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El cine criollo otra vez en la senda del thriller judicial
Diego Paszkowski (izq.) y Hernán Goldfrid, autor y director del film que protagoniza Ricardo Darín y que se verá desde esta semana.
Periodista: Paszkowski, ¿qué clase de loco es el posible homicida de su novela?
Diego Paszkowski: No sé, Paul es un loco no justificado por ningún trauma familiar. Joven abogado francés, muy listo, desdeñoso, obsesionado con Juliete Lewis, y con la manía de contar cuántos pasos o peldaños lo llevan de un lugar a otro. Para escribir la novela me pagué el viaje a Paris y conté los pasos de todos los lugares que menciono. Ahora se publica en Francia y la editorial me paga el viaje.
Hernán Goldfrid: Con Patricio Vega lo rebautizamos Gonzalo, madrileño de similares características. Pero su antagonista sigue siendo el doctor Bermúdez. El joven académico brillante que hace un desafío riesgoso, y el profe con calle, alto poder de seducción, y manejo del auditorio, hasta que pierde el eje. Y ocultamos varias cosas que están en el libro, sobre todo de Gonzalo (ex Paul). En cine decir menos permite darle al espectador el lugar de investigador, el placer de ir sospechando la verdad por su cuenta, e identificarse con uno o con otro.
D.P.: Yo me identifico más con el doctor Bermúdez, mis alumnos de talleres literarios con Paul, y dicen que quise ser Paul pero me quedé en Bermúdez. Que en la novela tiene un programa televisivo estilo Moreno Ocampo. Algunas de sus frases cancheras son mías.
H.G.: En la película reemplazamos las presentaciones en TV por la presentación de un libro.
D. P.: Ahí hago un cameo, le pido a Darín que me firme el libro. Y mi familia pasa por detrás de los protagonistas en otra escena. Es asombroso sentir que los personajes de una novela mía se corporizan, y que uno está entre ellos. Uno escribe solo, rodeado de sus fantasmas, capítulos enteros escribí en la biblioteca de la Facultad de Derecho. Pero en cine estás rodeado de gente creativa, es una creación de conjunto, ¡y tus personajes tienen carne!
P.: ¿Cómo decidieron llevarla al cine?
H.G.: Vega, coguionista de «Música en espera», me acercó la novela. Y sentimos que ahí había una película.
D.P.: «Si ustedes la ven», les dije. Yo estaba reticente, porque había tenido charlas con gente importante que quería llevar al cine mi segunda novela, «El otro Gómez», y no pasó nada. Pero con esta película quedé muy contento, en la editorial me quieren más, el libro se reeditó, y también hubo otra cosa linda: me dijeron que al aula 119 de la Facultad de Derecho, donde ambiento parte de la novela, muchos la llaman «aula Paszkowski». No sé si será cierto.
P.: ¿Intervino en la adaptación o en el guión?
D.P.: Me hubiera gustado. Pero no me lo pidieron, ni tuve injerencia alguna. La novela es del novelista, el guión es del guionista, la película del director. Me convencieron.
H.G.: Obviamente son lenguajes diferentes. Pero la trama y los personajes nos entusiasmaban mucho. Después fue un placer acercarle el guión a Darin y ver que se entusiasmaba. Siempre sentí que Bermúdez era Darin, él iba a saber cómo potenciarlo, llenarlo de detalles. Otro placer, que Alberto Ammann, actor argentino iniciado en España, volviera a su tierra dándole vida a semejante personaje que le toca. De Calu Rivero, aunque probé varias actrices, sentí que tenía la energía, el torbellino, de su personaje, criatura lúdica que se ve aplastada por un acontecimiento horroroso. Ella iba a saber hacerlo muy bien, y lo hizo. Y Arturo Puig, dando la idea del tipo siempre ubicado, en actitud de seguridad, de figura más fogueada en las cosas de Tribunales.
P.: Se dio el gusto con el elenco.
H.G.: Mara Bestelli, Fabián Arenillas, Antonio Ugo, José Luis Mazza como el médico forense, todos muy bien. Fue muy lindo dirigirlos, y sentirnos integrados a una tradición de cine y literatura policial argentinos. Creo que, desde la construcción del guión en adelante, cuidamos todos los detalles. No dejamos nada librado al azar, lo que en este caso es una ironía, ya que el tema que ronda en el libro y la novela es el azar, y lo azaroso de la justicia.
P.: ¿Ya la mostraron a algunos profesionales de Derecho?
H.G.: A varios les pasamos el guión, o les mostramos la película, y siempre hubo algo curioso: nosotros buscábamos la Verdad y la Justicia, y ellos hablaban de métodos procesales.
Entrevista de Paraná Sendrós


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