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Djavan sedujo con su buen canto
Las piezas de Djavan son bien construidas, sencillas en su estructura, con melodías que se recortan y permiten el canto y la danza colectivos.
Unos pocos años más joven que Caetano Veloso y que Gilberto Gil, a punto de cumplir 64 en unos días, este gran músico y cantante brasileño nacido en Alagoas es, en buena medida, una síntesis y un continuador de la obra de aquellos referentes. En lo que hace Djavan -formado y curtido artísticamente en Río de Janeiro, donde llegó tempranamente- está el folklore de diferentes regiones de su país aunque metido entre el pop, la canción beatle (uno de sus primeros amores), la balada y, sobre todo, del funk. Son piezas bien construidas, sencillas en su estructura, con melodías que se recortan y permiten el canto y la danza colectivos, con letras que casi siempre hablan de cuestiones amorosas.
Y por esa virtud para la composición es que muchas de esas piezas fueron originalmente grabadas o replicadas por figuras como Chico Buarque, Joao Bosco, Lenine, Gal Costa, Daniela Mercury, Ney Matogrosso, Caetano, Os Paralamas do Sucesso, Al Jarreau, Claudia Acuña, Nana y Dori Caymmi, María Bethania, Ketama, Toots Thielemans, Carmen McRae o The Manhattan Transfer, en una enumeración que podría ser mucho más larga.
Pero eso no es todo, porque además Djavan es un cantante seductor, con una voz que juega en los agudos (a veces recuerda al mineiro Milton Nascimento; otras al citado Gil), que maneja su garganta a discreción, que se mueve con soltura por el escenario -en eso, surge la evocación a Veloso-, que halaga al público y a Buenos Aires sin caer en la demagogia, que organiza el repertorio entre piezas más conocidas y otras del disco que viene a presentar y que logra mantener la atención de un público que, en este caso, colmó el teatro Gran Rex.
Y como si fuera poco, vino acompañado por una banda excelente, con músicos que en sus trabajos personales también se mueven en el mundo del jazz, sostenida en un esqueleto pop (teclados por dos, bajo, guitarra, batería) a lo que se suman dos virtuosos en saxos, trompeta y fliscorno. Hay solos (del guitarrista argentino Torcuato Mariano, de los «vientistas», de los tecladistas) pero la tendencia general es al trabajo conjunto, a los bloques cerrados, a los «tutti» que tienen perfectamente aceitados.
Como es natural -y comercialmente lógico- interpretó varias de las canciones contenidas en el muy buen «Rúa dos amores» que se editó sobre finales del año pasado. Arrancaron muy bien «Pecado», y después se escucharon, por ejemplo, una versión casi acústica de «Bangalô», o la bellísima «Vive». Pero hubo además varios de sus hits -»Océano», «Meu bem querer», «Flor de lis»-, que fueron coreados por la platea ocupada en buena medida por brasileños -¿turistas?, ¿residentes?- que cada vez más hacen parte del paisaje de nuestra ciudad.


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