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Dios en comedia superficial
Juan Leyrado es el Creador y Thelma Biral su psiconalista en esta obra de buen ritmo, que no profundiza en los temas que propone pero que divierte y reconforta.
En todas las religiones, la presencia de la divinidad es representada como algo tan portentoso que su mera visión fulminaría a cualquier mortal. Pero en esta comedia de la dramaturga israelí Anat Gov el vínculo entre el Dios y los hombres está tratado con humor, desparpajo y cierto espíritu iconoclasta. Por eso no resulta tan descabellado que el Dios judeo-cristiano tome la apariencia de un galán maduro y elegante y se presente ante una psicoanalista atea, para que lo rescate de una profunda depresión que podría derivar en suicidio. El motivo: la más preciada de sus criaturas lo ignora desde hace tiempo y se dedica a destruir el mundo que Él le brindó a cambio de compañía.
El encuentro entre Ana y el misterioso visitante se inicia entre chistes y malentendidos. Ella lo toma por un mitómano, él se complace en desconcertarla con datos increíbles y bromas sobre la creación ("la bolsita para el bebé canguro fue un gag de último momento"); hasta que por fin la convence de necesitar su ayuda. Puesto en marcha el acto terapéutico, Ana sondeará en la conducta del Creador con la ayuda de sus conocimientos bíblicos y freudianos, invitándolo renunciar a su poder y a su crueldad de antaño.
Gov cuestiona, específicamente, al Dios del Antiguo Testamento. Lo acusa de destruir pueblos enteros, enfrentar a los hermanos y someter a pruebas atroces a quienes más lo amaban. Pero así como Ana pone al Todopoderoso entre las cuerdas hasta conseguir que admita su necesidad de amar y ser amado, ella también sale transformada de esta reveladora sesión. Ya no le pesará criar sola a su hijo autista (Esteban Masturini en breve pero convincente aparición). En su nueva conexión con la fe y con la vida, la hábil terapeuta comprenderá que su pretendido ateísmo sólo encubría el enojo de una mujer desdichada. La obra no profundiza en los temas que propone, pero reconforta con su mensaje de optimismo. El buen ritmo de la puesta y la soltura con que Thelma Biral y Juan Leyrado pasan del drama a la comedia y de la risa al dolor.


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