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Droga declaró la guerra al Estado
Al parecer, los escoltas se bajaron para repeler el ataque hecho desde otro vehículo. Fue inútil.
Murieron Torre Cantú, que apuntaba a convertirse el domingo en el nuevo gobernador del estado mexicano de Tamaulipas por una coalición encabezada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y varios de sus acompañantes. Y las instituciones quedaron malheridas.
Fue el primer atentado que se atribuye al crimen organizado contra un político de alto nivel en México. Hasta ahora, habían muerto precandidatos, alcaldes. No un candidato a gobernador, y menos en la recta final de la campaña y con todas las posibilidades de ganar.
En momentos en que el país vive una escalada de violencia, después de tres años de una controvertida guerra abierta del Gobierno de Felipe Calderón contra el crimen organizado, se multiplicaron las voces de condena. También, los reclamos de que se revise la estrategia.
Según el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, también miembro del PRI, no se vivía una situación así desde que en 1994 fue asesinado, en plena campaña y en un hecho que se atribuye a cuestiones políticas, el candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio. «Yo creo que no observábamos este clima, este ánimo de consternación desde el fallecimiento del entonces candidato presidencial Colosio», dijo Peña Nieto, señalado como uno de los aspirantes con posibilidades de suceder a Calderón en 2012.
El asesinato de Torre Cantú mostró el poderío del crimen organizado, en vísperas de la renovación de 12 gobernadores, más alcaldes y legisladores. Pese a que hay más de 60.000 soldados y policías federales en esta lucha, las muertes a plena luz del día no cesan.
Más de 23.000 personas han sido asesinadas desde que asumió Calderón, la mayoría en pugnas entre cárteles. Y aunque México y Estados Unidos afirman que la estrategia es la correcta, este tipo de sucesos reavivan las dudas entre quienes cuestionan el camino elegido.
«El clima de violencia existente en el país cobró una víctima más», dijo la presidenta del PRI, Beatriz Paredes. «México requiere la vigencia de sus instituciones democráticas, mucho más, cuando la violencia y el desconcierto pretenden enseñorearse en el país».
El narcotráfico ya mató civiles con granadas en un festejo patrio, asesinó a policías federales en emboscadas, torturó y decapitó a militares, amenazó y mató a alcaldes. Ahora, dio un paso más, y nadie sabe cuáles serán sus límites.
Agencia DPA


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