Dólar: sólo lo hacen “flotar” quienes pueden

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La política monetaria/cambiaria es central en la macro. En esta materia, está difundida la opinión de que la flotación cambiaria está generalizada y practicada por la mayoría de los bancos centrales. Y que es una elección abierta, que cualquier país puede adoptar. Esa también es la política recomendada por el FMI y buena parte de la teoría. Planteamos nuestra divergencia. Una cuestión decisiva para nuestra economía, la estabilidad de precios y la paz social.

Existen dos extremos de políticas monetarias/cambiarias: en una, tipo de cambio fijo, la autoridad fija la relación peso/dólar, y los particulares deciden el nivel de reservas y la cantidad de circulación monetaria. La otra, tipo de cambio flotante, la autoridad fija la circulación monetaria, o una regla crediticia, como tasa de interés de los fondos del banco central, y los particulares determinan el tipo de cambio.

Así, desde el punto de vista del control formal/matemático, ambos sistemas contienen un variable fijada por la autoridad; otra, por el mercado, y una tercera inamovible. Pero la gran diferencia está en lo sustancial, la estructura político/institucional y de gobernanza que implican. Así, la política monetaria de cambio fijo conlleva cero financiamiento del banco central, tanto al fisco como al sector privado. La maquinita sólo imprime en tanto el banco central compra dólares. Cada peso tiene el respaldo de dólares, en una proporción conocida por la gente. Por otro lado, el sistema flotante requiere gran profundidad financiera/institucional, las transacciones cambiarias se realizan enteramente entre particulares, el banco central ni compra ni vende a particulares en ningún caso. Por ello, los sistemas flotantes rigen con mayor eficacia donde la propia moneda es la unidad de cuenta de la población. Por otro lado, el cambio fijo es más adaptable donde la gente desconfía de sus autoridades e instituciones y emplea al dólar u otra divisa externa como unidad de cuenta.

Relevando la realidad mundial observamos sintéticamente: flotación pura, sin intervención del banco central en la compraventa de divisas, sólo existe respecto del dólar de EE.UU., el euro, y, en buena medida, la libra esterlina, y algunas de las ex colonias británicas (dólar canadiense, australiano y neozelandés). También el yen japonés. Aunque, el banco central de Japón ha intervenido en ocasiones utilizando sus reservas internacionales. Tampoco existe en Japón una clara independencia del banco central de las autoridades políticas, requisito ineludible de una política monetaria de tipo de cambio flotante puro.

En el resto del mundo, todos los bancos centrales registran importantes movimientos de sus reservas internacionales, señal de constantes intervenciones en el mercado cambiario/monetario. Recordemos, cuando el banco central vende divisas está contrayendo la cantidad de dinero en circulación de forma no anticipada, y viceversa cuando compra. De modo que no es cierto que la flotación pura rija en el mundo. Pues las autoridades intervienen permanentemente en los mercados monetarios/cambiarios. El caso reciente de China, la segunda economía nacional del mundo, con pérdidas de reservas por un billón (1.000.000.000.000) de dólares en el último año para sostener la cotización del yuan, es una contundente comprobación de que la flotación es un mito, un espejismo. Ese Gobierno comunista emplea al dólar de EE.UU. para garantizar expectativas y sostener su política monetaria.

El problema con estas intervenciones cambiarias es que introducen una dualidad, una incertidumbre en las políticas enunciadas, afectando las expectativas de la población. Anuncian una política, pero la modifican -no la respetan- cuando les parece.

Explicamos más arriba, la política monetaria de tipo de cambio flotante es sólo sostenible donde rige el imperio de la ley igual para todas las personas y tiempos. Y estructuras institucionales/financieras muy sólidas y extendidas. Una gran profundidad crediticia. El logro de las naciones más avanzadas.

En Argentina, con índices de precios desacreditados, una población que contabiliza, piensa y decide en dólares muchas transacciones, con instituciones frágiles, frecuente recurso de créditos del banco central para el Gobierno y particulares, permanente intervención del banco central en operaciones cambiarias y crediticias, la flotación sería poco creíble. Un sostén endeble para las expectativas. Por eso, para aquietar de cuajo las perspectivas inflacionarias, sería aconsejable eliminar el déficit fiscal (o establecer una pauta precisa y rápida), y establecer un tipo de cambio fijo. Es el sistema que la gente entiende y puede comprobar fácilmente. Ese programa ofrecería las mejores probabilidades de éxito en el futuro cercano.

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