5 de octubre 2009 - 01:16

El avión del dolor y de la ira contenida

Postales de una histórica visita de los familiares de caídos en las islas Malvinas este sábado. En su mayor parte, eran familiares de víctimas del hundimiento del crucero General Belgrano.
Postales de una histórica visita de los familiares de caídos en las islas Malvinas este sábado. En su mayor parte, eran familiares de víctimas del hundimiento del crucero General Belgrano.
Darwin, islas Malvinas (enviado especial) - Salió tal como fue planeado por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur: el primer contingente de 170 personas tuvo la posibilidad de visitar las tumbas de sus seres queridos y participar en la inauguración del cenotafio en esta localidad. Llegaron en un vuelo de LAN que aterrizó en Mount Pleasant, la base militar británica, poco después de las 9 de la mañana. Los había despedido Cristina de Kirchner previamente en Río Gallegos, saludando uno por uno a los familiares. Los trámites migratorios fueron acelerados de manera tal de que en 15 minutos todos estaban en el micro que los conduciría al cementerio argentino en Darwin. Hasta allí, debieron transitar 40 kilómetros en una ruta de ripio. Se pudo ver a la Policía británica en dos ocasiones al costado del camino.

El pedido de los familiares, incluido a la prensa, fue que se respetara lo acordado en las reuniones bilaterales, lo que contemplaba no romper la intimidad del acto en sí. Predominaban, entre los 170 participantes, los familiares de las víctimas del hundimiento del crucero General Belgrano, alrededor de 110 personas, las que en su mayoría, era la primera vez que podían visitar las islas Malvinas. Sucede que años atrás, las autoridades británicas no les concedían permiso para arribar a las islas, basados en que no habían perdido la vida en el territorio. Los tiempos cambiaron conductas. Ayer, el clima puede decirse que ayudó: había nevado a la madrugada, pero con el correr de los minutos, la temperatura se fue ubicando alrededor de los 5 grados y el viento azotaba a 35 kilómetros por hora. Personal británico ofrecía antes del ingreso de los familiares al cementerio un abrigo adicional, para aquellos que lo deseaban, bajo promesa de devolución a la salida.

El frío intenso no golpeaba tanto como el hecho de pensar cómo hicieron los soldados argentinos para poder combatir -no en octubre, sino entre abril y junio, cuando el clima es más crudo- y sin la vestimenta ni la nutrición adecuadas. Aumentaba el dolor y la pena de familiares el pensar en el sufrimiento por ese clima de sus seres queridos durante el combate. Los había provenientes de Palpalá, como Silverio Quispe, padre del cabo primero Ángel Quispe, quien era la tercera oportunidad que viajaba a las Malvinas. También provenientes de La Tablada, como Delmira Hasenclever. Su hijo, Julio Rubén Cao, docente, fue convocado al Ejército en 1982. Ante la sugerencia de no presentarse, les respondió: «Cómo voy después a dar clase ante los alumnos si eludí un compromiso con la Patria».

El tiempo transcurrió demasiado rápido esta mañana. A la inversa de hace 27 años, seguramente. Todos los familiares se acercaron a las 237 tumbas de las cuales 101 estaban identificadas y el resto contenía la leyenda «soldado argentino sólo conocido por Dios». A las 14, lentamente comenzó el regreso a Mount Pleasant. Dos horas después partió el avión rumbo a Río Gallegos con tanto dolor y emoción adentro como silencio e ira contenida por lo sucedido hace 27 años.

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