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El caos en el equipo de Trump complica la transición en EE.UU.
Los medios lo adjudican a la desorganización y a la puja entre republicanos y el entorno del magnate por puestos clave.
Sin ese documento no hay acceso y sin acceso no hay transferencia. El 20 de enero, la fecha en que Trump asumirá como presidente, se acerca. Y a partir de ese día los diplomáticos no esperan escuchar un "siga así" en ninguna de las áreas, sino más bien una ruptura y tiempos difíciles en cuestiones como Irán o el cambio climático.
También son muchas las especulaciones sobre las personas a las que Trump colocará en su gabinete. Si bien el magnate republicano aseguró durante meses que quería secar el "pantano de Washington", entre los candidatos a entrar en su futuro Gobierno hay muchos sapos. Exbanqueros, exalcaldes, un jefe de partido, un exportavoz de la Cámara de Representantes, senadores, lobistas: puro establishment, gente con pasado político y experiencia. Hay una buena razón para eso: por lo que se sabe hasta ahora, el futuro "líder del mundo libre" necesitará de esa experiencia.
De acuerdo con el diario The Wall Street Journal, a Trump le sorprendió todo lo que supone la presidencia. Es sabido que no le gusta leer, no le interesan los detalles y delega siempre que puede. Pero ahora se encuentra ante actividades y aptitudes indisociables del puesto de presidente de los Estados Unidos.
Barack Obama le contó cuántas noches pasó estudiando actas y dosieres, lo inevitable que es hacerlo para un buen presidente. Lo que recae en la mesa del presidente no se puede delegar, afirmó Obama. Y el riesgo de fracasar tras tomar una decisión es del 40%, pero hay que tomarla.
Trump dio un par de entrevistas tras las elecciones pero por ahora no se arriesgó a conceder una conferencia de prensa. Eso es algo inusual en un presidente electo, que normalmente sólo deja pasar unos días antes de presentarse ante los medios. ¿Pero qué es normal estos días?
Al parecer el equipo de Trump también se torpedea a sí mismo. Según la prensa, se afilan los cuchillos para conseguir influencias y puestos. En el centro de ese equipo está la propia familia Trump, que tras las votaciones se dejó fotografiar en sus sillas doradas, como si fueran una dinastía.
El aparato de la campaña se desmorona en varios bandos. Después de que el coordinador de cuestiones de seguridad nacional, Mike Rogers, abandonase el equipo de Trump, los medios hablan de "purgas estalinistas".
| Agencia DPA y Ámbito Financiero |

