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El Congreso, otra vez con freno de mano: esta vez por las urnas
Enemigos íntimos en el Senado: el jefe del bloque kirchnerista, Miguel Ángel Pichetto, y el vicepresidente, Julio Cobos.
La realidad indica hoy que las mayorías estarán cruzadas entre el Senado y Diputados. Es decir, la oposición continuará reteniendo, por lo menos hasta diciembre de 2011, una mayoría cómoda en la Cámara baja, pero eso no le garantiza, como se comprobó este año contra todos los pronósticos en contrario, que pueda hacer aprobar sus proyectos.
En el Senado, por el contrario, el kirchnerismo logró hacia fin de año recuperar una mayoría que la oposición creyó haber ganado y con eso la posibilidad de bloquear cualquier intento de sancionar leyes en contra de los deseos de Cristina de Kirchner.
Estrategia
La oposición había comenzado 2010 sosteniendo en el Senado, de la mano del radical jujeño Gerardo Morales, el mendocino Ernesto Sanz y peronistas federales como Adolfo Rodríguez Saá y el pampeano Carlos Verna, lo que se conoce como «la estrategia de los 37 votos». Es decir, ceder ante lo que fuera en la interna opositora con tal de mantener el quórum propio para manejar esa cámara. Dicha estrategia le sirvió en el inicio del año para imponerle al Gobierno el reparto de las jefaturas de las comisiones, así como mayoría en esos cuerpos como para dictaminar los proyectos que impulsaría la oposición. Pero el éxito no pasó de allí.
En Diputados, mientras tanto, la mayoría alcanzó para hacerse también del control del recinto y las comisiones, aunque no las clave, como Presupuesto y Hacienda.
El año comenzó y con eso los proyectos que había prometido la oposición en la campaña electoral: reforma del INDEC, del Consejo de la Magistratura, del régimen de los decretos de necesidad y urgencia (para restringirle su uso a la Presidente), y otros como la suba del mínimo no imponible en el Impuesto a las Ganancias, más allá de la que había dispuesto el Gobierno por decreto.
Las desinteligencias dentro de la oposición entre las dos cámaras (que hicieron no sólo que esos proyectos se cruzaran, sino también con dictámenes distintos que demoraron la sanción, como en el caso del INDEC, aún pendiente) le quitaron toda efectividad a esa estrategia.
Tuvo sí un efecto demoledor para el kirchnerismo: el Gobierno no sólo debió resignarse a no poder sancionar proyectos propios, sino que fue arrastrado en la única ley propia que la oposición pudo sancionar a pagar el costo político de un veto presidencial a la aplicación del 82% móvil en las jubilaciones.
Hacia fin de año, además, los recelos y dudas en la oposición terminaron por dividir lo que se conocía como el «bloque A», integrado por el PRO, la UCR, la Coalición Cívica, el Peronismo Federal, Proyecto Sur y el socialismo. Ese proceso quedó expuesto el día de la sanción frustrada del Presupuesto 2011, con la denuncia de Elisa Carrió sobre negociaciones entre el radicalismo y el kirchnerismo por el quórum.
La crisis, para colmo, se dio cuando el kirchnerismo no tenía los votos, ni el quórum, para sancionar esa ley en Diputados. Para colmo, la denuncia corrió por los pasillos en el peor momento: cuando los diputados radicales se dividían entre los que aceptaban la idea de prestar el número para no darle a Cristina de Kirchner la oportunidad de victimizarse frente a un Congreso que le negaba la principal herramienta de gobierno y los que rechazaban esa opción.
La división del radicalismo por el juego de su interna entre Julio Cobos y Ricardo Alfonsín, a la que luego se sumó Ernesto Sanz como posible candidato presidencial, terminó de empastar el camino.
La muerte de Néstor Kirchner cambió el eje de las pujas dentro del Congreso. El luto allí duró poco. Tras la noticia y el lógico duelo, comenzaron las advertencias opositoras al Gobierno. «No habrá un cheque en blanco», dijeron desde todos los bloques.
Así, el apoyo de todos los partidos a la Presidente fue con condiciones. Se entusiasmaron pensando que Cristina de Kirchner esta vez no cerraría el Congreso durante el verano, prorrogando las sesiones ordinarias para debatir toda la agenda pendiente, como el Presupuesto y todos los proyectos que la oposición tiene en espera. Fue un error que les costó caro. Ninguno de esos proyectos le interesaban al Gobierno y, por lo tanto, la expectativa opositora parecía demasiado optimista. ¿Por qué Cristina de Kirchner iba a darle tiempo a la oposición para la sancionar la reforma del INDEC, del Consejo de la Magistratura, de los DNU o del Impuesto a las Ganancias?
