Barack Hussein Obama nació el 4 de agosto de 1961 en Hawái, fruto de una relación nada usual en aquellos años: la de su madre blanca y oriunda de Kansas, Ann Dunham, y su padre Barack Obama, un estudiante de intercambio negro procedente de Kenia al que apenas conoció.
Tras separarse, su madre se volvió a casar con un indonesio, lo que llevó al pequeño Obama a vivir durante cuatro años en el país que cuenta con la mayor población musulmana del mundo.
Esa etapa alimentó la leyenda ventilada por sus detractores de que fue educado como musulmán, incluso, de que no había nacido en EE. UU., lo que obligó a la Casa Blanca el año pasado a divulgar su partida de nacimiento.
Obama sólo volvió a Hawái para cursar secundaria, tiempo durante el cual vivió con sus abuelos. Su madre murió en 1995.
Sus estudios de Derecho lo llevaron a Nueva York y Harvard antes de hacerlo recaer en Chicago, ciudad en la que trabajó como asistente social y que se convertiría en su cuna política.
Allí conoció a la también abogada Michelle Robinson, con quien se casó hace veinte años y con la que tuvo dos hijas, Sasha y Malia.
En 1996 entró en el Parlamento de Illinois y sólo ocho años más tarde dio un salto más grande aún, logrando un escaño de senador en Washington.
Corolario de una fulgurante carrera, se convirtió en el primer negro en llegar a la Casa Blanca en los comicios de noviembre de 2008, tras una campaña en la que encarnó la esperanza de un cambio y derrotó a veteranos como su actual secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Su administración ha estado cruzada por la peor crisis económica desde los años 30. Las políticas de expansión del gasto que aplicó para contrarrestarla y las medidas suavemente regulatorias que adoptó le han valido agrios reproches de la oposición republicana.
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