31 de diciembre 2014 - 00:00

Dilma inicia el segundo ciclo en su momento más difícil

Dilma Rousseff  inaugurará mañana su segundo período de Gobierno, el cuarto consecutivo del Partido de los Trabajadores. La agrupación organizó una multitudinaria manifestación en Brasilia para rodear a la mandataria de un marco de calor popular, algo necesario en una coyuntura compleja.
Dilma Rousseff inaugurará mañana su segundo período de Gobierno, el cuarto consecutivo del Partido de los Trabajadores. La agrupación organizó una multitudinaria manifestación en Brasilia para rodear a la mandataria de un marco de calor popular, algo necesario en una coyuntura compleja.
 Brasilia - Dilma Rousseff asumirá mañana, primer día de 2015, su complejo segundo mandato, en una ceremonia para la cual el Partido de los Trabajadores (PT), que inicia su cuarto período al frente del Gobierno, preparó una fiesta popular multitudinaria.

La intención del PT es demostrar que Rousseff, quien venció el 26 de octubre por escaso margen en las urnas al socialdemócrata Aécio Neves, "no está sola" para enfrentar un segundo período que se perfila turbulento, entre otras razones por el deterioro de la economía y las graves denuncias de corrupción.

En tal sentido, el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, consideró como muy importante la concurrencia masiva de militantes y activistas sociales, para que Rousseff "sienta que tiene apoyo popular, que está respaldada para realizar los cambios que desea y debe hacer, y para que el país vea que ella tiene legitimidad".

Rousseff reasumirá la presidencia con un índice de aprobación cercano al 40% pero agobiada por la crisis en Petrobras, la cual amenaza con estremecer el flamante Gobierno ya en febrero, cuando se conozca una lista que está en manos de la Fiscalía, en la que figuran 26 políticos oficialistas acusados de participar en la red de coimas.

Según la prensa, se trata de ministros, exministros, diputados, senadores, gobernadores y exgobernadores acusados de haberse apropiado ilegalmente entre 2004 y 2012 de unos 3.800 millones de dólares en base a una práctica sostenida de sobrefacturaciones en los contratos de la petrolera controlada por el Estado.

El temor a que alguno de sus nuevos ministros forme parte de la "lista negra" llevó a Rousseff a solicitar a los fiscales, antes de anunciar su nuevo Gabinete, que le proporcionara la nómina de denunciados, pero el pedido le fue negado por regir el secreto del sumario.

Si se confirman las sospechas, el escándalo podrá generar un terremoto en el oficialismo y en la base aliada en el Congreso, lo que creará más dificultades para Rousseff para mantener a raya a un legislativo que viene dando indicios de poca docilidad.

El escándalo tiene además consecuencias económicas. Según la cotización de sus acciones al 22 de diciembre, la empresa perdió en 2014 el 43,6% de su valor, que pasó de 91.000 a 51.600 millones de dólares.

Además, la compañía enfrenta cuatro juicios en Estados Unidos -tres impulsados por fondos e inversores y uno por la ciudad de Providence, capital del estado de Rhode Island-. Los demandantes pretenden ser indemnizados por las pérdidas sufridas a raíz de la caída en los precios de las acciones.

El otro gran reto de Rousseff en su segundo mandato es el de cambiar el rumbo de la política económica, que fracasó en su propósito de mantener la economía en crecimiento y fomentar el proceso de mejora de las condiciones de vida de los más pobres.

El modelo basado en estímulos al consumo e incentivos fiscales a sectores productivos logró éxitos importantes en la primera década del siglo XXI, pero dejó de funcionar en los últimos años y en 2014 resultó en un grave deterioro de las cuentas públicas, al tiempo que la economía se mantuvo virtualmente estancada.

Según los últimos pronósticos, el crecimiento del PBI quedará este año en torno del 0,2%, la inflación anual podría incluso superar al 6,5% -el techo de la meta oficial-, y la balanza comercial será probablemente deficitaria por primera vez en doce años.

Objetivos

El propio presidente del Banco Central, Alexandre Tombini -quien permanecerá en el cargo en el segundo mandato- admitió en recientes declaraciones ante el Congreso, que sólo a fines de 2016 la inflación volverá a acercarse a la meta central del 4,5% anual.

Para comandar el ajuste, Rousseff designó como titular del Ministerio de Hacienda para su segundo Gobierno al economista Joaquim Levy, conocido por sus posiciones ortodoxas y quien ya anunció una política de ajuste fiscal destinada a asegurar un superávit primario del 1,2% del PBI el año que viene y de "al menos 2%" en los dos años siguientes. El crecimiento económico no superará en 2015 el 0,8%, estima el mercado.

El nombramiento de Levy generó resquemores en las filas del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), ya que el futuro ministro está considerado como un liberal, cuyas concepciones sobre economía serían más cercanas a las del adversario de la mandataria en las últimas urnas, el socialdemócrata Neves.

La ceremonia de investidura comenzará mañana a las 14:30 hora de Brasilia (13:30 de la Argentina), cuando la presidenta partirá desde el Palacio de la Alvorada, su residencia oficial, hacia la Catedral Metropolitana.

De allí, Rousseff se trasladará al Congreso Nacional, donde será recibida por los presidentes del Senado, Renan Calheiros, y de la Cámara de Diputados, Henrique Eduardo Alves.

En la sala del plenario de la Cámara baja la presidenta asumirá formalmente el compromiso institucional de cara a su nuevo Gobierno y pronunciará un discurso a la nación.

Luego se trasladará al edificio sede de la Presidencia, el Palacio del Planalto, donde pronunciará otro discurso e investirá a los 39 ministros que integrarán su nuevo gabinete.

Antes de retirarse, Rousseff saludará a las autoridades extranjeras presentes, entre los que estarán, según lo confirmado hasta el momento, los presidentes de Uruguay, José Mujica -a quien se presume acompañará su sucesor, Tabaré Vázquez-; de Chile, Michele Bachelet; de Venezuela, Nicolás Maduro; y de Costa Rica, Luis Guillermo Solís; y los vicepresidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y de Argentina, Amado Boudou, quien representará a la presidenta Cristina Kirchner, que se recupera de una fractura.

La jornada concluirá en el Palacio Itamaraty, sede de la Cancillería, con un cóctel.

Agencia DPA y Ámbito Financiero

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