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Diálogos de Wall Street
Si Trump significaba dólar fuerte y tasas largas altas, ya no más. ¿Cuál es la razón? Interrogamos a Gordon Gekko sobre la pregunta del millón, ¿resistirá el rally de las acciones?
P.: ¿Será que las expectativas de recuperación se pasaron de rosca?
G.G.: Hay un aterrizaje en las proyecciones de crecimiento nominal. También la inflación da marcha atrás. Habrá visto el retroceso de los precios minoristas de marzo. En rigor, las mediciones núcleo de inflación se desaceleraron el último mes en los EE.UU., en la eurozona y en Gran Bretaña. La actividad no empuja tanto (el índice Citi de sorpresas económicas cambió de signo) y los precios tampoco. Y si el presidente Trump no va a pelearse con Janet Yellen...
P.: O va a permitir que siga en funciones después que termine su actual mandato en 2018.
G.G.: Las tasas largas se desinflan solas. Si Trump no quiere un dólar fuerte, con más razón. Y si la valuación de las acciones le parece excesiva, el flujo de fondos de las últimas semanas es un reguero en dirección a la compra de bonos.
P.: ¿Y cuánto más durará la tosudez de la Bolsa?
G.G.: Si es por la economía no creo que haya problemas. No es para tanto. Si es por las ganancias de las empresas, vienen bien, y cuando no, como pasa hoy con Goldman Sachs y Johnson & Johnson recibe el castigo merecido, pero mañana es otro día, y al final, lo que vale es la tendencia de fondo. Un aumento interanual de dos dígitos no es para despreciar. Que se destiña el dólar fuerte no le hará daño; en la visión de mediano plazo revaloriza la rentabilidad proveniente del extranjero.
P.: ¿La Bolsa se convertirá en una isla, indemne, e indiferente a lo que pase a su alrededor?
G.G.: No exagere. Pero el Trump mesurado es también su mejor negocio.
P.: Se moderó de entrecasa y se tornó ultrabeligerante en política exterior.
G.G.: El general Trump es un peligro potencial. Es difícil de introducir en la ecuación, y quizás erradamente, por ello mismo, se lo deja de lado. Un error de cálculo en Corea del Norte puede resultar impagable. Sin embargo, la ruptura con la Rusia de Putin; la colaboración con China, incorporando a las materias irritantes de comercio en el paquete, son noticias muy positivas. El nuevo rumbo es muy pronegocios, y hasta promercado.
P.: ¿Y por qué se redujeron las chances de una suba de tasas en junio?
G.G.: Pasaron del 63% la semana pasada al 43%, según la sensibilidad de los mercados, no de la Fed en sí. Si la reunión fuera mañana yo no descartaría una suba. Está claro que para junio sabremos qué habrá pasado con las escaramuzas militares y con el tránsito de la economía. En pleno empleo, y sin daño cierto, la Fed gatillará.


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