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Dicen en el campo...
Martín Lousteau
... que, por caso, todavía se recordaban las palabras del doctor Abel Albino, fundador de CONIN, presente en la entrega de premios de revista Chacra-Banco de Galicia, o el mucho menos trascendente argumento del titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, que intentó justificar su ausencia a la inauguración oficial de la Exposición Rural con el argumento de que «estaba en el campo»; o sobre los u$s 60.000 u u$s 80.000 (según el tipo de cambio que se tome), alcanzados por el precio máximo de un reproductor bovino en esta edición de la muestra, contra los u$s 150.000 logrados por el toro Gran Milagro (Aberdeen Angus) afines de los 80 y que siguen sin ser superados. También se comentó bastante la reaparición del exministro de Economía Martín Lousteau en un programa de televisión en el que, además de defender la Resolución 125 (que se le atribuye, aunque los autores reales serían otros), casi planteó que pareciera que el campo «no está dispuesto» a hacer algún «aporte social» para el resto de la sociedad. «¿Le parecerá poco los u$s 50.000 millones que viene aportando sólo por retenciones en estos años? ¿Querrá también que donen un riñón o un par de litros de sangre?», señalaba enojado un dirigente bonaerense, que dijo haber hecho zapping inmediatamente.
... que, obviamente, aun antes de la intensificación de los rumores sobre el mercado agrícola, ya había inquietud en el sector debido a que las recalentadas cotizaciones internacionales habían vuelto a disparar versiones desde algunos países del G-20, encabezados por el presidente francés, François Hollande, acerca de poner «límites» a los precios para no afectar tanto a los países más pobres que compran alimentos, y no obligar a cambios estructurales más profundos en las producciones intensivas como cerdos, pollos, etc., que dependen de los granos para la alimentación. También igual que la vez anterior, inmediatamente salió al cruce la Argentina, en contra de la eventual utilización de tal herramienta, aparentemente aún sin darse cuenta de la inconsistencia entre su discurso internacional y las políticas que aplica internamente, de intervención permanente en los mercados, al punto de que algunos de ellos (por ejemplo, el de trigo) prácticamente llevan meses sin operar. Lógicamente, en los últimos días, el tema se circunscribió exclusivamente a la plaza local, al costo político del cambio en las retenciones, a lo inoportuno de una medida de esa naturaleza justo cuando deberían comenzar las siembras de la nueva campaña (que, naturalmente, se «congelaron), y al escaso rédito económico que, con un incremento de 5 puntos en lo que resta comerciar de la soja (menos del 50%) representaría no más de u$s 600 millones de los cuales algo más de u$s 200 millones deberían ir a las provincias (e, incluso, a la Capital Federal que, aunque no tiene más que alguna planta de soja seguramente en el Jardín Botánico y como rareza, igual recibe «coparticipación» de ese fondo). Se coincidía en que era demasiado costo político y de riesgo de caída de la nueva área de siembra para tan magra recaudación.
... que también se comentó bastante la incorporación de Venezuela al Mercosur, mientras Paraguay, que es socio pleno y que se oponía a esta decisión, sigue suspendido. Es que en contraposición a esta decisión política, a la que se alinearon, además, las declaraciones del embajador argentino en Caracas, el ex INTA, ex Agricultura y pretendiente a la intendencia de Mar del Plata, Carlos Alberto Cheppi, se conoció el Manifiesto de Buenos Aires, suscripto por todas las entidades gremiales del campo de los países que conforman el bloque, incluyendo a Bolivia y a Chile. El fuerte documento, además de solicitar la inmediata restitución de Paraguay al bloque, aboga por la libre determinación de los pueblos, el respeto al principio de no intervención y la observancia de la cláusula que exige acuerdo «unánime» para una nueva incorporación.

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