conveniente- de pensar que quizás Trump sea un nuevo Reagan.

G.G.: Hoy estuvo presidencial. Apeló a la unión y marcó una nota de distensión inteligente. Sin embargo, la agenda que Trump promovió es de naturaleza diferente a las Reaganomics. Aun así, se puede armar un "collage" caprichoso, recortando a gusto los ingredientes "pro-negocios" de su plataforma, que recuerde vagamente a Reagan.

P.: Hay puntos de contacto...

G.G.: Los hay. El celo por menos regulación, la poda de impuestos a las corporaciones, el mantra de devolverle a los EE.UU. la grandeza (aunque sin derrotar a Rusia, sino a China en el plano comercial). Claro que Reagan fue un promotor de la competencia y la globalización, y Trump aboga por erigir una fortaleza y encerrarse. Es la diferencia que media entre salir y conquistar el mundo o defender una madriguera.

P.: Con todo, cuesta creer que Wall Street haya guardado sus objeciones y se dé tan rápido a saborear las mieles de un éxito que antes juzgaba como un temible fracaso.

G.G.: No es lo que uno imaginaba. En rigor, los mercados están muy abocados hoy a reacomodar carteras. Hay acciones "Trump compatibles", que se estima que van a ser favorecidas por sus planes económicos, que son las que están trepando con fuerza y acciones "pro-Clinton" que caen en el abandono. Bancos, laboratorios medicinales, fabricantes de bienes de capital, empresas de carbón operan en alza. Los administradores de salud llevan el karma del Obamacare y están en la picota.

P.: Hay un rebalanceo de carteras, sí, pero con cotizaciones en ascenso.

G.G.: La ventaja de la Bolsa es que la exposición se venía recortando sistemáticamente. Uno de los problemas de los bonos es que abundan en los portafolios. Créase o no, el Dow Jones trepó el 3,5% en las últimas cinco ruedas, porque ganaba Hillary y porque ganó Trump, y hoy se ubica a apenas el 0,3% de los récords absolutos. Mientras la Bolsa vea un Trump no recesivo y sólo levemente inflacionario, mientras perciba el beneficio que puede generar en el mercado interno y no el daño en la economía internacional, iremos bien. Pero ya vendrán tiempos peores.

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