El hecho de que no creamos en las "anomalías" del mercado como mecanismo para obtener rendimientos anormales no significa que las soslayemos. En un par de ruedas estamos a punto de cambiar el trimestre (es curioso que no se esté entreviendo el tradicional "window dressing" del cambio de período contable, según surge del magro 0,03% que cedió el Promedio Industrial al cerrar ayer en 16.264,23 puntos, con una bajísima volatilidad intradiaria) y comienzan los que tradicionalmente se consideran los dos peores trimestres bursátiles para la gestión de cualquier presidente. Obviamente, ésta es una generalización y hay mil factores más importantes que pueden afectar los precios, pero en los últimos cien años el resultado del período de marras ha promediado el -1%, cuando el resultado para cualquier par de otros trimestres ha sido una suba del 3,5%. Un factor adicional que, según cierta tradición, apuntaría también a suponer que lo que viene no es muy halagüeño es la merma que tuvimos en enero. Pero como apuntamos más arriba, nada de esto asegura nada. Lo concreto es que podemos decir que marzo apunta a finalizar muy cerca de donde comenzó el año, lo que puede ser visto como una mala señal o, frente al cúmulo de "noticias" adversas, como la demostración de un mercado que está mucho más "fuerte" de lo que puede parecer a simple vista. Como siempre decimos, la decisión de cuál de las dos alternativas es la más cercana a la realidad le queda a usted, amigo lector.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario