“El 55% de palestinos apoya la violencia”

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Jerusalén - Los palestinos odian lo que tienen y desean lo que carecen. Ésta es una de las irónicas conclusiones del analista, catedrático político e investigador palestino, Jalil Shikaki. Se refiere a un dato revelador: si ahora mismo se celebraran elecciones, en la Franja de Gaza -controlada por el grupo islamista Hamás-, ganaría el nacionalista Al Fatah, mientras que en Cisjordania- gobernada por el presidente Abu Mazen de Al Fatah, triunfaría Hamás. Palabra de Shikaki.
Con más de cien encuestas a su espalda, es el que mejor sabe tomar el pulso de la calle palestina. No deja de preguntar intentando no caer en la encarnizada lucha entre los dos grupos palestinos. Aunque a veces realiza investigaciones con colegas israelíes, y sus publicaciones son una referencia en Israel, nadie se atreve a acusar a Shikaki de «colaboracionista». Sobre todo, porque nadie olvida que dos agentes del Mossad mataron en Malta en el 95 a su hermano Fatji, fundador del grupo radical Yihad Islámica.
Director del Centro Palestino de Investigación Política y Estudios de Opinión, Shikaki tiene una misión: identificar hacia dónde van los vientos, las esperanzas y frustraciones de los palestinos. «No soy nada optimista. El futuro para los palestinos es oscuro. Por ejemplo, el 55% de los palestinos apoya la violencia contra Israel. Es un dato que no se daba ni en los peores momentos de la Intifada», cuenta Shikaki.
¿Motivos de este dato? «Por un lado, el fracaso del proceso de paz de Annapolis. El palestino siente que no le ha traído nada excepto el levantamiento de algunos puestos de control. Sólo ven nuevos planes de colonias. Es decir, no hay acuerdo político ni cambios significativos en el terreno. Por otro, la guerra en Gaza. Es la primera vez en el conflicto que no todas las facciones lucharon contra Israel, que se centró en atacar a Hamás. Al Fatah no sólo no participó, sino que, para muchos, colaboró con Israel reprimiendo manifestaciones de protesta en Cisjordania», responde.
La única esperanza que ve Shikaki tiene bigote y cumple cinco cadenas perpetuas en una celda en la cárcel israelí: Marwan Barguti, detenido, juzgado y acusado de planear varios atentados. Según él, este ex líder de las milicias de Al Fatah y bautizado como «líder de la Intifada» es «el único capaz de ganar las elecciones tanto en Cisjordania como en Gaza. Muchos sólo confían en él».
Shikaki no revela ningún secreto cuando describe el pesimismo creado tras el nacimiento del nuevo Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu. «Dos tercios de los palestinos creen que la situación empeorará, y el resto opina que seguirá igual, es decir, con ocupación, colonias y puestos de control de Israel».
Sobre los planes de Netanyahu de enfatizar la cooperación económica en lugar de aceptar la fórmula «dos Estados para dos pueblos», Shikaki dice que «los palestinos quieren un líder fuerte en Israel, pero lo que más les importa es el proceso político y que acepte un Estado palestino». Y da un ejemplo: «El primer ministro palestino, Salam Fayed, lo está haciendo bien. Pero la calle palestina no tiene tanto en cuenta su honestidad o buena administración como por ejemplo las colonias que siguen creciendo o la confiscación de tierras en Cisjordania».
¿Barack Obama? «Gracias a él, hay cierta esperanza. La mayoría de los palestinos le da a Obama el beneficio de la duda, pero al mismo tiempo dicen que EE.UU. seguirá apoyando a Israel».
Shikaki, nacido en la Franja de Gaza, tiene su centro de investigación en Ramala. Sus datos también desmontan la teoría que en Cisjordania no se vive nada mal en comparación con el «infierno» de Gaza. «El 35% de los habitantes de Gaza desea abandonar la Franja, pero el 25% de Cisjordania también piensa lo mismo. Evidentemente, la situación es mucho mejor aquí en Cisjordania, pero no hay que exagerar», afirma.
Dice detectar hastío de la población de Gaza hacia el régimen de Hamás, pero en lo que respecta a la lucha armada es rotundo: «Los habitantes apoyan el lanzamiento de cohetes Qassam contra Israel. No porque quieran matar israelíes, sino debido al fracaso de las negociaciones de paz y para conseguir el fin del bloqueo».
Se despide sin variar su tono pesimista. Quizás realista. «Si no hay serios avances en el proceso de paz, a Abu Mazen le costará mantener los organismos de seguridad e incluso la gobernabilidad de la ANP», advierte. Todos, desde el último militante de Hamás hasta el primer dirigente de Israel, pasando por diplomáticos extranjeros o enviados especiales, saben que a las palabras de Shikaki no se las lleva el viento.

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