17 de diciembre 2014 - 00:00

El Colón cierra temporada con un clásico navideño

El Cascanueces debutó anoche y continuará representándose hasta el 28, como cierre de la temporada  2014 del Teatro Colón.
"El Cascanueces" debutó anoche y continuará representándose hasta el 28, como cierre de la temporada 2014 del Teatro Colón.
 "El cascanueces", ballet navideño por antonomasia, se presenta desde anoche en el Teatro Colón, en nueve funciones que marcan el final de la temporada. Con coreografía de Lidia Segni sobre el original de Petipa-Ivanov, la pieza tiene ocho protagonistas: Clara fue encarnada por Carla Vincelli anoche y lo será nuevamente el 19, por Luana Brunetti esta noche y el 20, por Karina Olmedo el 18, 21 y 27 y por Macarena Giménez el 23 y 28, en tanto que el Príncipe tendrá como intérpretes a Juan Pablo Ledo (ayer, hoy, mañana, el 19 y 21), Federico Fernández (28), Gerardo Wyss (20 y 27) y Maximilano Iglesias (23). El elenco se completa con Matías Santos, Dalmiro Astesiano, Igor Vallone, Paula Cassano, Larisa Hominal y Williams Malpezzi, entre otros.

Emmanuel Siffert dirigirá la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en la partitura de Chaikovsky, y Gino Bogani tendrá a su cargo el vestuario, complementando el diseño escenográfico de Sergio Massa.

Dialogamos con dos de las parejas protagónicas que bailan a partir de esta noche:

Periodista: ¿Qué significado particular tiene para cada uno esta obra?

Macarena Giménez:
Disfruto la parte artística y los rituales navideños.

Luana Brunetti: Me entusiasma volver a la fantasía de la niñez, además de que es un cuento navideño. Clara es una niña y eso lleva a volver al mundo de la infancia, soñar que el muñeco se transforma en un príncipe, y eso es algo que pasa en pocos ballets.

Maximiliano Iglesias: Cuando uno empieza a bailar lo primero que quiere hacer es un príncipe, y es muy bueno poder hacerlo.

Gerardo Wyss: Nuestro personaje no tiene mucho a nivel interpretación, y sobre todo en esta versión. Intento inspirarme en la música para generar un personaje.

P.: ¿Tienen referentes en versiones o intérpretes?

M.G.
: La versión que más me gusta es la del Royal Ballet de Londres, en estilo, y Marianela Núñez, que es una influencia en general.

M.I.: Raúl Candal es un referente, cuando uno piensa en un príncipe es él. Me gustan varias versiones, pero en cuanto a bailarines es él.

G.W.: La versión de Nureyev que hicimos hace un par de años en el Ballet Estable nos marcó a todos los que pudimos hacerla. Leonid Sarafanov y Sergei Polunin son bailarines de los que uno siempre busca videos para ver cosas que se puedan incorporar.

L.B.: He visto desde chica la versión de Balanchine del New York City Ballet, es muy fantasiosa y la tengo muy presente. Me encantan otras versiones, pero esa me marcó. Y al igual que a Gerardo, también me marcó la de Nureyev, que fue una de las primeras cosas que bailé en esta compañía.

P.: ¿Qué distingue a esta versión?

M.G.:
Los cambios se dan en general en cómo ella vive su historia con el cascanueces, y en el final se deja entrever que Drosselmeyer realmente la llevó a un país mágico, y en esta es más un sueño.

L.B.: Deja entrever el crecimiento de esa niña, que empieza a fantasear con el amor y el acercamiento a un hombre.

M.G.: Todas las versiones son muy distintas, y eso es muy bueno porque uno puede encarar el personaje de distintas maneras.

P.: En un plano más general, y como representantes de una nueva generación de bailarines, ¿qué visión tienen de esta nueva sangre y qué sienten que pueden aportar a la danza?

M.G.
: Todos tenemos muchas ganas de darle buen nivel a la compañía, y necesitamos de personas que nos ayuden, maestros preparadores. No es fácil estar adelante y es bueno que nos contengan y nos ayuden a mostrar cada uno su personalidad

L.B.: Todos tenemos cosas diferentes. Teniendo en cuenta el momento en el ballet a nivel mundial, en el que ha pasado a ser algo más gimnástico, trato de que lo técnico acompañe lo artístico. Cuando el espectador viene a ver un ballet completo necesita irse a su casa llevándose algo que no sean sólo lindos bailarines, para eso puede ir a ver un concurso. A eso aspiro y para eso trabajo. Hoy en día hay una exigencia técnica mucho mayor, pero no se debe perder, o debe tratar de conservarse, el espíritu de cada ballet.

G.W.: Aunque no soy de la misma generación que ellos, comparto mucho estas ideas. En mi caso personal siempre intento contar una historia, más allá de lo técnico. Que el público entienda lo que vio aún sin haber leído el argumento y aunque no sea tan seguidor del ballet.

P.: ¿De qué manera trabaja cada uno fuera de su tiempo en la compañía para enriquecerse como artistas y dar ese toque diferente a una interpretación?

L.B.:
Leo bastante, y a veces me sorprende cómo algunas cosas que leo se relacionan con lo que estoy haciendo, más allá de que uno lea sobre el ballet que está interpretando.

G.W.: Internet nos da acceso a muchas cosas. Trato de ver videos de todo tipo de versiones de lo que voy a bailar, leer sobre los compositores y los coreógrafos, su contexto, todo lo que me pueda brindar más matices para la interpretación.

M.I.: La vida misma lo va enriqueciendo a uno. Además de interpretar a un personaje, cuando uno está en el escenario está expuesto a lo que es y lo que vivió, o lo que leyó. Todo enriquece, y cuando uno baila es lo que es, y eso no se puede esconder.

Entrevista de Margarita Pollini

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