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EEUU define la vía de escape a su severa crisis
LOS COMICIOS SE CONVIRTIERON EN UN REFERENDO DEL DEMÓCRATA, QUE CARGA CON PROMESAS INCUMPLIDAS
El promedio de las encuestas reflejadas en el sitio Real Clear Politics seguía marcando una ínfima ventaja de Obama en la intención del voto nacional, quien mantenía al cierre de esta edición mejores perspectivas en la decena de estados con tendencia de voto pareja, que son los que definirán quién alcanza los 270 delegados que dan la mayoría en el colegio electoral.
Aun así, la noche electoral podría ser larga. En los últimos días se sumó a la lista de distritos en duda Pensilvania (20 delegados), un estado con alta población de jubilados que el Partido Demócrata no pierde desde 1988.
Romney requerirá que se alineen lo planetas para cantar victoria, pero si llegada la medianoche se asegura Ohio (18), un estado oscilante que combina voto industrial y rural, los demócratas sacarán fuego a sus calculadoras para proyectar el cómputo final.
Como durante toda la campaña, el opositor y el oficialista se abocaron ayer a los «swing states». El presidente comenzó por Wisconsin, presentado por Bruce Springsteen. Voló a Cincinatti a buscar los votos más esquivos de Ohio, los de la zona rural y blanca, y terminó la campaña en Iowa, para refugiarse con Michelle anoche en Chicago.
Su contendiente empezó el día en Florida (20 delegados), un estado clave que tendría a su favor, retornó a Ohio por 44ª vez en la campaña; hizo una escala en Virginia, un distrito con tradición conservadora ganado por Obama hace cuatro años, y terminó cerca de la medianoche en New Hampshire. Sólo ayer, entre los actos presididos por los postulantes y sus compañeros de fórmula, el demócrata Joseph Biden y el republicano Paul Ryan, fueron 17 en ocho estados.
Del lado demócrata no cambió únicamente la pasión del electorado. Las manifestaciones de campaña fueron menos numerosas, menos entusiastas y menos diversas. También cambió Obama.
Atrás quedaron sus promesas algo inasibles de 2008 y su esperanza en «el trabajo conjunto bipartidista». Al mandatario demócrata se le fue buena parte de la energía en la reforma sanitaria y en intentar cobrar impuestos a los sectores de mayores ingresos. La ley de salud, en una versión acotada, resultó aprobada tras una extenuante negociación en el Congreso y su cuerpo principal entrará en vigor, si no gana Romney y si no se presentan nuevos problemas judiciales, en 2014. El cambio impositivo fue imposible. A poco de asumir, el presidente demócrata comprobó que sus aspiraciones de consenso servían de poco.
Obama parece haber tomado el guante en esta campaña. Retornó acaso al tono más ácido de sus primeros pasos en la política. Habló de «venganza» días atrás. Cuando sus partidarios comenzaron a silbar a su rival, el postulante demócrata los calmó: «La mejor venganza es ir para adelante».
Tras permanecer callado en el primer debate electoral, ganado por el exgobernador de Massachusetts, en los dos siguientes y en todas sus intervenciones públicas intentó trazar una línea divisoria entre «un defensor de los privilegios de una minoría» y las grandes mayorías.
«Great Expectations» fue el título de tapa de la revista Time en enero de 2009, en la antesala de la asunción de Obama en la Casa Blanca. El próximo mandato, si lo consigue, deberá buscar otro título entre las novelas de Charles Dickens.
Por lo pronto, se viene una pelea no menor cuando a fin de año caduque el esquema de excepciones impositivas diseñado por Bush y que beneficia a quienes ganan más de 250.000 dólares anuales y, especialmente, a los multimillonarios.
Obama quiere aumentar las tasas a ese segmento para comenzar a reducir una deuda de 16 billones de dólares y un agujero fiscal anual de más de 1,1 billón anual, pero para ello será necesario que se destrabe la parálisis que supone el dominio de cada partido de una de las cámaras.
* Enviado Especial a EEUU


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