Esa interpretación de la oposición sobre la debilidad política que supuso para la mandataria la muerte de su marido y el espacio que eso podría abrir chocó inmediatamente con las primeras decisiones del Gobierno sobre el Presupuesto Nacional 2011.
La oposición elaboró dos dictámenes, con la curiosidad de que uno de ellos (el firmado por la Coalición Cívica, el macrismo, el Peronismo Federal y el socialismo) incluía un proyecto de Presupuesto completo, algo que hacía años la oposición no hacía.
El Gobierno insistió: «No se toca una letra», dijo la Presidente desde Corea del Sur. Tras largas escaramuzas en comisión y el recinto, el Presupuesto se cayó y el Gobierno festejó por doble partida: podría desde ese momento victimizarse por ser la primera administración en años a la que la oposición le niega la Ley de Presupuesto y, al mismo tiempo, quedaba con las manos libres para manejar por decreto el gasto y la recaudación excedente, reconduciendo el Presupuesto 2010.
Los funerales de Néstor Kirchner fueron, también, una muestra de lo que vendría en el Congreso hasta fin de año y lo que espera para 2011, hacia adentro y afuera de la oposición. Cristina de Kirchner aceptó que se le acercara para el abrazo sólo un opositor: Alfonsín. El resto de la delegación radical, con Sanz y Morales a la cabeza, quedó a metros de ella, esperando sin ser recibida. Lo mismo le pasó al Peronismo Federal, al PRO, a los socialistas y a la izquierda de todos los colores.
La vuelta a la actividad en el Congreso comenzó a mostrar la continuidad de esas imágenes. Sin Presupuesto y con la Cámara de Diputados cerrada, el kirchnerismo pasó a la acción en el Senado. El fin de año fue lapidario para la oposición: el bloque K logró recuperar, como se dijo, el control de esa cámara y, casi inexplicablemente, se impuso en el rechazo a las reformas a la Magistratura y al régimen para regular el uso de los decretos de necesidad y urgencia, además de mandar al freezer el proyecto de eliminación de los superpoderes. Todo sucedió mientras los radicales insistían en debatir esos proyectos (en una actitud políticamente suicida) y el kirchnerismo se resistía a tratarlos. En realidad, las lecturas sobre la sesión de ese día, la última de noviembre en el Senado, son variadas y aportan algunas ideas sobre lo que puede suceder en el nuevo Congreso que comenzará el 1 de marzo.
Como explicó Ámbito Financiero y luego reconocieron algunos integrantes de la bancada de la UCR del Senado, el radicalismo actuó en esa sesión como si realmente pensara ganar las elecciones de 2011. Fue derrotado por el kirchnerismo en la votación de la reforma del Consejo de la Magistratura, en el convencimiento de que la conformación actual, con los nuevos miembros ingresados por magistrados y profesionales, le convenía en número; en la eliminación de los superpoderes (proyecto que volvió a comisión), y en la estratégica reforma al régimen de decretos de necesidad y urgencia que limita los poderes presidenciales; también en este caso pensando que en un futuro Gobierno podrían serle útiles.
Sólo eso explica que, a pesar de saber que perderían las votaciones, los radicales y el Peronismo Federal hayan insistido en someter los proyectos a debate, cuando el kirchnerismo en la previa reunión de Labor Parlamentaria pedía armar una sesión sin temas conflictivos.
Así terminó formalmente el año legislativo y el ejemplo sirve de análisis final: el kirchnerismo, como se dijo, no tuvo a su disposición el Congreso ya que no pudo imponer agenda, ni siquiera para aprobar el Presupuesto 2011. Pero la oposición tuvo una magra cosecha, casi nula.
Pero no todo fueron peleas. De hecho, hacia el final del año, oficialismo y oposición tuvieron un acercamiento después de la batalla que terminó con el pase a archivo del Presupuesto. Los senadores del kirchnerismo y la UCR llegaron a un acuerdo para aprobar en la Cámara alta los pliegos de ascensos militares y diplomáticos propuestos por el Poder Ejecutivo. No fue casual que tras dos semanas de guerra apareciera ese consenso.
La UCR, que tiene intereses en la lista de ascensos propuestos por la Cancillería y consensuados, prometió garantizar el quórum y recién entonces Cristina de Kirchner tomó la decisión final de convocar a sesiones extraordinarias.
Está claro que no todas las disidencias sobre esos temas estaban eliminadas, pero por lo menos sí las suficientes como para permitir una última sesión en 2010 que habilitara a la Presidente a presidir la ceremonia de ascensos militares y renovar el impuesto adicional de emergencia sobre los cigarrillos.


