29 de noviembre 2013 - 12:54

Doce horas y un final para el Código que el PJ quiere olvidar

ÚLTIMAS HORAS DEL CONGRESO

Resulta difícil encontrarles utilidad a las 12 horas que ocupó el Senado en aprobar el proyecto de reforma y unificación del Código Civil y Comercial, más allá de una nueva aplicación de la clásica estrategia kirchnerista de forzar leyes en los recintos que esta vez no le aportó al Gobierno rédito alguno. Ese proyecto, tal como es hoy redactado, difícilmente vea la luz en Diputados el año próximo. Para peor, tras la votación del Senado y el increíble pedido de modificaciones que hizo Miguel Pichetto antes que se votara, se le garantizó a la unificación de códigos un regreso al Senado que no debería haber tenido. Menos cuando el debate se organizó sobre la base de una Comisión Bicameral en la que diputados y senadores discutieron el tema para llegar a un dictamen común, cerrado y sin opción (habida cuenta de la complejidad del tema) de más modificaciones. Todo ese edificio legal se vino abajo: en el Senado más que un avance del proyecto hubo un retroceso.

Quizás la única modificación que quede en pie en lo mediato de todo este debate sobre el Código Civil fue la ley complementaria que se votó en Diputados y que sí tendrá vigencia inmediata en cuanto la apruebe el Senado (quizás el próximo miércoles) para limitar la responsabilidad civil del Estado.

Casi un chiste: al no haber nuevo Código, esa ley opera como una reforma al Código actual donde los ciudadanos sí están amparados de posibles excesos u omisiones del Estado.

En lo legal tampoco se le encuentra sentido a la votación a la fuerza que hizo el kirchnerismo en el Senado, donde dejó evidencia de que buena parte de sus senadores no aceptaron la claudicación ante la Iglesia, como se lo hicieron saber a Pichetto en el recinto.

La explicación oficial sobre la necesidad de avanzar con el proyecto al menos en una cámara había girado sobre un argumento conocido, pero que esta vez terminó jugando como sofisma. Se afirmó que como al renovarse las cámaras todos los dictámenes sin tratamiento perdían estado parlamentario, la obra completa de reforma del Código Civil con su gira de audiencias por todo el país (y el año de congelamiento posterior) quedarían en la nada y el próximo Congreso debería comenzar de nuevo.

Mas allá de que el argumento resulte al menos extremo, ya que todo proyecto que pierde estado parlamentario puede volver a presentarse sin más trámite que otro sello en mesa de entradas, ese razonamiento técnico es directamente una falacia.

El artículo 2 de la Ley 13.640 y su modificatoria, la Ley 23.821, que rigen el trámite de expedientes en el Congreso, establece claramente que los proyectos de Código nunca caducan.

Es decir que si el kirchnerismo hubiera reconocido los problemas casi insalvables que le generó la soledad con que el Gobierno llegó a la votación al haber aceptado los pedidos de cambio hechos por la Iglesia que no sólo dieron marcha atrás con todas las reformas progresistas en materia de fertilización asistida, sino que complican aún más la situación con relación al actual Código Civil, no hubiera sucedido nada y el debate podría haber continuado el año próximo a la búsqueda de algún consenso.

Así, el artículo 1º de esa norma dice: "Todo proyecto de ley sometido a la consideración del Congreso que no obtenga sanción en una de sus Cámaras durante el año parlamentario en que tuvo entrada en el cuerpo o en el siguiente, se tendrá por caducado. Si obtuvo sanción en alguna de ellas en el término indicado, éste se prorrogará por un año más", y el 2 remata: "Exceptúanse de lo dispuesto en el artículo anterior los proyectos de códigos tratados con las naciones extranjeras, los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo sobre provisión de fondos para pagar los créditos contra la Nación y los reclamos de particulares con igual carácter".

Esa excusa, entonces, no resulta lógica. Pero menos lo fue el insólito cierre de Pichetto a las 4 de la madrugada en medio de las críticas que sus propios senadores le hacían desde sus bancas a los artículos que él mismo defendía. "La verdad es que yo no lo comparto. Voy a funcionar, por supuesto, como siempre he funcionado, con un concepto de disciplina política. Pido que la Cámara de Diputados pueda retomar la senda de un camino que es el correcto", solicitó Pichetto en soledad, ya que para ese momento la oposición había abandonado el recinto. Todo se podría haber evitado si el kirchnerismo no hubiera insistido en otra epopeya legislativa para forzar a la tropa tras una orden, como tantas otras votaciones a las apuradas y sin debates que se vieron en los últimos 10 años. Quizás ésta haya sido una de las últimas ocasiones en que se aplique ese estilo.

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