4 de enero 2010 - 00:00

El antiestilo de Cristina en 2009

El antiestilo de Cristina en 2009
También al guardarropa de Cristina de Kirchner le llegaron los deseos de fin de año, época en la que surge la necesidad de reflexionar sobre logros y desaciertos, balances, que dejan al descubierto hasta dónde se cumplieron las expectativas proyectadas y cuán fuerte fue el poder de superación y que valen para el guardarropa. Cristina de Kirchner, como lo hizo a fines de 2008, se entregó a una limpieza en su placard para dejar atrás viejas prendas que poco tienen que ver con las nuevas tendencias que los gurúes de la moda auguran para 2010. Sin embargo, deberá ir más allá y no sólo desprenderse de ropa vieja, sino también de los vicios que caracterizan su estilo, casi una suma de errores.

Comenzó 2009 con la vulgar premisa: «Año nuevo, vida nueva», y se propuso renovar el maquillaje, pero seguir con los viejos modelos. Lo que más llamó la atención a comienzos del año pasado fue su rostro rejuvenecido. Como otros famosos locales (Susana Giménez, Araceli González, Adrián Suar y hasta otra dama de la política, Chiche Duhalde), Cristina de Kirchner se animó al bótox para disimular las arrugas de expresión, algo de colágeno en los labios y el drenaje linfático de siempre que le permite eliminar rápidamente los líquidos acumulados y lucir una figura más esbelta. Así, jovial y delgada, transitó el último verano, imponiéndose un estilo austero en su ajuar para acompañar el cambio.

A diferencia de su primer año de gestión, en 2009 dejó de lado esa obsesión por no repetir la ropa -que la llevó hasta la exageración de usar hasta tres conjuntos diferentes por día- y se permitió volver a ponerse lo mismo en ocasiones. Un intento, tal vez, de quitarse de encima la imagen frívola que los críticos de moda aseguraban que transmitía con tanto despliegue de ajuar. Como fuere, el cambio de actitud fue positivo. Pero la búsqueda de un estilo propio a la que se entregó durante el año pasado la llevó a cometer graves errores. Insegura de su estilo, en varias oportunidades copió modelitos de Michelle Obama, una de las mujeres mejor vestidas del mundo, según reconocidas publicaciones especializadas en la materia, como Vanity Fair y Vogue. Los elogios que la primera dama de los Estados Unidos recibió por su estilo colorido y despojado motivaron en Cristina de Kirchner a imitar sus elecciones. De ese modo sorprendió copiando la paleta de tonos shocking de la esposa de Obama (foto 4). Pero no tuvo en cuenta que sólo favorecen a la piel de ébano y las melenas oscuras como la de Michelle y no combinan para nada con la blancura y el cabello cobrizo que exhibe Cristina de Kirchner.

Por caso, el tema del peinado es una de las asignaturas pendientes que la Presidente debe resolver en 2010. El año pasado comenzó con la melena larga peinada casi siempre con brushing y raya al costado. A principios de marzo ensayó con flequillo, inicialmente largo, desmechado y peinado hacia el costado, aunque con el correr de los meses sufrió variaciones: recto, extremadamente bombé -como se usaba en los 90- y hacia atrás. También hubo cambios en el largo, que se fue acortando unos pocos centímetros cada mes hasta exhibir hacia fin de año un desmechado con capas a la altura de los hombros. Subió algunos tonos el color del cabello -hasta el punto de tener reflejos colorados-, pero siempre mantuvo el cobrizo. Muchos retoques, pero el resultado fue siempre el mismo: un peinado poco elegante para cualquier dama de más de 40 años e inapropiado para una mandataria.

Con la llegada del otoño y las primeras bajas temperaturas, regresó con los pañuelos en la garganta. Encantada con ese accesorio -que reemplazó a las grandes gargantillas de oro que la dama solía usar al comienzo de su mandato-, hubo meses enteros en los que exhibió el cuello tapado. Una lástima que tampoco en 2009 aprendió a usarlos. Los anuda de manera ordinaria, nunca adelante, lo que le quita movilidad dando una sensación de cuello ortopédico, o para atrás, al estilo cowboy.

El frío le provee la excusa perfecta para usar pantalones, pero tampoco tuvo suerte con esta prenda que muchas veces llevó de manera desprolija, con ruedos excesivamente largos -hasta el punto de rozar el suelo (foto 5)- y muchas veces demasiado apretados en las caderas, que en el invierno recuperaron el volumen. Gris, rojo, bordó, violeta, verde seco, azul y negro fueron los colores que se convirtieron en los comodines del ajuar invernal de Cristina de Kirchner. Aunque también se permitió prendas en animal print que se pusieron de moda en la temporada otoño-invierno, un exceso para una presidente, aunque esperable en una fashion victim como ella.

El año pasado fue de muchos viajes al exterior para la Presidente. Continuó con esa tendencia de adaptar su ajuar a la cultura que visita, manía que la llevó a rozar el ridículo, por ejemplo, en Rusia, donde se mostró con un gorro de piel (chapka) o en la India con una túnica como las que usan las damas en aquel país (foto 1). Al menos acertó en su viaje a España, en febrero pasado, donde respetó el protocolo para la gala en el palacio de la familia Borbón y se adueñó del estilo monárquico (foto 3). Dentro de los aciertos en su look se destaca la sobriedad con la que vistió para su encuentro con el papa Benedicto XVI el último noviembre, toda de negro, lástima el exótico gorro que acompañó su vestuario en aquella ocasión, que parecía la pantalla de un velador (foto 2).

La primavera y el comienzo del verano fueron una tentación para volcarse a las texturas brillosas y los estampados extravagantes y terminar el año con el sello que la caracteriza: la estridencia (foto 6). Es probable que continúe con ese estilo durante los primeros meses de este año, pero debería tener en cuenta que ese look es enemigo de la elegancia, una condición a la que toda dama debería aspirar. A esta altura, debería saber cuáles son las prendas que más la favorecen y, sin embargo, transitó 2009 como si se tratara de una novata en temas de ajuar a quien sólo le interesa mostrarse siempre jovial y a la moda.

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