3 de abril 2018 - 00:00

Dos tercios de los brasileños apoyan que FF.AA. se hagan cargo de la seguridad

Encuestas revelaron un grave panorama social. El auge del delito común y del narcotráfico se suma al descrédito terminal de las policías estaduales.

Polémica. La acción de los militares en las favelas de Río tiene el apoyo de la población, pero organismos defensores de los derechos humanos destacan el peligro de que actúen en tareas para las que no están entrenados.
Polémica. La acción de los militares en las favelas de Río tiene el apoyo de la población, pero organismos defensores de los derechos humanos destacan el peligro de que actúen en tareas para las que no están entrenados.
Brasilia - Dos de cada tres brasileños respalda la militarización de la seguridad pública, mientras en Río de Janeiro, intervenida por las Fuerzas Armadas, un tercio de la población dijo haber quedado atrapado en un tiroteo y al 73% le gustaría irse de la ciudad, revelaron dos encuestas publicadas ayer.

El 64% de los consultados apoya la presencia de los militares en sus estados para actuar contra la delincuencia, de acuerdo con un sondeo realizado por el instituto Ipsos y publicado en el diario O Estado de São Paulo.

En todas las regiones del país se registra un respaldo mayoritario al accionar de los militares en el combate a la delincuencia, lo que demuestra que la seguridad es un problema nacional", señaló Danilo Cersosimo, director de Ipsos.

El índice más alto se observó en la región amazónica, con un 80%, seguida por los estados del nordeste, con el 71%. Mientras, en el sur se registró el apoyo más bajo, con el 47%.

Semejantes niveles de apoyo a la militarización de la lucha contra el delito revela el grave problema de violencia de Brasil y el descrédito de las fuerzas policiales estaduales.

Sin embargo, la falta de seguridad no es el problema más acuciante. "Cuando preguntamos cuáles son los principales problemas, la violencia aparece en tercero o cuarto lugar, detrás de la salud, el desempleo y, a veces, de la corrupción", observó Cersosimo.

El apoyo a la presencia de las Fuerzas Armadas para combatir la delincuencia llegó al 63% en la región sudeste, donde se encuentran los estados de Río de Janeiro y San Pablo, los más importantes del país.

El presidente, Michel Temer, ordenó la intervención militar de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro el 16 de febrero, cuando asumió ese cargo el general Walter Souza Braga Netto, jefe del Comando Militar del Este.

El 14 de marzo, a dos días de cumplirse un mes de la intervención, fue asesinada la activista Marielle Franco, con cuatro balas de calibre 9 milímetros, provenientes de un arsenal que pertenece a la Policía Federal.

Poco antes de ser ejecutada, Franco había denunciado la violencia policial en las favelas y antes había criticado la presencia de los militares.

Al mismo tiempo, en el primer mes de intervención castrense de Río aumentó el número de balaceras diarias, según la aplicación Fuego Cruzado, diseñada por la ONG Amnistía

Internacional para ayudar a las personas a registrar los incidentes violentos.

Entre el 1 de enero y el 29 de marzo pasados hubo 280 horas de balaceras, de las cuales 44 tuvieron lugar en la favela Rocinha, donde se enfrentan dos facciones de narcotraficantes.

Los choques armados en Rocinha suelen repercutir en barrios elegantes de la zona sur de la ciudad próximos a ese asentamiento de casi 100 mil habitantes.

De acuerdo con la encuesta de la firma Datafolha, encomendada por el Fórum Brasileño de Seguridad Pública y publicada por el diario Folha de São Paulo, el 30% de las 1.012 personas entrevistadas entre los pasados 20 y 22 de marzo dijo haber vivido en el último año la experiencia de quedar en medio de un tiroteo en Río de Janeiro.

El 32% de esas personas son negras y el 38% viven en favelas, lo que, según el Fórum, refuerza la tesis de que la más expuesta a la violencia en Río de Janeiro es la población de las comunidades pobres, mayoritariamente negros.

El sondeo mostró igualmente que el 8% de los entrevistados fue víctima o cuenta con un pariente que fue alcanzado por una bala perdida en el último año.

Ante el agravamiento de la violencia, cerca del 92% de la población de Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad brasileña, dice tener miedo de experimentar un tiroteo, ser víctima de una bala perdida o morir en un asalto. Además, un 87% tiene miedo de morir asesinado.

De acuerdo con esa consulta, el 73% de los 6,7 millones de cariocas dijo que si pudiera dejaría la ciudad, capital turística de Brasil.

Siete de cada diez habitantes de Río vive con miedo, algo que afecta tanto a quienes habitan las favelas de Rocinha, Maré o Vila Kennedy, como a quienes habitan en barrios acomodados como Copacabana o Ipanema.

Pero la aprehensión hacia la policía es más alta en las comunidades pobres, donde el 81% de las personas están preocupadas por la posibilidad de que sus hijos sean detenidos injustificadamente y el 78% le teme a la violencia de las fuerzas de seguridad.

Agencias ANSA, AFP y EFE,


y Ámbito Financiero