Diálogos de Wall Street

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Yellen avisa que la Fed irá recortando el estímulo. Trump no avisa y bombardea Siria. ¿Qué destino les espera a las acciones, y a los bonos, en esta nueva encrucijada? Con Gordon Gekko examinamos las últimas novedades.

Periodista: Es tiempo de cambios. Bruscos, como el salto del presidente Trump que pasó de "Los EE.UU. primero" a -bombardear- Siria primero. O suaves, como el mensaje de Janet Yellen en Michigan. La Fed levantó el pie del acelerador y seguirá quitando, progresivamente, el estímulo.

Gordon Gekko: Con la economía en pleno empleo ya no hace falta, y podría estar de más. "Queremos ir delante de la curva y no correr por detrás", dijo. Trump, a decir verdad, yacía en la situación inversa, y por eso el volantazo.

P.: Ni Trump ni Yellen ni tampoco la sorpresa de un informe de empleo que no estuvo a la altura de lo previsto alteran demasiado a Wall Street.

G.G.: Pero le han puesto el freno de mano.

P.: Hasta que vengan los balances.

G.G.: Las acciones están caras es el comentario de "algunos miembros" que se consigna en las minutas. La mejor manera de refutarlo es con los estados de resultados del trimestre. Y con un buen "guidance" -una orientación positiva- que den las compañías sobre su futuro cercano.

P.: Esta vez no parece un imposible.

G.G.: Para nada. La pregunta es si el buen desempeño no está ya metido en los precios.

P.: Habrá que sorprender en serio.

G.G.: La mayor sorpresa sería ver una reforma tributaria bien pensada. Verla camino al Congreso, quiero decir.

P.: Hace nueve semanas el presidente nos dijo que en "dos o tres semanas" la tendríamos en nuestro poder. Y que sería "fenomenal". ¿Qué habrá quedado de aquel proyecto?

G.G.: Es posible que estemos dando vueltas en círculo. Los lobbies a favor y en contra del "ajuste de impuestos en frontera" no cesan la puja ante la opinión pública. Es como el telón de fondo de una discusión que no se debe haber zanjado aún.

P.: La Bolsa no define. Está bajo presión pero aun así merodea a poca distancia de los récords. Resiste.

G.G.: No hay euforia. Los inversores desconfían (y lo hicieron durante casi todo el recorrido alcista). Menos del 30% de los inversores minoristas piensan que el S&P 500 cotizará más alto a seis meses vista. Y la semana que pasó la salida de recursos de los fondos comunes que trabajan con acciones fue el más voluminoso desde 2015.

P.: Además se aproxima la maldición del sell in May, la típica recomendación estacional de vender en mayo.

G.G.: Es un mercado caro, pero prolijito, sin señales de sobrecompra (con la única excepción de los papeles de consumo discrecional) y que le da opción de retirarse con elegancia a los más prudentes. Corrige más por tiempo y posicionamiento que por precios.

P.: ¿Y a dónde va el dinero que sale de allí?

G.G.: La ruta es fácil de trazar: emigra de acciones y commodities y se afinca en fondos de bonos y money market (efectivo o equivalentes de bajísimo riesgo y muy corto plazo).

P.: Sabemos que la Fed prepara otra suba de tasas para junio y que tiene apuro por comenzar a desarmar su cartera de activos, y, sin embargo, los bonos no acusan un impacto adverso.

G.G.: Todo lo contrario. Son un refugio apreciado, sus precios suben y la tasa larga -diez años- acaba de hundirse a su valor más bajo desde que comenzó el año.

P.: Y la curva de rendimientos -la diferencia entre las tasas largas y cortas- también se aplanó como nunca en 2017. No es la foto que uno esperaría de una economía que promete un futuro vibrante.

G.G.: Con una tasa de desempleo del 4,5% y la inflación en torno al 2% no hay que esperar grandes proezas. De hecho, el trimestre que cerró en marzo bien podría resultar decepcionante, con un crecimiento inferior al 1%.

P.: ¿Qué pasó con el Trump fogoso del plan de infraestructura?

G.G.: Lo dijimos en su momento. Su negocio era moderarse, y no incentivar la suba de la tasa larga. Algo aprendió.

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