9 de abril 2009 - 00:27

Dicen que no hay atraso cambiario

Dicen que no hay atraso cambiario
El valor de equilibrio del dólar nuevamente está en el centro de la escena dada la actual incertidumbre del mercado cambiario. Como siempre sucede, hay que tomar con cierta cautela estos resultados porque dependen de factores en constante cambio, desde la cotización del precio de commodities hasta la inflación. De todas maneras, un análisis efectuado por los economistas Miguel Bein y Marina Dal Poggeto destaca que «la Argentina no presenta atraso cambiario». El informe (ver texto completo en www.ambito.com) destaca además que «el tipo de cambio real multilateral es el doble que el vigente a fines de la convertibilidad». A continuación los puntos salientes:
A pesar de las devaluaciones de los países emergentes -concentradas hasta mediados de febrero y con retrocesos no menores desde marzo- y de la mayor inflación que viene registrando la economía en los últimos años, la Argentina no presenta atraso cambiario.
El principal indicador de esta afirmación surge de los datos de balanza comercial y cuenta corriente que, aun con el desplome de los precios de los commodities y la sequía, siguen mostrando números positivos, en parte por la retracción del nivel de actividad. Sólo en el primer bimestre del año acumula un superávit de comercio de u$s 2.200 millones, y nuestras proyecciones para todo 2009 ascienden a u$s 8.500 millones, compatibles con un superávit de cuenta corriente de u$s 2.700 millones.
De los distintos indicadores de tipo de cambio se deduce algo similar. Hoy el tipo de cambio real bilateral con Brasil es 2,26 y el tipo de cambio real multilateral (utilizando una canasta de monedas y, al igual que en el caso anterior, nuestro relevamiento propio de inflación) es el doble que el vigente a fines de la convertibilidad. La comparación de los salarios en dólares, un indicador alternativo de competitividad, muestra las mismas conclusiones. Actualmente, el salario en dólares promedio de la economía es un 14% más bajo que en 2001, mientras en el mismo lapso aumentó un 22% en EE.UU. y el 77% en Brasil.
Desde que se iniciaron los «cambios metodológicos» en el INDEC, la distancia entre el CER y nuestro IPC asciende hasta febrero a 27,8 puntos porcentuales. Mientras el aumento en el IPC del INDEC alcanza al 17,5%, nuestro relevamiento de inflación muestra una suba acumulada del 47,3%.
Es decir, de los tres gustos del helado en los que descomponemos el tipo de cambio, el que equilibra la cuenta corriente, el que equilibra la cuenta capital a partir del contexto internacional (que vale recordar empieza a moderarse en las últimas semanas a partir de una reversión de la salida de capitales de los países vecinos) y el que equilibra la cuenta capital a partir del aumento/disminución en la incertidumbre que genera la política, sólo este último está operando.
En efecto, la presión cambiaria observada obedece exclusivamente a los movimientos espasmódicos en la cuenta capital de origen extra económico -pelea política, puja distributiva, inseguridad, hoja de ruta del Gobierno para la deuda pública, etc.-. En este contexto, el accionar del BCRA para limitar la incertidumbre y evitar una sobrerreacción del tipo de cambio, con el riesgo implícito sobre la estabilidad de la demanda de pesos, es necesario. Pero la intervención no debería limitarse al mercado cambiario, sino también operar a través de las tasas de interés, en un contexto donde éstas no ajustan ante bancos que se han protegido de la crisis, generando un elevado colchón de liquidez, y la ANSES, nuevo jugador en el mercado de pesos que opera a favor de no aumentar las tasas de interés que pagan los bancos en cada una de sus renovaciones de plazos fijos.

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