19 de noviembre 2010 - 00:00

Dicen en el campo...

Julián Domínguez
Julián Domínguez
... que, lamentablemente, lo más saliente fueron los enfrentamientos. Desde el «puñetazo» de la titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Graciela Camaño (PJ) al controvertido diputado Kunkel (FpV) hasta el nuevo round entre el cada vez más polémico Eduardo Buzzi de la Federación Agraria, esta vez, con el presidente de la Comisión de Agricultura del Congreso, Ricardo Buryaile (UCR), entre otros varios «disensos» que son sólo una manifestación del «humor» que reina. En medio, y con el inicio ya de algunos agasajos de fin de año, hubo varios almuerzos ruralistas (CARBAP, en El Globo; CRA, en su sede de San Telmo; la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el Mercado a Término, en el Marriot Plaza; una comida privada de diplomáticos y ex funcionarios, en el paquetísimo Estrougamú, hasta un asado campestre en una reunión CREA en una destacada estancia correntina hasta con disertación del economista Raúl Fuentes Rossi. Mientras, en Gobierno, se alternaban reuniones por el registro de maíz (finalmente, con anuncios mucho menores que los esperados), y por una nueva categoría de vacunos que apunta a la exportación -macho, entero joven-.

... que los ruralistas, además de las inquietudes climáticas que comienzan a tener por la seca que se sigue acentuando, y que ya está obligando a correcciones en las estimaciones de cosecha de granos gruesos («aunque todavía no nos animamos a recortar las áreas de siembra, si bien están totalmente frenadas», reconoció un operador), no quedaron nada conformes con la magra apertura de los registros de exportación que hizo el Gobierno, a apenas algo más de 4 millones de toneladas, cuando todos esperaban por lo menos 12-14 millones. La expectativa había crecido por la reunión en Casa de Gobierno entre Cristina de Kirchner, sus ministros Amado Boudou (Economía) y Julián Domínguez (Agricultura) y el siempre presente secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Finalmente, el anuncio volvió a decepcionar, ya que se estima que el mínimo volumen abierto no servirá para recuperar la actividad y transparencia de un mercado que opera casi cautivo. Tampoco los ganaderos están demasiado entusiastas, a pesar de los altos precios. Es que, en realidad, nadie tiene mucha confianza sobre la actitud que puede llegar a adoptar el Gobierno y por eso, el «mandato» parece ser: «Sacarles el máximo de kilos a las fábricas (vientres) que hay, pero no expandirse todavía». Es decir, mejorar la eficiencia, la productividad, pero no ir mucho más lejos aún. Esto naturalmente va a demorar todavía más la recuperación del stock vacuno y, por ende, la oferta de carne.

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