El Congreso español dio la espalda a un Gobierno liderado por socialistas

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Madrid - El líder socialista Pedro Sánchez recibió ayer un "no" muy mayoritario a su investidura como jefe de Gobierno español y duras críticas, especialmente de la izquierda liderada por Podemos, confirmando que no tendrá chances tampoco en la votación del viernes, lo que sumerge al país en una nebulosa institucional.

Tras nueve horas de debate, la votación dio el resultado esperado: 219 votos en contra, 130 a favor y una abstención para Sánchez, exprofesor de Economía de 44 años.

El secretario general de Partido Socialista Obrero Español (PSOE) además de sus diputados sólo logró el apoyo de los 40 legisladores del liberal Ciudadanos y la abstención de la representante del partido regionalista Coalición Canaria, muy lejos de la mayoría absoluta exigida en primera votación.

El viernes se volverá a votar y pese a que entonces necesitará mayoría simple (más síes que noes), tampoco logrará ser investido por el veto del Partido Popular (PP) del jefe de Ejecutivo saliente, Mariano Rajoy, y de Podemos, de Pablo Iglesias, que rechazan abstenerse.

La posibilidad de que España tenga que repetir elecciones en junio, medio año después de las de diciembre, cobra cada vez más fuerza.

"Mi grupo cumplirá con su deber votando en contra de lo que únicamente se puede calificar como una amenaza para los intereses de los españoles", dijo Rajoy, el primero en subir ayer a la tribuna de oradores después de que Sánchez presentara la víspera su programa de Gobierno, pactado con Ciudadanos, la fuerza liderada por Albert Rivera. "España no necesita un Gobierno que abandere la incertidumbre ahora que la economía está en marcha y el empleo crece", manifestó.

Pero los ataques más duros le llegaron a Sánchez desde el flanco izquierdo.

Iglesias, un politólogo de 37 años que subió a la tribuna sin corbata y con su habitual cola de caballo, le reprochó su "capitulación" ante las políticas liberales de Ciudadanos.

"Reivindique la política como el arte de cambiar las cosas y no como el arte de pactar para que todo siga igual", le fustigó. Y lo acusó de preparar "cócteles de distintos sabores" en referencia a las diferentes propuestas del socialista a partidos de izquierda y derecha en su esfuerzo infructífero por sumar apoyos.

"Negocie con nosotros, deje de obedecer a los oligarcas", lanzó Iglesias a Sánchez ayer.

Refutando sus ataques, Sánchez defendió el carácter "social" del programa presentado ante el Congreso el martes, cuando detalló medidas como las ayudas de urgencia a los más desfavorecidos en lugar de las concesiones al centroderecha, por ejemplo, mantener el abaratamiento del despido.

"No podemos entender cómo se nos intenta vender que es posible una agenda social de izquierdas con un programa político-económico de derechas", exclamó el líder de la coalición ecologista-comunista Izquierda Unida, Alberto Garzón.

España sigue así en la situación de bloqueo político en la que la dejaron las elecciones generales del 20 de diciembre, que arrojaron el Congreso de los Diputados más fragmentado en 40 años.

Pero al menos hubo un avance: el reloj comenzó a correr. La votación de ayer marcó el inicio del plazo constitucional de dos meses para lograr la investidura de un jefe del Ejecutivo. Si no lo hay el 2 de mayo, se celebrarán comicios el 26 de junio.

Ese horizonte está en la mente de todos los partidos, cuyos líderes parecieron ayer por momentos estar más en campaña electoral que en un debate de investidura.

Sánchez reivindicó la aventura de haberse lanzado a una investidura sin los apoyos suficientes después de que declinara intentarlo Rajoy por lo mismo. El socialista es el primero en aspirar a la proclamación como jefe del Gobierno sin haber ganado las elecciones y también será el primero en salir derrotado de la sesión.

Agencias DPA y AFP

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