15 de febrero 2017 - 00:07

Diálogos de Wall Street

La estrategia de Trump, las tribulaciones de la política, la fe de la Bolsa y las intenciones de la Fed, todo ello tema de la conversación con Gordon Gekko.

Periodista: La Administración Trump tiene dos historias para contar. La fiesta de Wall Street y una temprana crisis de gabinete, con la renuncia del general Flynn. El presidente es profeta en su tierra. Le va muy bien en Manhattan y sus alrededores, pero anda torcido en Washington.

Gordon Gekko: Está pagando el derecho de piso, corregido y aumentado por su natural audacia.

P.: Le va mejor en el mundo de los negocios que en el terreno resbaladizo de la política...

G. G.: Era lo esperable... ¿no? Pero yo no me apuraría en desestimar su estrategia política. Está claro que hay problemas, graves y ahora también evidentes, con su implementación.

P.: Me quiere decir que la estrategia es buena, pero lo que falla es la ejecución.

G. G.: Le digo que su estrategia puede ser muy eficaz. No la dé por perdida tan pronto. Yo no la subestimaría. Es la continuidad lógica del éxito en las urnas. Todo este circo, a ratos desconcertante, tiene por objeto demostrarle al electorado -haya votado a favor o no- que Trump no es el político tradicional, que dice cualquier cosa en campaña y después se olvida olímpicamente.

P.: Trump cumple lo que promete.

G.G.: El 62% de los estadounidenses cree que sí, conforme la última encuesta de Gallup, recién salida del horno. El 42% piensa que es un hombre honesto. Y el 59% lo ve como un líder fuerte y decisivo.

P.: Caramba, el fracaso de su decreto migratorio, por citar un ejemplo, no le ha hace mella.

G. G.: El Presidente es un "superhéroe" que pelea contra el sistema, y no siempre podrá doblarle el brazo. Pero es un luchador, no se da por vencido y volverá a la carga. No se sorprenda si en esta pelea, verdadera o no, contra los jueces, la prensa, el establishment o las reglas amañadas por las élites, la imagen de Trump se fortalece en vez de dañarse.

P.: Deberá mejorar la ejecución, porque si no lo hace, aunque quiera, no podrá cumplir sus promesas. ¿Cree que tiene la gente adecuada a su alrededor?

G. G.: Deberá sumar la experiencia que escasea. Pero lo fundamental pasa por entender que no se lograrán los resultados deseados si no levanta la puntería de sus planes. Se puede ganar una campaña improvisando (él lo demostró). No se puede gobernar de la misma manera (a menos que doble su proeza, y pruebe lo contrario, pero no le va muy bien funcionando a pura intuición y sin conocimiento e ideas sólidas detrás).

P.: No le costará mucho despedir gente, si uno le da crédito a sus programas de TV. Y puede comprar talento y planes llave en mano. Basta con llamar a Goldman Sachs.

G. G.: Bueno, Gary Cohn, en diciembre dejó de conducir el banco para formar parte del Gobierno. Y hoy la agenda económica es la de Goldman, y no la de Steve Bannon, el principal estratega político del presidente. Cohn es la persona responsable por las reformas (impuestos, desregulación y mejoras en la infraestructura). Ahora bien, el problema no es la economía (otro exGoldman, Steve Mnuchin, se ocupará del día a día en el Tesoro), sino la política. Y allí el círculo íntimo -con Bannon a la cabeza- se mantiene firme.

P.: Wall Street le compra todo a Trump. Pero ahora surgió un tercero en discordia y con un mensaje filoso. Janet Yellen pasó por el Congreso y dejó en claro que la reunión de la Fed de marzo está viva. Se discutirá la pertinencia de una suba de tasas. Y los bonos acusaron el impacto. Hacía tiempo que la tasa de diez no tocaba el 2,5%.

G. G.:
Nunca la Fed le dirá que la próxima reunión es "pour la gallerie". Todas están vivas al empezar y antes de terminar.

P.: No parece un mensaje inocente...

G. G.:
Si la Fed quiere instalarlo le bastará con repetirlo. Caso contrario, el consenso no se moverá de su actual preferencia por un ajuste recién en junio.

P.: ¿Usted no cree que la Fed se adelante?

G. G.:
No. Pero no descarto que quiera pinchar el globo del entusiasmo en las Bolsas. Insistirá si es que pretende enfriar los ánimos, pero aun así no jalará el gatillo.

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