7 de mayo 2012 - 00:00

Drácula inspira al estupendo Scafati

La actual muestra del eximio dibujante Luis Scafati consta de dibujos y pasteles, los primeros dedicados a Drácula, en escenas que oscilan entre lo trágico y lo humorístico.
La actual muestra del eximio dibujante Luis Scafati consta de dibujos y pasteles, los primeros dedicados a Drácula, en escenas que oscilan entre lo trágico y lo humorístico.
Luis Scafati (Mendoza, 1947) es uno de nuestros dibujantes más eximios y con un curriculum abultado. No expone individualmente muy a menudo ya que uno de los canales de expresión más frecuente es la ilustración de libros, tarea que le depara satisfacciones y honores como «La Metamorfosis» de Kafka, «Don Quijote», «Martín Fierro», «El Gato Negro» de Poe, «La Peste Escarlata» de Jack London, dibujos eróticos, «La Ciudad Ausente» de Ricardo Piglia.

Gran premio de Honor del Salón Nacional de Dibujo, Ciudadano ilustre de Mendoza, Doctor Honoris Causa en la Facultad de Artes de la Universidad de Cuyo (2012), ha expuesto en galerías y museos en el país, en Madrid, Barcelona, Frankfurt, Tours, (Francia).

Su actual muestra en la galería Hoy en el Arte (Juncal 848), consta de dibujos y pasteles, los primeros dedicados a Drácula, novela gótica que, como es bien sabido, llevó a la fama a Bram Stocker. Como sucedió con Kafka, Scafati puede mostrar el horror, lo gestual del espanto, la mueca, lo humorístico, porque así consideraba Kafka a «La Metamorfosis», el último aliento de Gregorio Samsa, todas las noches del diabólico relato, así sucede con la serie de Drácula y nos introduce a lo largo «del sinuoso camino que atraviesa el aire helado del anochecer cuando Jonathan Harker atisba el paisaje envuelto en sombras y ve a un ave rapaz engullendo una rata».

Son formas, líneas, manchas , a veces, un dibujo enmarañado como la cabellera de Lady J «que aguarda con ansiedad a una misteriosa visita, una presencia en forma de niebla oscura que todas las noches penetra en su alcoba a través del estrecho orificio de la cerradura. Ella cierra los ojos y se abandona al caudaloso torbellino que la somete».

Escenas que oscilan entre lo extremo de lo trágico y lo humorístico, en las que la imagen de la muerte se cuela y corre un frío por la espalda. Durante la cena , Jonathan se siente observado por la ominosa figura del Conde y el esqueleto del pescado sobre la mesa no habla de un banquete exquisito. Después lo sigue a través de corredores helados y oscuros, atraviesan salones vacíos. Hasta puede oírse un gemido ahogado pero sólo encuentra tinieblas. Y son estas las que envuelven al contemplador, el frío helado lo penetra y hasta puede sentir el estremecimiento de Madame S. que ha sido salvajemente mordida; Scafati dibuja la sangre tibia que resbala por su carne rosada.

Como Harker, uno se pierde en laberintos de escaleras interminables y puertas clausuradas. El dibujo de Scafati puede asociarse al laberinto que está en nuestra mente, a ese aspecto oscuro del que afortunadamente no somos conscientes.

Los pasteles que presenta por primera vez, están relacionados con la necesidad, según confiesa el artista, de trabajar con la luz, con iluminar situaciones influenciadas por el comic como por ejemplo: «Avenida», los autos de animación protagonistas de «Cars», por la calle Corrientes, «Encuentro Nocturno» y otras obras que a través de su aparente ingenuidad rozan lo siniestro,

Clausura el 12 de mayo

En momentos en que se discute la validez u obsolescencia del libro impreso, y la aparición tecnológica del e-book, discusión por otro lado bienvenida, constituye un verdadero placer entrar a la galería Laura Haber (Juncal 885) y encontrarse con la poética visual de Rubén Grau, nacido en Buenos Aires en 1959. Pintor, dibujante, poeta, escultor, presenta su proyecto Mnemosyne, en la simbología griega, la personificación de la memoria. El objetivo del proyecto es registrar las bibliotecas personales de artistas, escritores y poetas destacados de nuestra cultura.

Grau fotografió las bibliotecas de Clorindo Testa, Yuyo Noé, Benedit, Bedel, Stupía, Roberto Elía, que actúan como disparadoras para generar un conjunto que incluye imágenes, textos, objetos, instalaciones que revelan a un artista interesado en rescatar lo artesanal, el oficio y lo que está detrás de cada uno de esos artistas, qué leen, qué conservan, cómo se nutrieron espiritualmente.

Hay un elemento recurrente, una sillita sobre una rama, frente a un espejo, sobre un libro o un cuaderno, las plumas de acero con las que se escribía, lapiceras, libros de barro, casitas de conocimiento, palabras, letras góticas; las cajas que las contienen ejercen un gran magnetismo y despiertan una suerte de nostalgia. Se descubren frases como la de Julio Cortázar: «Hay alguien detrás, como, alguien que sabe y espera».

Excelentes las fotografías de las bibliotecas , algunas muy ordenadas, otras no tanto, títulos que hay que leer inclinados, colores, volúmenes valiosos, que nos hablan de la identidad del que la posee, intervenidas por sutiles hilos y, last but not least, reveladoras del gran lector que es Rubén Grau que ha encontrado una fuente de inspiración inagotable, la palabra que nos lleva al mundo real y al de la fantasía.

«Si junto a una biblioteca, tienes un jardín, ya no te faltará nada», dijo Cicerón. ¿Los tendrán aquellos que pasan sus dedos por el kindle?

Clausura el 25 de junio

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