El proceso de juicio político comenzará hoy en el Senado y podría culminar el martes o el miércoles de la semana que viene, según todos los indicios, con una remoción casi segura. Si dos tercios del cuerpo, esto es 54 legisladores, votan a favor del "impeachment", Rousseff habrá perdido definitivamente el poder.
El voto contra la mandataria es considerado altamente probable porque fue la misma Cámara alta la que la suspendió de sus funciones el 12 de mayo por 180 días, también aprobó con un clara mayoría de 59 contra 21 votos la apertura del juicio político final.
Si ese voto se repite o, como se especula, resulta aún más abultado en su contra, el hasta ahora vicepresidente y actual jefe de Estado interino, Michel Temer, ocupará la presidencia de forma definitiva hasta enero de 2019.
El proceso, que será presidido por el titular de la Corte Suprema, prevé jornadas maratónicas en las que los partidarios y los detractores de Rousseff presentarán sus argumentos. El lunes, la propia mandataria tiene previsto asumir por sí misma su defensa.
Sus partidarios esperan un ambiente hostil en la Cámara. "Nunca tuve miedo de eso", aseguraba hace unos días Rousseff, una mujer que define su biografía política sobre todo por sus luchas, ya sea contra el cáncer o contra la dictadura militar que la torturó cuando era una joven militante de izquierda clandestina en los años 70.
"Luchar" es una de las palabras que más repite la mandataria antes de que arranque el proceso en el Senado. "Ese proceso para mí es muy duro, porque sé qué están haciendo conmigo", dijo el martes a la noche ante simpatizantes del Partido de los Trabajadores en San Pablo. "Sé que soy inocente y que es una injusticia lo que están haciendo conmigo", agregó.
Rousseff está acusada de haber "maquillado" las cuentas públicas para ocultar la verdadera dimensión del déficit fiscal. Pero esos trucos contables han sido una norma en la política brasileña y todos sus antecesores las han aplicado, lo mismo que muchos gobernadores que hoy alientan a sus senadores a votar por la destitución.
Varios grupos políticos están salpicados de acusaciones de corrupción, entre ellos el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer, pero muy especialmente el PT de Rousseff.
Una mezcla de crisis económica, con un país estancado en 2014 y que sufrió el año pasado una caída del PBI del 3,8% y que perdería este año más del 3%, y la reiteración de graves escándalos de corrupción en el oficialismo crearon el escenario para una destitución que, en rigor, se justifica en irregularidades administrativas.
Si el desenlace es el previsto, culminarán trece años de hegemonía del PT, durante los cuales Brasil vivió un intenso proceso de inclusión de millones de pobres a la vida económica y social.
| Agencia DPA y Ámbito Financiero |


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