6 de marzo 2015 - 00:00

EE.UU. mejor que Europa hasta en crímenes: ¿qué fue lo que pasó?

Un interesante análisis comparativo efectúan los economistas Sebastián Galiani y Laura Jaitman sobre la evolución del crimen en EE.UU. y en Europa. Como sucedió con la administración de las crisis financieras, pareciera que Estados Unidos tiene una mejor performance que del otro lado del Atlántico. Con datos precisos, en el sitio “focoeconomico.org” fudamentan las causas detrás de estos fenómenos.

Contrario a la percepción común, el crimen (con excepción de los homicidios) es más frecuente en Europa (Austria, Francia, Alemania, Italia, Holanda, España y Reino Unido) que en EE.UU., cuando lo opuesto fue cierto hace aproximadamente 30 años. En efecto, los datos oficiales de la Policía muestran que mientras en EE.UU. la criminalidad ha disminuido significativamente, en Europa no ha dejado de aumentar. Este sorprendente hecho contrasta con el estereotipo de una Europa segura en relación con una América del Norte insegura. ¿Cómo se puede explicar este fenómeno? Intentaremos responder este interrogante a partir de la teoría económica del crimen.

•En 1970 la tasa de criminalidad total en los siete países europeos considerados representó un 63% de la cifra correspondiente a EE.UU., mientras que en 2007 fue un 85% más alta que la de EE.UU. Esta sorprendente reversión surge de un aumento constante en la tasa de criminalidad en Europa durante los últimos 40 años, y una disminución de esa tasa en EE.UU. a partir de 1990. Este cambio también se observa claramente en los delitos contra la propiedad y delitos violentos. Al parecer, la experiencia americana es una historia de éxito en la lucha contra la delincuencia en comparación con lo que ocurrió del otro lado del Atlántico.

•En el contexto de la economía del crimen, podemos agrupar las estrategias de control del crimen en aquellas que disuaden las actividades ilegales al aumentar el costo esperado de delinquir (por ejemplo, mejorar el despliegue del patrullaje, aumentar la eficacia de la Justicia) y en las estrategias de prevención que desincentivan la comisión de delitos al aumentar el retorno esperado de las actividades legales (por ejemplo, mejorar la educación e inserción laboral de los potenciales victimarios, o el tratamiento farmacológico o terapéutico).

Muy pocos estudios ofrecen una explicación de los movimientos generales en las tasas de delincuencia nacionales y sus determinantes a lo largo del tiempo. En ellos, la distribución de la edad de la población y la severidad de las sanciones generalmente se mencionan como factores muy importantes. Tres de los estudios más destacados en la literatura sobre los factores determinantes del crimen en EE.UU. son el de Levitt (2004), Zimring (2006) y Baumer (2009). Levitt (2004) atribuye la disminución de los índices de criminalidad en EE.UU. a partir de la década del 90 a cuatro factores: el incremento en la tasa de encarcelamiento y la cantidad de policías, la disminución del consumo de crack y la legalización del aborto en la década de 1970. La teoría subyacente a la legalización del aborto es que los niños no deseados tienen mayor riesgo de cometer crímenes. Por lo tanto, la legalización del aborto reduciría en última instancia el nacimiento de niños que, de haber nacido, habrían sido más propensos a cometer delitos cuando llegaran a sus años de adolescencia. Levitt (2004) concluye que el incremento observado en las tasas de encarcelamiento habría reducido las tasas de homicidios y de crímenes violentos en un 12% entre 1991 y 2001 en EE.UU. El impacto de la población penitenciaria en los índices de criminalidad debe interpretarse como la suma de dos efectos: la disuasión (una población carcelaria grande implica una alta probabilidad de encarcelamiento para los delincuentes potenciales) y la incapacitación (dado que las personas que están encerradas no pueden cometer delitos).

Zimring (2006) también destaca como factor central de la disminución del crimen en EE.UU. el aumento sustancial de las tasas de encarcelamiento, que se han más que triplicado en EE.UU. desde la década de 1970. Además, señala otros dos factores relevantes. El primero de ellos es la mejora en las condiciones económicas que determinaron un extraordinario y sostenido crecimiento en la economía norteamericana desde comienzos de los años 90. De acuerdo con el modelo económico del crimen (Becker, 1968), las mejoras en las oportunidades laborales aumentarían el retorno de las actividades legales, desincentivando la participación en actividades ilegales, y por tanto reduciendo el delito (ver esta entrada previa). El segundo factor es el cambio en la estructura de edad de la población caracterizado por una disminución sustancial en el porcentaje de individuos en la edad más propensa a delinquir. Si bien estos factores son los más importantes según su contribución relativa a la disminución del crimen en los 90', el impacto acumulado de los tres factores explicaría menos de la mitad de la caída del mismo.

Finalmente, Baumer (2009) adopta un enfoque más amplio sobre los posibles factores que afectan el crimen incorporando aquellos raramente incluidos en la literatura, tales como el nivel de domesticidad (aproximado por el porcentaje de parejas casadas), la tasa de inmigración y las condiciones en que la población juvenil contemporánea nació. Otros factores importantes habrían sido el mejoramiento en las condiciones económicas, la disminución en la prevalencia de madres adolescentes con un rezago de 10 a 15 años y el incremento en el número de policías per-cápita.

De todas las variables explicativas que analizamos, la diferencia más llamativa entre Europa y EE.UU. se encuentra en las tasas de encarcelamiento. En 1970 la relación de EE.UU. respecto a Europa en este indicador fue de 4, mientras que en 2008 fue de 7. Aunque existen diferentes patrones a través de los siete países europeos que se consideraron, en ninguna parte de Europa las tasas de encarcelamiento son tan altas como en EE.UU. Esto sugiere que el encarcelamiento podría tener un rol importante en el movimiento de las tasas de criminalidad.

Es interesante resaltar acá la evidencia que presentan Di Tella y Dubra (2008), quienes encuentran que en EE.UU. para el período considerado, las creencias sobre políticas más punitivas están positivamente correlacionadas con las creencias que posee la población sobre si las personas que se esfuerzan tienen o no mejores oportunidades económicas (el "Sueño Americano"). Finalmente, creemos que probablemente pueda ser sea más efectivo, y en muchas sociedades distintas a la de EE.UU. políticamente más viable, utilizar en forma complementaria acciones punitivas y de prevención del crimen.

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