9 de febrero 2017 - 00:09

Diálogos de Wall Street

Hablamos con Gordon Gekko cuando se cumplen tres meses del batacazo electoral de Donald Trump.

Diálogos de Wall Street
Periodista: Pasaron tres meses desde las elecciones. Wall St. apostaba por Hillary y temía un triunfo de Trump como a la peste. Erró fiero, pero, por lo visto, no tiene queja. La Bolsa dio un salto notable...

Gordon Gekko: Le aclaro que si ganaba Hillary se pensaba que ocurriría lo mismo. Un rally de alivio, por dejar de lado la amenaza del agente naranja.

P.: ¿Cómo se justifica el cambio de opinión de la Bolsa cuando todos los demás -buena parte de la opinión pública, la prensa, la comunidad internacional- permanecen tan azorados ante el fenómeno Trump como en el primer día?

G.G.: La Bolsa no esperaba nada bueno de Trump, y el presidente ha sobrecumplido las expectativas. Su equipo vendió bien entre empresarios e inversores- la agenda básica de un plan económico típicamente republicano. Todo muy simple: baja de impuestos, desregulación, incentivos fiscales para la inversión. Reaganomics 101. Y resucitó los animal spirits. No hay mucho más detrás del Dow Jones 20 K. Pero no es poco. Ya no se habla de la trampa del bajo crecimiento o de la impotencia de la política monetaria. Y hoy la economía no precisa anabólicos.

P.: El Trump rally no tiene la potencia inicial. Pero todavía soporta con éxito las profecías de los agoreros.

G.G.: A ratos parece que afloja, que los mercados desconfían de la cordura de la nueva administración, o de sus chapucerías, pero la verdad es que sigue siendo el mejor negocio que hay en la ciudad. Y conste que el que quiere irse puede hacerlo a niveles máximos. Se lleva a casa todas las ganancias.

P.: Tampoco se percibe euforia como en noviembre y principios de diciembre.

G.G.: Nada más sombrío que la lectura de los diarios. Y en Wall Street, sólo un tercio de los inversores minoristas se mantiene bullish, y piensa que la Bolsa subirá en los próximos doce meses. Es un registro mediocre para un mercado en récords, y un dato que no sugiere excesos, muy positivo.

P.: Si hubo deslumbramiento fue fugaz.

G.G.: Fíjese bien: ya no rige el superdólar ni la suba rampante de las tasas de interés. ¿Dónde está el Trump arrollador que se devoraba el mundo? Peleándose con un juez que le trabó la restricción migratoria a ciudadanos de siete países. Es evidente todo lo dañino que Trump puede ser. Basta con tomar al pie de la letra sus declaraciones. Pero su ejecución, por fortuna, es muy chambona. Trump tiene la iniciativa, y se demuestra hiperactivo, pero, hasta ahora, ¿qué consiguió? Que el vicepresidente Pence haya tenido que desempatar para conseguir la designación de Betsy De Vos como secretaria de Educación convirtió un trámite en una victoria pírrica. Trump no pudo convencer a ningún senador demócrata, y enfrentó la oposición inamovible de dos senadoras de su partido, por eso Pence debió entrar en juego. ¿Qué capacidad tendrá entonces para pasar por el Congreso una agenda cargada con munición pesada?

P.: Deberá negociar primero con la gente de su partido.

G.G.: Será un Trump con freno de mano. Predecible. En materia económica lo que pasará el filtro es lo que los mercados consideran alentador, aunque estará por ver en qué medida. Los republicanos en general son más celosos en materia de déficit fiscal.

P.: Bueno, pero si los planes se encogen mucho, ¿qué futuro tiene el rally de las acciones? ¿No se habrá pasado de rosca?

G.G.: Menos trumpismo será menos Yellen, menos tasa y menos fortaleza del dólar. A priori, no es un mal swap. Dejar que la economía fluya es hoy lo más sensato. Los últimos indicadores PMI, en EE.UU. y en el mundo, muestran un momentum sólido y en ascenso. Y las ganancias empresariales suman dos trimestres consecutivos en alza (lo que no ocurría desde comienzos de 2015). Por supuesto, hay mucho ruido político e incertidumbre. No es sólo Trump, también las elecciones europeas. Pero después del "brexit" ya estamos preparados para asistir a lo peor. Y es hora de que aparezcan los cisnes blancos.

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