5 de septiembre 2014 - 00:00

El Brasil saudita, la promesa incumplida que le pesa a Dilma

Cuatro años atrás, Dilma Rousseff se presentaba como la presidenta del despegue económico definitivo de Brasil. Pero su Gobierno ha sido uno de bajo crecimiento, sobre todo en el sector mimado de la mandataria: el petrolero.
Cuatro años atrás, Dilma Rousseff se presentaba como la presidenta del despegue económico definitivo de Brasil. Pero su Gobierno ha sido uno de bajo crecimiento, sobre todo en el sector mimado de la mandataria: el petrolero.
Río de Janeiro - La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, colocó las políticas petroleras de su Gobierno en el centro de su campaña por la reelección. El mensaje: su gestión está convirtiendo la bonanza petrolera en mar abierto en escuelas, hospitales y empleos, llevando a Brasil a las filas de los países desarrollados.

Pero hay un problema. Puede que la industria petrolera brasileña sea grande y esté creciendo, pero poco de lo que Rousseff prometió cuando fue elegida en 2010 -o antes, cuando era ministra de Energía o presidenta del gigante energético estatal Petrobras- se cumplió.

En su lugar, los expertos de la industria y los rivales electorales dicen que sus políticas llevaron a un estancamiento de la producción petrolera, incrementando la dependencia de las importaciones y reduciendo la confianza de los inversionistas a pesar del gran potencial de Brasil.

"Cuando Dilma habla de petróleo habla de éxito, de destino patriótico, pero no cumplió, dijo John Foreman, exdirector de ANP, el regulador de la industria petrolera brasileña.

El nacionalismo petrolero tiene raíces profundas en Brasil y Petrobras es una fuente de orgullo, de la cual la campaña de Rousseff buscó beneficiarse, centrándose en el potencial del país como un gigante del crudo.

Pero aprovechar este potencial demostró ser difícil. A pesar de los más de 200.000 millones de dólares en inversiones desde 2009, la producción de Petrobras, responsable de cerca del 80% del crudo que bombea el país, cayó en los dos últimos años y se mantuvo estancada en los anteriores tres.

Rousseff, que se enfrenta a una dura batalla por la reelección mientras el crecimiento económico se ralentizó hasta detenerse, destaca correctamente que muchas de las grandes compañías petroleras, incluidas Exxon Mobil Corp. y Royal Dutch Shell Plc, también fueron incapaces de aumentar la producción en los últimos años.

El plan quinquenal del 2009 de Petrobras, elaborado mientras ella dirigía la compañía y se preparaba para la campaña que la llevó a la presidencia, prometió una producción media de 3,9 millones de barriles de crudo y el equivalente en gas natural (boepd) para 2014.

La producción real este año fue de 2,6 millones de barriles por día (bpd), un tercio por debajo del objetivo y sólo un poco por encima de los niveles del 2009. Los 1,3 millones faltantes se traducen en una gran pérdida para el Tesoro de Brasil sólo en regalías de Petrobras.

Considerando una regalía base del 10% del valor de cada barril producido y un precio promedio para el crudo de Petrobras un 20% menor al referencial Brent, Brasil está perdiendo al menos 13 millones de dólares por día.

El mayor legado en el sector petrolero de Rousseff probablemente será su rol en reformar las leyes de Brasil para darle mayor control al Estado y más ingresos sobre los gigantescos depósitos aguas adentro conocidos como "subsal".

Su ley convierte a Brasil en socio de todas las áreas subsal que aún no se licitaron. Esto, dice ella, elevaría la participación del Estado en las ganancias a niveles muy por arriba de los que tenía bajo el viejo sistema.

No necesariamente, muestra un estudio de Paulo Cesar Ribeiro Lima, de la oficina de investigación independiente del Congreso brasileño. Según señala, la "parte del Gobierno" del gigantesco yacimiento Libra vendido en noviembre dará a Brasil un 70% de beneficios. Rousseff utilizó la mayor producción de subsal para desviar la atención del hecho de que la producción total cayó tanto en 2012 como en el 2013.

Brasil, que era un exportador neto de petróleo cuando se descubrió el subsal, está dependiendo otra vez de las importaciones, principalmente de gasolina y diesel. De hecho, en lugar de convertirse en un gran importador de crudo brasileño, EE.UU. es ahora uno de sus principales abastecedores de combustible.

Y, por culpa de la política de precios, cada barril que llega se vende a pérdida. Esto devastó las finanzas de Petrobras que en la actualidad es la más endeudada y menos rentable de las 14 mayores compañías petroleras del mundo.

Agencia Reuters

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