20 de junio 2013 - 00:00

Dilma envía fuerzas de élite a sedes de la copa de fútbol

Las protestas de ayer en Brasil se sintieron tanto  dentro como fuera de los estadios: mientras que varios hinchas lograron colar pancartas durante el partido en Fortaleza, en las inmediaciones se libraba una batalla campal entre los manifestantes y la Policía.
Las protestas de ayer en Brasil se sintieron tanto dentro como fuera de los estadios: mientras que varios hinchas lograron colar pancartas durante el partido en Fortaleza, en las inmediaciones se libraba una batalla campal entre los manifestantes y la Policía.
 Fortaleza - El Gobierno de Dilma Rousseff perdió ayer la paciencia frente a las multitudinarias manifestaciones que desde hace más de una semana se repiten en todo Brasil, con el envío de agentes de la Fuerza Nacional, que depende de la Policía Federal, para reforzar la seguridad de cinco de las seis sedes de la Copa de las Confederaciones.

Los miembros de esta tropa de élite, que participa cada vez que existen disturbios sociales o situaciones excepcionales, serán enviados a los estados de Río de Janeiro, Bahía, Minas Gerais, Ceará y Brasilia, indicó el Ministerio de Justicia en un comunicado citado por una agencia local.

La medida no se aplicará por ahora al estado de Pernambuco, cuya capital, Recife, es también sede de este evento deportivo, un ensayo general del Mundial de fútbol el año próximo, que se celebra hasta el 30 de junio. "El perfil de la Fuerza Nacional es conciliador, mediador y no represor", se indicó en el texto.

La seguridad en Fortaleza, la capital de Ceará, una ciudad de 3,5 millones de habitantes y extensas playas, rodeada de dunas gigantes, fue reforzada también por la policía estatal con 6.000 efectivos adicionales. Sin embargo, el despliegue no fue suficiente para evitar desmanes.

Como en los últimos días, ayer también salieron a manifestar su descontento cerca de 25.000 personas, en su mayoría estudiantes, que intentaron bloquear las vías de acceso al Arena Castelao, el estadio de Fortaleza, antes del partido Brasil-México.

Momentos de altísima tensión se vivieron en las inmediaciones del escenario que albergaba el duelo del Grupo A del torneo, donde se registraron enfrentamientos entre la policía militar antimotines y los manifestantes.

Una persona fue herida en un ojo por una bala de goma y otra fue retirada del lugar en camilla, constataron testigos. Al menos un policía también fue herido y la sangre le corría por el rostro. Varios hinchas quedaron atrapados en medio de las protestas. "A Brasil nunca más, olvídate del mundial, mañana me regreso a mi país", dijo Joaquín Díaz, un mexicano de 42 años que llegaba al estadio a ver a su selección. La protesta volvió a ser pacífica tras la confrontación, cuando ya había empezado el partido.

Antes del enfrentamiento con los efectivos de seguridad, los manifestantes cantaron el himno nacional y corearon "¡Brasil, vamos a despertar, un profesor vale más que Neymar!".

El astro de 21 años, que marcó un gol en el primer tiempo del partido, criticó por su lado al Gobierno y dijo que las protestas lo inspiran en el partido. "Triste por todo lo que está ocurriendo en Brasil. Siempre tuve fe en que no sería necesario que llegáramos a un punto de 'ir a las calles' para exigir mejores condiciones de transporte, salud, educación y seguridad, todo eso es obligación del Gobierno", escribió.

Dentro del estadio, varios hinchas burlaron las reglas de la FIFA y mostraron pancartas de apoyo a la protesta desde las gradas. "Paren la corrupción. Queremos seguridad, salud y educación", decía uno de los carteles, escrito en inglés. Otro hincha levantaba una pancarta en la que se leía: "Mi Brasil está en las calles. El gigante despertó.

Cientos de miles de personas denunciaron los multimillonarios gastos públicos en el Mundial de fútbol de 2014 y para exigir un transporte público mejor y más barato, así como una salud y educación pública de calidad.

Las mayores protestas en 21 años reflejan el hartazgo de parte de la población, en su mayoría jóvenes con educación superior, con la clase política que dirige a la séptima economía del mundo, donde a pesar del crecimiento y la reducción de la pobreza en la última década persisten enormes problemas sociales.

Otras manifestaciones tenían lugar al cierre de esta edición en San Pablo, Belo Horizonte, Brasilia y Rio Branco, entre otras ciudades. Y otras más habían sido convocadas para hoy a nivel nacional.

La presidenta Dilma Rousseff, que prometió que escuchará a los manifestantes, explicó las manifestaciones a raíz de la corrupción, hizo el martes un viaje relámpago a San Pablo para reunirse con el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2010) y con el alcalde de San Pablo, Fernando Haddad.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y

DPA, y Ámbito Financiero