Diego Vergara: una paleta lírica y también avasallante

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Después de renunciar a pintar cuando alcanzó la fama, volvió a la pintura aunque con un estilo diferente, donde se intuye la influencia de De Kooning.

Rosario. La galería Gabelich contemporáneo inauguró "El gesto incesante", una exhibición de las líricas y también avasallantes pinturas actuales de Diego Vergara (1980). El artista santafesino sabe lo que quiere y se expresa libremente a través de formas abstractas y colores radiantes. Las pinturas recuerdan el expresionismo abstracto, movimiento basado en la acción gestual que surgió en Nueva York al promediar la década del 40 del siglo XX. El camino del arte no tiene reglas estrictas y, la historia de Vergara, que dejó de pintar cuando había alcanzado los primeros éxitos de su carrera, lo corrobora. Pero luego volvió a hacerlo.

En 2008 el artista se presentó en el Salón Nacional de Rosario con la pintura "Me has robado el corazón". Trabajaba entonces a partir de ilustraciones enciclopédicas y la obra representaba dos nutrias a la orilla de un río. Una de ellas le había arrancado literalmente- el corazón a dentelladas a la otra. Luego, su primera muestra individual en Buenos Aires se llamó "La existencia está en otra parte" y, desde el título, tomado del final manifiesto surrealista de André Breton, las pequeñas pinturas expresaban el deseo de forjar un destino excepcional. "Este verano, las rosas son azules; el bosque, de cristal. La tierra envuelta en verdor me causa tan poca impresión como un fantasma. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias". Vergara había logrado convocar la magia surreal en unas pinturas donde las dimensiones gigantescas de los frutos arrastraban a los árboles con su peso y todo se desbordaba, mientras centenares de frutos amarillos, rojos, naranjas, caídos de los árboles, tapizan el suelo y flotan sobre las aguas de un lago.

En su segunda muestra, con sorprendente virtuosismo, Vergara pintó los bellos rostros de Romeo y Julieta en el momento en que la muerte habita el cuerpo, con unas manchas verdosas. Desde la contemporaneidad, el artista había logrado recuperar la irrealidad y la ensoñación surrealista y después, también a su manera y con su propio estilo, rescató el drama romántico. Entonces dejó de pintar, y dijo: "acaso para siempre". Sus obras no lo conformaban. Cuando el arte posee cualidades que trascienden a la propia persona, cuesta entender que un artista renuncie,que pare en seco la producción.

"Quiero pintar como De Kooning", había dicho poco tiempo antes. Esta inesperada expresión de deseos, sobre todo teniendo en cuenta la definición formal y la brevedad de sus pequeños trabajos, se enlaza sin embargo con el presente. En la actual muestra rosarina está presente De Kooning, además de un fuego que se asemeja al de los volcanes de Matta, y también se intuye la gracia fluida de Pollock.

En "El querer ser otro", Borges analiza el fenómeno y, con su peculiar humor, ejemplifica este deseo. "Querer ser Goethe me parece una mínima canallada, una pequeña simulación de escritor que finge renunciar a otras más evidentes codicias para codiciar una obra que pocos visitan con gusto, pero que se considera muy distinguida. [...] Quisiera ser Joan Crawford, en cambio, puede significar Yo quisiera habitar ese glorioso cuerpo de Joan y cobrar sus espléndidos honorarios de adoración y de oro y de competentes fotógrafos, pero puede querer decir también Quisiera ser, cuerpo y alma, Joan Crawford. Ese deseo es el que más interesa en verdad: que B quiera ser N".

El despliegue potente de las composiciones rítmicas de Vergara, transmiten sensaciones espaciales de infinitud. Los gestos y arabescos de sus pinceles, que danzan con singular dinamismo sobre las telas, tienen una identidad muy marcada e inconfundible, como los rasgos de la escritura. Pero el carácter de la imagen está emparentado con el de De Kooning, entre otros expresionistas abstractos. El relato de Borges culmina con el mismo proceso: "Todas las personas absortas en la venturosa audición de una sola música son la misma persona. Todos los amantes que se abrazaron con plenitud en el ancho mundo, que se abrazarán y se abrazan son la misma clara pareja: son Adán y Eva. Nadie es sustancialmente alguien, pero cualquiera puede ser cualquier otro, en cualquier momento".

Ya en la madurez de su carrera, Vergara cuenta que "sentía que la forma en la que estaba produciendo no tenía ningún sentido". Así cambió de modo rotundo su estilo. "Como artista sostiene- siento que me he corrido de un lugar en el que podría haber seguido y estar seguro. Sin embargo, decidí parar e ir para otro lado". Picasso enseñó esta lección, pero sin correr el riesgo de abandonar. Entretanto, con estupendos artistas, excelentes museos, buenos críticos y galerías, el universo del arte rosarino gana espacio en el país y en el exterior.

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