Ulises Dumont fue despedido
ayer por el público y
sus colegas en la Chacarita.
"Para rodar en el sitio elegido debíamos bordear una villa miseria, lo que hicimos con un policía de la seccional cercana, no sea cosa que perdiéramos los equipos. Sube un cana grandote, de bigotitos, mira a todos con desprecio, y al único que saluda es a mí. 'Esto lo hacemos nada más que por usté, señor Du-Pont (con pe), porque a los demás, ¿quién los conoce?'. Los demás eran mi suegro Federico Luppi y Adolfo Aristarain", solía contar, entre risas, Ulises Dumont.
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Artista con todas las letras, de un humor siempre entusiasta, el sepelio de ayer en el cementario de la Chacarita, donde sus restos fueron cremados bajo una lluvia inoportuna, le habría inspirado unos cuantos chistes. Si no los dijo es porque justo le tocó el papel de muerto. Antes, a lo largo de 50 años, le tocó hacer la Nona original del grotesco de Roberto Cossa, el mejor Arlequino de su época, el hombrecito insidioso de «Sentimental», el pistolero miope de «Últimas días de la víctima», el tímido que fracasa como extra en una antológica escena de «Los enemigos», el piloto peronista de «No habrá más penas ni olvido», el resignado ladero de un mitómano en «La película del rey», el viejo profesor enamorado de una alumna jovencita en «Yepeto» (papel que hizo durante cinco años en teatro), el ingenuo inventor apaleado por crear un remedio contra la pobreza en «El viento se llevó lo que» (simplemente, la cámara acercándose de a poco hacia su rostro, mientras él cuenta algo gracioso que se va haciendo cada vez más trágico), el jefe de «El mismo amor, la misma lluvia», el suicida fracasado que reencuentra a su vieja novia en «Historias clandestinas de La Habana», el amigo fiel que se banca una puñalada con total indiferencia en «Rosarigasinos», el ejecutivo argentino de la catalana «Smoking Room», el ciruja galante de «Conversaciones con mamá», etc.
Nacido el 7 de abril de 1937 en Núñez, se apasionó por el teatro desde la primera vez que subió a un escenario, a los 19 años, integrando un conjunto vocacional, mientras de día era simple vendedor callejero. Más tarde, egresado del Conservatorio, integró los elencos de «El puente», «El pan de la locura», «El acompañamiento», «Gris de ausencia» y otras cuantas obras nacionales que hicieron época. En televisión actuó comparativamente poco, destacándose sus participacionesen «Nosotros y los miedos», « Situación límite», y «Hombres en pugna», aunque muchos lo ubican mejor por alguna telenovela alimenticia. Pero en cine superó las 80 películas, a veces integrando excelentes proyectos, muchas otras dando una mano a cintas cuya visión hoy solo se justifica por su presencia.
Lo suyo eran papeles de reparto, pero casi siempre parecía comerse al protagónico, inclusive cuando el otro tuviera facha y cartel de sobra. Con su figura de tipo gordito, bajo, de rostro poceado y calvicie avanzada («esa basura de hombre común que yo hago», bromeaba), Dumont sólo tuvo cinco protagónicos, y en los cinco dictó humildemente cátedra: el tímido dominado por la madre de «Los enemigos», el retrato bien complejo y atractivo de «El censor», el profesor de «Yepeto» (los tres con dirección de Eduardo Calcagno), el viudo de «La esperanza», y el hombre cansado que logra fugaz compañía en el sentimental «Yo la recuerdo ahora».
Varias veces premio Molière, María Guerrero, Podestá, Konex, y Cóndor de Plata, deja dos hijos grandes (uno de los cuales lo acompañó en «Rosarigasinos»), multitud de amigos, y ocho películas a medio hacer.
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