21 de diciembre 2015 - 00:00

El 17-D: el despertar de la fuerza (del mercado)

 El 17 de diciembre de 2015 fue un día que muy pocos hubieran imaginado tiempo atrás. La decisión política de unificar el tipo de cambio y moverse a una flotación administrada, prometida en la campaña de Cambiemos, es una de las decisiones más arriesgadas y valientes de la historia económica de la Argentina. Es que tiene, más allá de su contenido técnico, una carga muy profunda en cuanto a los valores de organización económica que están detrás. Si había una sola forma, cruda y directa, de anunciar el fin del modelo político-económico derrotado en la elección de Octubre esta medida era sin duda la principal candidata. Es todo un símbolo que el ámbito en el que se determina el principal precio de la economía sea uno donde los agentes privados son los que van a definir los valores y el estado sólo la regulación de contorno. Es, además, una prueba empírica de economía de mercado contundente ver que es posible hacer una devaluación nominal similar a la que hicieron Kicillof y Fábrega entre diciembre de 2013 y enero de 2014 pero por medio de una flotación administrada y que el mercado sea el que encuentre el equilibrio de manera espontanea y auto-organizada. Es la mano invisible saludando victoriosa la despedida del modelo anterior.

Hasta aquí todo muy políticamente (pos Octubre) correcto, pero es inevitable ponderar los riesgos. El tema es que la oposición académica a semejante cambio paradigmático en materia cambiaria estuvo siempre basada en la ausencia de las condiciones apropiadas para una flotación estable. Los que saben mucho de economía de mercado, y no tienen un enamoramiento con el objeto de estudio, nos han enseñado a ver al mercado como un mecanismo imperfecto que funciona razonablemente bien en condiciones normales y que puede funcionar muy mal cuando esas condiciones no se verifican. Desarrollos más recientes de economía política son claros al mostrar que existe algo que se llama el teorema del segundo-mejor institucional que dice que un determinado arreglo organizativo (por ejemplo la flotación cambiaria) puede llevar a resultados distintos y peores a los esperados si existen otras distorsiones institucionales previas.

Las distorsiones institucionales previas que conspiran contra el éxito de la flotación cambiaria son varias y muy conocidas por los economistas argentinos con experiencia en programas de estabilización. El equipo económico ha tratado de señalar con vehemencia que todas son manejables. Pero no todas son iguales. La más urgente, y en donde se plantea la mayor confianza del equipo económico, es la capacidad de que las fuerzas conjuntas del gobierno y los agentes privados provean una entrada de capitales tal que recomponga reservas y ayude a estabilizar las expectativas. La más difícil de las distorsiones previas está en las restricciones políticas que definen la incapacidad del gobierno de realizar un rebalanceo fiscal que reduzca el déficit y la presión en la expansión monetaria de origen fiscal.

Los resultados fiscales en todas partes del mundo dependen de la configuración político-institucional vigente, y lo que la elección de Octubre dejó es una reconfiguración que no da señales de que haya un fuerte sesgo hacia el equilibrio fiscal.

La tercera y última distorsión que afecta las chances de éxito de la flotación es el proceso de formación de precios. Esto se ha reducido demasiado en los debates al tema del traslado (passthrough) de la devaluación cuando en realidad es algo más amplio y complejo que involucra a la ecuación de precios de la economía argentina y a la dinámica actual y esperada de todos sus determinantes (no solo el tipo de cambio) y también del mismo proceso de formación de precios, el cual puede estar cambiando luego de tantos años de represión económica sectorial de distinto grado. Varios de los movimientos de precios que vemos no tienen que ver con el tipo de cambio sino con esto último.

En la conferencia de prensa con el periodismo especializado, en la previa a la flotación, el equipo económico fue contundente en los detalles del proceso de apertura del mercado cambiario, pero fue demasiado ambiguo respecto a temas vinculados al programa fiscal y a la idea que ellos tienen sobre la dinámica de la ecuación de precios argentina. Discutir estos temas con el periodismo especializado está muy bien y es un gran avance respecto a los equipos económicos del modelo saliente. Pero para retornar a la normalidad sería muy sano que el equipo económico cotejara sus ideas y planes con los economistas profesionales y académicos, como se hacía en la Argentina antes de que ese verticalismo arrogante de la década pasada lo prohibiera. Va a ser un ejercicio muy enriquecedor y va a mejorar la comunicación, además de darle la oportunidad a gente que sabe mucho de economía a apoyar con ideas este histórico cambio de rumbo que el país ha tomado. Porque la alternativa a que esta flotación fracase no es para nada buena. Va a significar no sólo un aprovechamiento para denostar a los mercados otra vez, sino el riesgo de retroceder en el camino hacia la estabilidad macroeconómica.

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