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Dilma venció con holgura y es la primera mujer en llegar al poder
Dilma Rousseff, que asumirá el 1 de enero la presidencia de Brasil, construyó su triunfo sobre la base de su imagen de buena administradora y del carisma, los éxitos y la popularidad de Luiz Inácio Lula da Silva.
Un sentimiento de euforia se apoderó del comité de campaña del Partido de los Trabajadores (PT) instalado en un hotel de Brasilia, al que de a poco se iban sumando ministros, parlamentarios y gobernadores. La postulación de Rousseff, que asumirá su cargo el 1° de enero próximo, fue impulsada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien se involucró de lleno en la contienda y puso a favor de su ex jefa de Gabinete su prestigio y su aparato político.
«La erradicación de la miseria es la meta y pido el apoyo de todos para llegar a superar ese abismo para ser una nación desarrollada», afirmó Rousseff y despertó una ovación entre los presentes. «Vamos a mejorar el gasto público, pero sin afectar los programas sociales y los servicios esenciales» agregó en referencia a los planes estrella de quien será su antecesor. «He recibido la misión más difícil de mi vida», sostuvo visiblemente emocionada luego de destacar la creciente «igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres».
En la primera ronda de las elecciones, realizada el 3 de octubre, Rousseff parecía encaminarse a una tranquila victoria, pero los sondeos no previeron la fuerza del voto religioso, que favoreció a la ecologista Marina Silva y forzó la realización de un balotaje. Desde las mismas consultoras apuntaron luego que más del 70% los 20 millones de votantes «verdes» se decantarían por Serra, pero los resultados conocidos ayer demostraron que ese electorado se dividió prácticamente en partes iguales entre los dos candidatos en pugna.
Muy temprano en la mañana Rousseff votó en una escuela de la ciudad de Porto Alegre, en Río Grande do Sul, adonde llegó escoltada por una multitud de seguidores que portaban banderas y pancartas.
A su turno, Lula hizo lo propio en una escuela del municipio de Sao Bernardo do Campo -donde comenzó su carrera como dirigente sindical y mantiene su domicilio particular-, acompañado de su esposa, Marisa, y políticos allegados.
Ante los rumores que indican que el popular mandatario, que cuenta con el 80% de aprobación, podría presentarse en las elecciones de 2014, fue tajante: «No sé si estaré vivo en 2014. Yo no puedo hacer pronósticos por mucho tiempo después de los 65 años (los cumplió el 27 octubre), además no tengo voluntad de volver al Gobierno. Ahora mi voluntad es descansar...», aseveró en un intento por no opacar la figura y la autoridad de Rousseff.
«No tengo duda alguna de que ella realizará un gran gobierno para este país», afirmó Lula.
Además del Presidente, los brasileños eligieron en segundo turno a los gobernadores de ocho estados: Alagoas (donde ganó el PSDB), Pernambuco (se impuso el Partido Socialista, PSB, aliado al PT), Piauí (PSB), Goiás (PSDB), Pará (PSDB), Amapá (PSB), Roraima (PSBD), Rondonia (PMDB, en la coalición con el PT) y del Distrito Federal (PT), donde está localizada Brasilia, la capital del país.
Los estados de San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais ya habían liquidado la contienda en la primera vuelta, con la elección de Gerardo Alckmin (PSDB), Sergio Cabral (PMDB) y Antonio Anastasia (PSDB), respectivamente. Desde la capital, Brasilia, hasta las favelas de Río de Janeiro, los votantes repitieron el tema que definió la campaña: la esperanza de que Rousseff continúe con los programas sociales y las políticas económicas de Lula.
Consciente de ese panorama, incluso Serra afirmó al momento de sufragar que enfrentaba «una batalla desigual», en una clara referencia a la economía en crecimiento, que llevó a muchos brasileños a poder comprarse por primera vez autos, televisores y otros bienes para el hogar.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA



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