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El caso de un hotelero que compartió morgue con Ángeles Rawson
Ángeles Rawson
Uno pertenecía a Ángeles Rawson, la chica de 16 años que había desaparecido en Palermo y fue encontrada asesinada entre la basura del CEAMSE de José León Suárez. El otro era de Gustavo Federico Gattoni, un hotelero que apareció asesinado en Bella Vista.
El caso Ángeles estalló en los medios y se convirtió en el hecho policial más mediático de la última década. Un caso tapó al otro y nunca se supo qué le había pasado a Gattoni. Hasta ahora, dos hombres terminaron condenados a prisión perpetua por su secuestro y asesinato.
Gattoni tenía 42 años y estaba a cargo de un hotel en el barrio porteño de Boedo. Había decidido incursionar en nuevos negocios y así conoció a Sebastián Bruno y a Hernán Pablo Kipke.
Tenía un contacto en el PAMI y el plan era elaborar bandejas de comida para gente de la tercera edad. El miércoles 5 de junio de 2013, Gattoni se fue a reunir con Bruno en su casa, en el barrio de Mataderos, donde terminaría asesinado.
Todo indicaba que en breve iniciarían la producción de las viandas. Bruno ya había hecho una inversión comprando maquinaria, pero Gattoni se echó para atrás. Le comunicó que se retiraba del negocio. Se dio una discusión y terminó de la peor manera.
Bruno y Kipke increparon al hotelero y lo secuestraron en la casa de Mataderos. Esa misma noche, Gattoni llamó a su mujer y le dijo que por su casa de Villa Madero iba a pasar un "cadete" a retirar los 2.000 dólares que él tenía escondidos en su mesa de luz. Ésa fue la última vez que el hotelero habló con su esposa.
Los secuestradores le sacaron a Gattoni todas sus tarjetas. Y con la de débito, fueron tres días seguidos a cajeros automáticos y retiraron 6.600 pesos.
El secuestro terminó muy mal. Hubo una pelea y a Gattoni lo mataron a golpes en la cabeza con un martillo para aplastar milanesas. La autopsia determinó que padeció una" hemorragia intercerebelosa". Los asesinos dejaron el cadáver en un baldío de Bella Vista.
Como si faltaran coincidencias con el caso Ángeles, los detectives de la División Antisecuestros de la PFA que trabajaron el crimen de Gattoni, lo esclarecieron de una forma similar.
Bruno y Kipke fueron a declarar como testigos porque eran dos de las últimas personas con las que la víctima se había contactado. Al igual que el portero Jorge Mangeri, Kipke se autoincriminó. Confesó ante los policías. Él era el hombre filmado en los cajeros con la tarjeta de débito de Gattoni.
Los dos quedaron presos. El "luminol" reveló que la casa de Bruno fue la escena del crimen y el GPS de su camioneta tenía registrado en la memoria el sitio de Bella Vista donde habían abandonado el cuerpo.
El Tribunal Oral Criminal 18 condenó a los dos acusados por "privación ilegal de la libertad seguida de muerte". El fiscal Guillermo Morosi logró una prisión perpetua, igual a la que recibió Mangeri. Otra coincidencia más.


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